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Mercachifle[1]

(Región Patagonia, Argentina, 1900-2019)

Santiago Conti[2]

Definición

El mercachifle es un mercader ambulante e intermediario que recorre las grandes distancias patagónicas visitando familias rurales y comerciando con ellas. Su territorialidad lo ha llevado a transformarse en un actor central principalmente para la ruralidad dispersa, como actor económico, pero también como comunicador social, así como asistente de familias en ocasiones de necesidad o urgencia, al ser un sujeto que recorría zonas que otro actor no transitaba.

Historia

En la Patagonia, el mercachifle es un personaje histórico y cabe atender que su rol y peso específico en el comercio ha ido modificándose a la par de diversas transformaciones en las dinámicas socioeconómicas en los espacios rurales de la región. En términos generales, el mercachifle se constituyó hacia inicios del siglo XX, hasta entrada la década de 1980, en un actor que dominaba la comercialización de la pequeña y, a veces, de la mediana escala de producción de la región.

En sus inicios, mediante el recorrido de zonas rurales dispersas, el mercachifle visitaba en carros con tracción animal los campos de familias campesinas, llevándoles productos que adquiría en comodato en barracas o centros de acopio localizados en ciudades cabeceras. Entre ellas se destacaban Bariloche, Bahía Blanca, General Roca, San Antonio Oeste, Puerto Madryn, Trelew, Comodoro Rivadavia, e incluso hasta aproximadamente 1930 con vinculación con Cochamó, Puerto Montt o Punta Arenas en Chile (Pérez, 2012).

Movilizarse y comerciar a través de grandes distancias y por períodos extensos era una característica de este actor de la Patagonia, tarea que requería de conocimientos geográfico-espaciales y mercantiles, así como asumir riesgos, ya que el transitar con mercaderías hacían del mercachifle un objeto atractivo para robos. Incluso, entre 1905 y 1910, se han denunciado matanzas en serie de estos comerciantes ambulantes rurales (Diario Río Negro, 2001). Sus paradas eran tanto a campo abierto, como en las casas de las familias que visitaba para comerciar. Sus estadías en campos de familias rurales en ocasiones ocupaban varios días. Así además de descansar por el viaje, se generaban encuentros sociales y negociaciones, que incluían compartir comidas con las familias, que celebraban la visita. Sin embargo, una particularidad es que la negociación era una tarea de hombres, donde el hombre de la familia era quien se ocupaba de tratar los negocios con el mercachifle. Entre hombres, y a veces con la provisión de bebidas alcohólicas corriendo por cuenta del mercachifle, se realizaban los negocios.

Hacia mediados de 1970 y con mayor intensidad desde 1984, se registra un proceso de cambio motorizado por el surgimiento del movimiento cooperativo en la provincia de Río Negro. A partir del retorno democrático, y como consecuencia de una emergencia ambiental provocada por intensas nevadas que significaron grandes pérdidas de animales y una crítica situación para la población rural, así como con el apoyo manifiesto del obispado provincial, se generó una movilización social que generó las condiciones para la discusión y debate por los derechos indígenas y la situación de postergación y pobreza de las poblaciones rurales de la estepa. Este proceso trajo como resultado la consolidación de formas cooperativas de trabajo basadas en la organización comunal y la comercialización asociada, vigentes hasta la actualidad. Si bien esta transformación tomó mayor relevancia en Río Negro, con otra temporalidad e intensidad irradió hacia el sur patagónico. Así, este movimiento implicó innovaciones organizativas, tecnológicas y sociales, que posicionaron a los/as pobladores/as rurales en un lugar diferente respecto al mercachifle. Además de organizar la producción y comercializar de forma conjunta, algunas cooperativas surgidas incorporaron en sus estatutos la incompatibilidad de ser socio/a y desempeñarse como mercachifle. La pérdida relativa de poder por parte del mercachifle en la comercialización fue significativa, rompiendo su dominancia, aunque no eliminando su rol que comenzó a declinar y a ocupar un lugar opcional y complementario en las estrategias campesinas de subsistencia.

Modalidades de intercambio

El mercachifle es un personaje polémico, ambivalente, ya que por un lado se encuentra asociado a un rol negativo, de estafador, ventajero en sus intercambios, logrando márgenes de ganancia elevados merced a las condiciones asimétricas de negociación por parte de pobladores/as rurales. Por otro lado, se trata a veces de una figura esperada por las familias rurales ya que producto de los intercambios cumple un rol esencial de facilitador de productos de primera necesidad. También recaen en este personaje otras funciones valoradas de forma positiva por pobladores rurales: en muchos casos, se establecían vínculos de amistad con mercachifles, llegando incluso a compadrazgos, así como ser padrino de hijos/as de pobladores (Radovic y Balazote, 1991). Luego, muchos mercachifles eran valorados positivamente por pobladores ya que siendo en su mayoría alfabetizados eran considerados merecedores de respeto por tratarse de personas “cultas”.

La forma en que se establecen los términos de intercambio comercial entre mercachifles y pobladores/as rurales es compleja y ha variado con el tiempo, entre los que se pueden destacar las modalidades de intercambio y las relaciones de equivalencia. El mercachifle establece con el poblador/a rurales transacciones comerciales que pueden ser tipo monetaria, no monetaria o mixta. En una misma transacción, el poblador/a rural ofrece los productos de su economía campesina y como contrapartida el mercachifle entrega mercancías, mientras que una proporción es usualmente cubierta por vía monetaria. La economía campesina ofrece al mercachifle productos tales como lana, pelo, animales en pie (corderos, chivos, capones), cueros, artesanías, forraje (históricamente denominados “frutos del país”), y mercachifle facilita el acceso a productos alimenticios procesados (harina, azúcar, aceite o grasa, yerba, fideos, bebidas, etc.), así como vestimenta y calzado, artefactos domésticos e insumos para el campo (herramientas y repuestos, alambres, postes, etc.). Ahora bien, otra forma frecuente de intercambio comercial establecida entre mercachifle y poblador rural es el crédito (venta de fiado), mediante el cual el primero adelanta mercancías necesarias para la subsistencia, contrayendo el segundo una deuda a saldar a futuro (luego de la zafra/cosecha) con parte de su producción. Además de comerciar con familias rurales, el mercachifle también visitaba y visita a trabajadores de estancias (peones y puesteros) así como a trabajadores de zonas petroleras. Aquí, los intercambios eran casi siempre monetarios, y el tipo de productos ofrecidos eran los llamados “vicios”, tales como cigarrillos, bebidas alcohólicas y otros bienes (no necesariamente de primera necesidad).

La posición del mercachifle le posibilitaba establecer los términos de los intercambios: las condiciones eran variables, sin equivalencias claras y poco anticipables por los/as pobladores/as (Conti, 2017). Los relatos orales y documentos sobre estos intercambios informan que, subestimando las cantidades y peso de los bienes entregados por las familias, alterando los valores de “mercado” de los productos, así como engañando respecto al “verdadero” valor de las mercancías adelantadas, los mercachifles sostenían y profundizaban las deudas de las familias campesinas. Se han reportado situaciones de mercachifles que a través de la profundización del endeudamiento generado han logrado hacerse propietarios de tierras de pobladores/as rurales. Cabe destacar que gran parte de las transacciones estaban mediadas por la palabra, o en caso de tratarse de algún registro escrito, no necesariamente respondían a lo acordado, ya que la ventaja con la que corría el mercachifle era que gran parte de sus clientes eran analfabetos. De aquí que más allá de los riesgos e incertidumbres a los que estaba sujeto el mercachifle, por caso alguna familia no tuviese como responder a sus deudas, o por algún conflicto o diferencia surgida sobre lo acordado, la asimetría se desplazaba negativamente hacia el lado del poblador/a rural. Interpretable como vínculo de protección y dependencia, el supuesto de expropiación que afectaba a las familias rurales se explicaba económicamente por el rol del mercachifle.

El estereotipo mercachifle

Una particular dimensión cultural caracteriza al mercachifle en la Patagonia. En el imaginario colectivo de la región el mercachifle es el “turco”, funcionando ambos términos como sinónimos. Esta caracterización contiene elementos inexactos y también un sesgo estigmatizante y moralmente peyorativo, que funciona como estereotipo fijando el rol a una determinada identidad. De un lado, desde la construcción de la figura del “extranjero”, si bien los denominados “turcos” se destacaron históricamente por su mayor capacidad comercial como mercachifles, también se identifican mercachifles de origen chileno o europeo (Chávez y Sourrouille, 2016). Al mismo tiempo, por procesos de asentamiento a lo largo del siglo XX existieron y existen en la actualidad mercachifles que son “paisanos”, es decir, gente del lugar, por lo cual su asociación al carácter de migrante “turco” corresponde a una figura histórica y también estereotipada. Por otro lado, cabe destacar lo inexacto ya que no se trataba de migrantes de Turquía, sino que eran mayormente de origen sirio-libanés. Al igual que en muchas regiones de Argentina y América Latina, la migración sirio-libanesa en contexto de la fase de decadencia del Imperio Otomano (1299-1923), tuvo un creciente flujo de ingreso desde fines del siglo XIX. Si bien tuvo ritmos diversos, esta migración fue más significativa en Argentina y en la Patagonia sobre todo años antes y años después de la Primera Guerra Mundial (Bérodot y Pozzo, 2012).

Por otro lado, las referencias comerciales y culturales sobre el mercachifle pueden hallarse en otras latitudes, es decir, no exclusivamente en la Patagonia, tanto de Argentina como en numerosos países de América Latina, así como en diversas localizaciones europeas o asiáticas, donde se establecen conexiones y sinónimos con términos como “tratante”, “buhonero”, “macaco”, entre otros (Iwasaki Cauti, 1987; Salinas Guttiérrez, 2018). Así, los atributos asignados estereotípicamente a esta figura han sido utilizados para caracterizar a distintas minorías sociales, generalmente a través de la construcción de “lo extranjero”, dedicadas al comercio. Un ejemplo de esto se identifica en variadas referencias hacia judíos, napolitanos, rusos, entre otros (Danielsón, 1879). Incluso, en la actualidad, se recurre al uso del término “mercachifle” como figura genérica para referir a un tipo de cualidad o conducta comercial abusiva, independientemente de su carácter rural o ambulante.

Tipología y genealogía

En la actualidad se encuentran pobladores/as que aún realizan intercambios con los mercachifles, pero en tanto la transformación del vínculo fue sustantivo, representa un canal alternativo. De este modo, la organización y el aprendizaje colectivo posibilitaron nuevas formas de establecer los intercambios, posibilitando márgenes de elección por parte de pobladores/as. Así, el rol y jerarquía del mercachifle fue cambiando, aunque continúa la práctica de visita a los campos o de viaje en falso (Madariaga, 2004), o también respondiendo a pedidos específicos, por encargo, porque en ocasiones, y aunque ofrezca mercancías más caras que en ciudades o pueblos, también representa una alternativa ante los grandes costos de movilizarse por la zona rural.

A partir de lo anterior se pueden identificar tres tipologías históricas sobre de este mercader ambulante rural construidas a partir de documentos y de registros orales:1) los “poderosos”, “los turcos” (hasta el surgimiento del cooperativismo) que son aquellos mercachifles que lograron acumular considerables ganancias, y que luego se establecieron en los pueblos cabecera montando desde “kioscos” a almacenes de ramos generales, comúnmente denominados “boliches”; 2) los que por su cuenta o trabajando para los “bolicheros” salían a vender, sobretodo luego del invierno y del período de esquila, para realizar ventas y/o trueque con familias que contaban con productos o frutos del país; 3) los mercachifles actuales, que ya no tienen dominancia en la comercialización y que incluso son vistos de forma positiva, debido a que hay numerosos bienes de consumo que no pueden sustituirse por vía de las cooperativas, y son los mercachifles quienes los acercan a los campos.

Reflexiones finales

Para comprender la relevancia y la persistencia de este sujeto en la sociedad rural de la estepa patagónica cabe reconocer diversos aspectos que favorecieron su posicionamiento en el comercio desde una perspectiva histórica, entre los cuales se pueden identificar:

  • las condiciones de aislamiento de gran parte de la población rural, principalmente en la zona de secano o de estepa, sea por el carácter disperso del patrón de hábitat que impuso el latifundismo y las posibilidades de encontrar tierra para asentarse por parte de la población, así como por el mal estado de los caminos, la escasa comunicación tecnológica disponible, la falta de transporte público sobretodo en caminos/rutas internas, la poca capitalización de la población devenida en estrategias de subsistencia y la poca disponibilidad de medios de transporte propios. La dimensión ambiental también ha influido en las condiciones de aislamiento, debido a las características extremas del clima de la región, particularmente durante los meses de invierno debido a intensas nevadas ocasionales.
  • la ausencia de tejido organizativo y asociativo en la producción agropecuaria de pequeña escala, lo cual ubicaba al mercachifle como principal canal de comercialización (este aspecto tuvo como punto de inflexión el desarrollo del cooperativismo agropecuario).
  • las barracas o comercios de acopio-mayoristas de la producción se localizaban en ciudades cabecera y no establecían relación de competencia con el mercachifle, transformándose éste en intermediador comercial entre la población rural y aquéllas.
  • los mercachifles, a diferencia de otros actores de vasta territorialidad que comunicaban y transportaban la producción, como los carreros y los troperos, eran propietarios de sus medios de transporte (inicialmente carros a tracción animal y luego con pequeños camiones).
  • la ausencia de política pública para la promoción y fortalecimiento del pequeño sector agropecuario.
  • la baja intensidad en términos de acceso a derechos cívicos y políticos y formas de ciudadanía restringida que se establecieron en la región, producto de la configuración de Territorios Nacionales (1884) de tardía provincialización (1955). Este aspecto incidió en el carácter periférico y subalterno de una población infantilizada, sin acceso al voto hasta después de 1955, destacándose en lo que refiere a la elección de sus gobernantes nacionales y provinciales (Ruffini, 2007).

Sin duda la figura del mercachifle refleja una discusión histórica y actual de la economía campesina patagónica y que refiere al problema de la intermediación. La inserción de la economía campesina, con base en la subsistencia de la unidad doméstica, en el mercado capitalista ha sido ampliamente analizada y discutida. Se trata de una inserción asimétrica y una transferencia de excedentes de la economía campesina soportada en el trabajo familiar a la economía capitalista. Al respecto cabe destacar en proyectos económicos alternativos que vinculan el campo y la ciudad, la producción y el consumo, que a nivel mundial indican que otra economía es posible.

La dimensión cultural desplegada en imaginario del “mercachifle” como figura peyorativa y como estigmatización del migrante y también como vendedor ambulante, nos enfrenta a problemáticas actuales respecto de la vulnerabilidad y discriminación del sujeto en movimiento, en tanto minoría, sea turco, árabe, judío, o incluso migrante latinoamericano, así el debate por los derechos humanos, representación cultural y las formas de inserción de la migración en la vida comunitaria en Argentina.

Otro desafío para la comprensión del mercachifle como “sujeto” refiere a la cuestión del movimiento como práctica social. Aquí la cuestión de la movilidad humana, la epistemología del movimiento y la territorialidad patagónica nos ofrece una complejidad de formas de organización social ligadas que no se caracterizan por la fijeza o permanencia espacial. Así como el carrero y tropero, o la práctica de pastoreo trashumante, o las comparsas de esquila (colectivo de esquiladores que recorren los campos en épocas de zafra lanera), es factible concebir que la movilidad y territorialidad del mercachifle se asocia con determinada configuración socioespacial y de geografía humana, que se establece como práctica y conocimiento local. Es la propia organización del espacio, la delimitación de tierras y estancias, la dinámica de los ciclos estacionales y productivos, lo que configura una forma de circular y recorrer el territorio, facilitando distintos procesos sociales.

Bibliografía

Bérodot, S. y Pozzo, M. I. (2012). Historia de la inmigración sirio-libanesa en Argentina desde la perspectiva compleja del métissage. Aportes para una educación intercultural. Revista IRICE, 24, 47-56.

Conti, S. (2017). Comunidades, Organizaciones Rurales y Desarrollo: experiencias recientes en Río Negro (Tesis doctoral). Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Chávez, M. R. y Sourrouille, M. (2016). Redes sociales y territorialidad bolichera de sirios y libaneses en el sudeste de Río Negro, Argentina (1900-1950). Anuario de Historia Regional y de las Fronteras, 21(1), 159-181.

Danielsón, N. (1879). Danielsón a Marx, 14.7.1879. En J. Aricó (Comp.) (1981),Karl Marx, Nikolai F. Danielsón, Friedrich Engels. Correspondencia (1868-1895) (pp. 129-147). México DF, Buenos Aires, Madrid y Bogotá: Siglo XXI Editores.

IwasakiCauti, F. (1987). Ambulantes y comercio colonial. Iniciativas mercantiles en el virreinato peruano.Anuario de Historia de América Latina, 24, 179 – 211.

Madariaga, M. (2004). El trueque en los sistemas agrarios campesino”. En M. Bendini y C. Alemany (Comps.), Crianceros y chacareros en la Patagonia (pp. 77-90). Buenos Aires, Argentina: La Colmena.

Pérez, L. (2012). Tels’en. Una historia de la meseta norte del Chubut. Patagonia 1890-1940. Comodoro Rivadavia, Argentina: Secretaria de Cultura Provincia del Chubut.

Radovich, J. C. y Balazote, A. O. (1990). Mercachifles y cooperativas: un análisis del intercambio. Runa, XIX, 135-146.

Ruffini, M. (2007). La consolidación inconclusa del Estado: los Territorios Nacionales,gobernaciones de provisionalidad permanente y ciudadanía política restringida (1884-1955).Revista SAAP3(1), 81-101.

Salinas Guttiérrez, F. (2018). Mercachifles, tendaleros y regatones. El comercio informal en Santiago de Chile (1756 – 1797)(Tesis de grado). Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile. Recuperado de t.ly/LL1l8

Una historia canibalesca de crímenes y saqueos en la Región Sur (28 de enero 2001). Diario Río Negro. Recuperado de t.ly/eN3JR


  1. Recibido: septiembre de 2019.
  2. Licenciado y Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Magíster en Psicología Comunitaria por la Universidad de Chile (UdeCHile). Diplomado en Desarrollo Local y Economía Social por Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Profesor de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN). Contacto: santiago.conti@gmail.com


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