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Unión Cañeros Independientes de Tucumán (UCIT)[1]

(Tucumán, Argentina, 1943-1945)

Julieta Anahí Bustelo[2]

Definición

La Unión Cañeros Independientes de Tucumán (UCIT) es una asociación que agrupa a productores de caña de azúcar de esa provincia. El término independiente refiere a que producen en tierras propias y venden su cosecha a los ingenios.

Origen o genealogía

Los cañeros tucumanos cuentan con una destacada tradición asociativa que se inició a finales del siglo XIX en el contexto de modernización de la agroindustria azucarera en Tucumán. El asociacionismo cañero fue la forma de defender sus intereses frente a los industriales azucareros y subsistir en el tiempo como sector productivo diferenciado. A través de sus asociaciones, los cañeros presentaron reclamos de intervención estatal que giraban en torno al establecimiento de mejores condiciones de venta de su materia prima. En este sentido, la formación de asociaciones estuvo signada por momentos críticos –como plagas o sobreproducción– que afectaban la venta de su materia prima y hacían peligrar la existencia del sector (Bravo, 2008).

La UCIT se constituyó a finales de 1945 por la fusión de tres asociaciones cañeras: el Centro Cañero, la Unión Agraria Provincial y los Cañeros Independientes. El proceso de formación de la nueva institución estuvo enmarcado por dos destacados factores, la crisis en los cañaverales y el clima asociacionista que se desplegó desde los orígenes del primer peronismo (Bustelo, 2012).

A finales de 1943, las plantaciones de caña se vieron afectadas por la plaga del carbón. Los cañeros, a través de sus asociaciones, reclamaron la ayuda estatal para enfrentar la crítica situación provocada por la plaga. El gobierno de facto del Gral. Ramírez determinó la destrucción de las plantaciones enfermas y el otorgamiento de créditos a los cañeros afectados para la renovación de sus plantaciones.En marzo del año siguiente estalló el conflicto intersectorial por el desacuerdo de los cañeros con los bajos precios que los industriales abonarían por la materia prima, debido a los bajos rendimientos (cantidad de azúcar contenido en la caña) que eran producto de la plaga. La amenaza de huelga cañera en rechazo de los precios establecidos, que hacía peligrar el inicio de la nueva zafra, llevó a la realización de una mediación en la Secretaría de Trabajo y Previsión encabezada por Juan D. Perón en septiembre de 1944. En esta nueva disputa intersectorial por la distribución de los ingresos azucareros, a diferencia de otras épocas, por primera vez estuvieron representados los obreros azucareros tucumanos. Por medio de la asistencia de la Secretaría de Trabajo y Previsión, los obreros azucareros se habían organizado más decididamente en sindicatos por ingenio, y en junio de 1944, conformado la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (FOTIA), lo que les permitía posicionarse con más fuerza en sus reclamos (Rubinstein, 2006).

Los cañeros asistieron a la mediación representados por sus tres divisiones asociativas, en contraposición con los otros dos sectores azucareros que lo hacían en forma unificada: el industrial a través del Centro Azucarero Regional de Tucumán (CART) y el obrero a través de la FOTIA. Las distintas asociaciones cañeras vislumbraron los perjuicios de no tener una única representación. Así, de septiembre a diciembre de 1944, en paralelo con el desarrollo del arbitraje avanzó el interés por la confluencia gremial de las tres asociaciones cañeras.

Dentro del clima asociacionista de los orígenes del peronismo, cuando las asociaciones cañeras abordaban el tema de la unificación gremial afirmaban la necesidad de agremiarse para tener representantes cañeros legalmente reconocidos para ocupar los puestos que les correspondían en organismos gubernamentales como la delegación regional de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

Como resultado de la mediación se dictó el Decreto-ley número 678/45, del 13 de enero de 1945, que dictó normativas integrales para el funcionamiento de la zafra, con la intención de terminar con las disputas intersectoriales anuales. El desacuerdo de las tres asociaciones cañeras con varios puntos del decreto aceleró la unificación del gremio como forma de cuestionarlo con más fuerza. Así, formaron el consejo pro unidad del gremio por medio del cual presentaron una serie de demandas sobre el decreto ante las autoridades gubernamentales. Frente a la negativa gubernamental de modificarlo, a finales del mes de mayo, las asociaciones declararon en conjunto la huelga cañera. La medida de fuerza consistió en que los cañeros no entregarían caña a los ingenios hasta que se otorgaran los reclamos sobre el decreto, principalmente, en relación a recibir un mayor precio por la caña y un reparto más equitativo del aumento del precio del azúcar. La huelga, que tuvo un alto acatamiento entre los productores de la provincia, duró hasta los primeros días de julio cuando el gobierno accedió a realizar varias de las modificaciones solicitadas. Una vez terminada la huelga, el consejo pro unidad reencauzó las tratativas para realizar la unidad gremial. El 9 de septiembre de 1945 quedó constituida la UCIT, que recibió su personería jurídica el 3 de octubre del mismo año.

Organización y vínculos

En sus estatutos constitutivos, la UCIT se presentaba como representante y defensora de los intereses económicos de los productores cañeros de la provincia y en especial de los asociados. Sus propósitos excedían la representación económico-productiva ante los entes estatales, dado que proyectaba el despliegue del cooperativismo y la ayuda mutua y social entre sus afiliados.

En las instancias representativas gubernamentales, quedó de manifiesto una intensa disputa sectorial entre cañeros, obreros e industriales por el reparto de los ingresos azucareros. En varias ocasiones, la UCIT intentó el diálogo y acercamiento con la FOTIA para disputar en conjunto mayores réditos azucareros frente a los industriales del CART. No obstante, esta alianza entre ambos sectores no era posible debido a que sus intereses no eran del todo coincidentes, en las tierras de los medianos y grandes cañeros trabajaban obreros del surco que también estaban enrolados en la FOTIA. Por otra parte, la disputa intersectorial de la UCIT y el CART quedaba de lado cuando el conflicto excedía los límites provinciales. Esto ocurrió desde el año 1949 cuando, en sintonía con la racionalización del agro, el gobierno peronista dictó regulaciones racionalizadoras para la agroindustria azucarera, que implicaban perjuicios para la agroindustria tucumana y beneficios para la de Salta y Jujuy. La provincia de Tucumán contaba con 27 ingenios y un destacado fraccionamiento de la tierra en propiedad de pequeños, medianos y grandes cañeros. En contraposición con Salta y Jujuy, donde la producción de azúcar estaba concentrada en cinco grandes ingenios que poseían extensas propiedades de tierras y el número de cañeros independientes no era significativo. Las normativas racionalizadoras despertaron una disputa interregional en la agroindustria azucarera. La UCIT y el CART presentaron reclamos en conjunto ante el gobierno nacional en contra de los industriales de Salta y Jujuy, que por su estructura concentrada tenía menores costos de producción y, en medio de la aplicación de políticas racionalizadoras, culpaban a la agroindustria de Tucumán por los elevados costos del azúcar nacional (Bravo y Bustelo, 2016).

También respecto a la actividad gremial de la UCIT, desde a mediados del año 1946,la UCIT inició una destacada propaganda para formar ingenios cooperativos en varias ciudades de la provincia. Los motivos de estas iniciativas giraban en torno a la necesidad de independizarse en el procesamiento y comercialización de la caña, la lejanía de las fábricas, la inactividad o escasa capacidad de molienda de las cercanas y los otros sectores sociales que se beneficiarían con la reactivación económica de la zona. Los proyectos tomaban como modelo de funcionamiento a los ingenios Marapa y Ñuñorco. Estos dos ingenios, por sus orígenes, en el ideario cañero eran considerados cooperativos, pero en realidad funcionaban como una entidad mixta estatal y privada. En términos de propiedad estatal, para financiar su creación la Caja de Ahorros de la Provincia de Tucumán había comprado acciones de las cuales no se había desprendido, por lo cual tenía un representante dentro del Directorio de la sociedad comercial y obtenía réditos de los ejercicios de los ingenios. En cuanto a lo privado, los ingenios pertenecían a los cañeros accionistas que tenían derecho y obligación de procesar la caña en el ingenio y cada accionista, más allá de la cantidad de acciones que poseyera, tenía derecho a un voto en las asambleas anuales de la sociedad (Bustelo, 2016).

Los diversos proyectos de la UCIT por volver cooperativas a los ingenios en crisis o crear nuevos bajo esta modalidad de trabajo, no fue alcanzado a lo largo del período peronista. No obstante, desde el año 1949, a partir de la reorientación de la política económica el gobierno nacional producto de la crisis que implicó una mayor atención al sector agrario y otorgó incentivos a estas cooperativas, por iniciativa de la UCIT y con el auspicio gubernamental, en noviembre de 1949, se formó la Cooperativa de Herramientas, Maquinarias Agrícolas y Artículos de Consumo Limitada y la Unión Cañeros Independientes Sociedad Cooperativa de Seguros Limitada (Bustelo, 2017c).

Por otra parte, la UCIT dentro de la política gremial desplegó la ayuda mutua y social a través del otorgamiento de becas de estudio para los hijos de los asociados y subsidios por fallecimiento. Al mismo tiempo, proyectó el acceso a servicios de salud para sus asociados y su familia. Esta prestación no se concretó durante el período peronista, pero sí en años posteriores cuando en el local central de la entidad ubicado en San Miguel de Tucumán y en algunas subsecretarías departamentales de la provincia se instalaron consultorios y laboratorios de análisis clínicos.

Reflexiones, debates o perspectivas de análisis

La UCIT no fue la única asociación que funcionó a lo largo del período peronista, pero por su actividad gremial y cantidad de asociados fue la más destacada. En los primeros años de creación de la UCIT, el Centro Cañero mantuvo su funcionamiento, dado que parte de sus integrantes se negaron a disolver la histórica asociación. Por otra parte, el impulso corporativista del peronismo alentó a los plantadores, ubicados en los estamentos más bajos de la escala productiva cañera, a formar sus propias asociaciones para defender sus intereses, los denominados Sindicatos de Cañeros Chicos que se agruparon en una Federación Provincial. Más allá que el gobierno mantuvo relaciones cordiales con las tres asociaciones cañeras, se inclinó por la representación corporativa unificada de todos los sectores productivos y, en el caso de los cañeros, eligió a la UCIT para ocupar tal lugar, una asociación que aspiraba a representar a todos los segmentos cañeros, por lo cual realizaba reclamos con características menos radicales. En consecuencia, la UCIT contó con los aportes monetarios de la cuota de los asociados obtenidos gracias a la personería jurídica otorgada por el Estado, que le permitió financiar más cómodamente su actividad gremial relacionada fundamentalmente con la participación en mediaciones estatales para redefinir el régimen de la zafra de cada año. Los cañeros que integraban la Federación Provincial pertenecían a una escala social más baja que los de la UCIT, lo cual los perjudicaba en el momento de afrontar gastos para tramitaciones gremiales que se realizaban principalmente en Buenos Aires. Luego del año 1950, el accionar gremial tanto del Centro Cañero como de la Federación Provincial de Sindicatos de Cañeros Chicos decayó notablemente, y la UCIT se erigió como la única asociación representativa de los cañeros tucumanos (Bustelo, 2017b).

En años posteriores, la UCIT se mantuvo como la principal entidad gremial cañera de la provincia, organizando a los productores frente a diversos momentos críticos. Entre ellos, podemos destacar la crisis de sobreproducción que sufrió la agroindustria a finales de la década del cincuenta, que se tradujo en bajos precios para la comercialización del azúcar y la ausencia de liquidación definitiva de la caña de 1959 y 1960 por parte de los industriales. Ante esta situación, la UCIT convocó una huelga aduciendo la falta de financiamiento para afrontar la nueva zafra. La medida de fuerza confluyó en la “Marcha del Hambre” de junio de 1961 que significó una multitudinaria movilización de cañeros de distintos puntos de la provincia, congregándose en la emblemática Plaza Independencia de la Capital provincial. Más allá que la movilización fue brutalmente reprimida por la policía, los cañeros acamparon en la plaza hasta obtener el compromiso del gobierno para la financiación de las zafras a los industriales a través del otorgamiento de créditos del Banco Nación y del Banco Provincia (Bravo, 2017).

En medio de las continuas crisis de sobreproducción que atravesaba la agroindustria, en agosto de 1966, el presidente de facto Juan Carlos Onganía estableció el cierre de siete ingenios de Tucumán y la limitación de la cuota de producción. Estas medidas significaban enormes perjuicios para la agroindustria y, por ende, para la economía de la provincia dado que era su principal actividad económica. El gobierno adujo que el estado de endeudamiento de esas fábricas imposibilitaba su funcionamiento y se negó a seguir financiándolos mediante recurrentes créditos que no eran reintegrados. En esta instancia, la UCIT integró un Frente Común con la FOTIA y la FEIA (Federación de Empleados de la Industria Azucarera), que emitió documentos en rechazó al decreto presidencial y organizó masivas movilizaciones en los pueblos de los ingenios clausurados donde se fundaron Comités Pro Defensa de los ingenios (Bustelo, 2017a).

En los años noventa, la agroindustria azucarera se vio una vez más fuertemente afectada por las políticas de desregulación de la economía que para esta agroindustria se tradujeron en la anulación de los cupos de producción de azúcar, la libre producción y la libertad de precios de comercialización. Estas medidas conllevaron a una nueva grave crisis del sector provocada por la sobreproducción y la consecuente caída de precios de la materia prima. La UCIT encabezó una fuerte campaña de concientización sobre la crisis sectorial que generaba de la desregulación, la cual producía la desaparición de miles de cañeros, fundamentalmente minifundistas, que se convertían en trabajadores cosecheros migrantes. Una vez más, en el año 1999, la entidad encabezó una destacada movilización consistente en un Tractorazo que bloqueó rutas y organizó ollas populares en diferentes puntos de la provincia, y confluyó en la masiva movilización en la Plaza Independencia en reclamo de políticas estatales para los productores agrarios (Bravo y Rivas, 2017).

De esta forma, la UCIT, una asociación surgida al calor del corporativismo del primer peronismo, subsistió hasta la actualidad como la principal asociación representativa de los cañeros de la provincia, contribuyendo a la persistencia de este sector tan particular dentro de la agroindustria azucarera nacional.

Bibliografía

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Rubinstein, G (2006). Los sindicatos azucareros en los orígenes del peronismo tucumano. San Miguel de Tucumán, Argentina: UNT.


  1. Recibido: julio de 2019.
  2. Profesora de Enseñanza Media y Superior en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL/UBA), Doctora en Humanidades (Área Historia) por la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Becaria Doctoral y Posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Docente Ayudante de Primera de la Materia Historia Social General “D” en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL/UBA). Contacto: julibustelo@yahoo.com.ar


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