Otras publicaciones:

9789877230956_frontcover1

12-3949t

Otras publicaciones:

9789877230086-frontcover

porquemal

Contratista de servicios de maquinaria agrícola[1]

(Región Pampeana, Argentina, s.XX – comienzos s.XXI)

Soledad Stadler[2]

Definición

La denominación de contratistas de servicios de maquinaria agrícola agrupa a todas aquellas personas físicas o jurídicas que realizan prestaciones de trabajos agropecuarios tales como siembra, cosecha, preparación de forrajes, control de plagas y/o malezas, entre otros. Prestan sus servicios a un tercero a cambio de un pago en dinero o especies. Es común también que se los llame contratistas rurales o contratistas de maquinaria agrícola.

Origen

En la historia del agro argentino, los contratistas de servicios de maquinaria agrícola son actores presentes desde épocas muy tempranas; hay registros de prestadores de servicios de cosecha al menos desde 1857 (Barsky y Gelman, 2009: 210). Su rol ha ido cambiando con el correr de los años en las distintas etapas de la agricultura y sufriendo cambios acordes a las distintas políticas vinculadas al sector (Muzlera, 2013). Diversos trabajos académicos consideran que en los últimos 30 años su presencia en el campo agropecuario es cada vez más relevante, al punto que no se puede explicar la hegemonía del actual modelo productivo sin considerar la existencia de estos sujetos (Muzlera, 2013; Moreno, 2017; Villulla, 2020).

Entre las diversas líneas de investigación, están quienes consideran que la difusión de la figura del contratista está relacionada con la intensificación de la agricultura y la mecanización de las labores —y en gran medida es responsabe de la difusión tecnológica—(Tort, 1983). Complementario a ello, Craviotti (2001) y Muzlera (2009 y 2013) incorporan trabajos en los que vinculan la expansión de este actor con la necesidad de otros sujetos que al no poder adquirir maquinaria recurren al contratista por una o más labores para mantener la capacidad de producción.

Durante la etapa de la expansión de la agricultura pampeana (a fines del siglo XIX) aparecen los primeros contratistas que se dedicaban a la trilla, los cuales eran fundamentales debido a la incipiente utilización de maquinaria agrícola en las explotaciones, sobre todo en aquellos productores de menor escala (Barsky y Gelman, 2009).

La difusión de este actor se intensifica durante el siglo XX acompañado por distintos factores, entre ellos la sobremecanización de los años 50 del pasado siglo XX, donde muchos productores disponían de más maquinaria de la que necesitaban y se volcaron a prestar servicios fuera de sus predios (Lódola y otros, 2005). Luego, durante los 60 y los 70, acompañan el proceso de expansión de la agricultura y el proceso total de mecanización y especialización de los servicios que se prestan en las labores (Pizarro y Cascardo, 1991; Llovet, 1988). Sin embargo, su auge definitivo y, aún sostenido, es en la década de los 90, la cual es caracterizada por la agricultura del agronegocio, la cual se basa en cuatro factores que se articulan entre sí: i) la innovación tecnológica; ii) las nuevas formas de difusión de la tecnología (y el rol de las multinacionales); iii) el rol del capital financiero (y la aparición de los fideicomisos, la utilización del mercado de futuros); iv) los mecanismos jurídicos e institucionales que debilitaron la capacidad regulatoria y fiscalizadora del Estado, otorgándole amplios beneficios al sector privado (Gras, 2012).

Como consecuencia de lo anterior, se intensifica en Argentina un proceso de expulsión de los pequeños y medianos productores (denominados también chacareros), los cuales eran los encargados de todo el proceso productivo. Los altos niveles de endeudamiento y el desembarco de los pooles, hizo que muchos de estos chacareros se reconfiguraran bajo la figura de prestadores de servicios de maquinaria agrícola, ya que disponían de mano de obra especializada y maquinaria por lo cual eran totalmente funcionales al proceso, en cierta parte como estrategia de supervivencia (Muzlera, 2013).

En los últimos años, el Censo Nacional Agropecuario (CNA), sigue registrando el aumento de la superficie trabajada por los contratistas. En el período intercensal 1988-2002, se registró un incremento del 89% de la superficie trabajada por contratistas en la región pampeana. Este acrecentamiento no fue de la misma magnitud en todas las provincias, siendo más alto en Entre Ríos (369%) y más bajo en La Pampa (29%). Si bien los cambios en la participación no son homogéneos en toda la Región Pampeana, ni en todos los servicios prestados, representa un porcentaje muy significativo, especialmente en aquellas labores como la aplicación de fitosanitarios o las que demandan de equipos de mucha tecnología o altos costos para su compra.

Vínculos con el territorio, la tecnología, el consumo, la organización productiva y otros sujetos

Los contratistas son sujetos que ocupan un lugar muy importante respecto a la difusión de tecnología debido a mecanización de las labores. Con el paso de los años, han contribuido al desarrollo la siembra directa, la utilización de la dosificación variable, la aplicación de fitosanitarios, y todo lo referido la agricultura de precisión. Sin embargo, la tecnología representa una inversión muy importante en estas organizaciones, la cual en muchos de los casos no se ve reflejada en el pago de los servicios prestados. A su vez representa una barrera de entrada a nuevos contratistas y dificulta la continuidad de los ya existentes, ya que la disponibilidad de tecnología (en sus diversas formas: monitores, sembradoras neumáticas, etc.), es una de las características más buscadas por la demanda.

En referencia a la caracterización de los distintos prestadores, existen múltiples variables para definirlos, por ejemplo: el tipo de servicio que prestan, si son productores además de contratistas, la diversidad y cualificación tecnológica de las maquinarias que poseen. En cuanto al tipo de actividad que desarrollan, se puede establecer que aquellos contratistas que prestan servicios de siembra poseen características particulares que lo diferencian de los que prestan servicios de pulverización e inclusive de los de cosecha (Muzlera, 2013).

Otra de las características observadas, es el papel del contratista en la permanencia de los productores en la actividad y, en el caso de los pooles o grandes explotaciones, en su expansión. El contratista libera al productor (o la empresa que lo requiera) de capitalizarse en maquinaria, de contratar personal para la realización de labores, liberándolo prácticamente todo el trabajo mecanizado de la campaña. En la jerga nativa se dice que ellos financian la campaña, porque el cobro de las labores se realiza generalmente en plazos que van de 30 a 90 días (o más), tiempo durante el cual el contratista se hace cargo del combustible y el personal (pagando a término). El desfasaje en entre la realización de la labor y el cobro de la misma, en un contexto de insumos altamente relacionados al precio del dólar, deja en una posición desfavorable al contratista, particularmente cuando necesita utilizar el dinero percibido en el trabajo de una campaña para reponer la maquinaria.

Otro de los roles del contratista es su contribución a la expansión de la frontera agrícola hacia zonas extra pampeanas. Muchos de estos actores están dispuesto a viajar largas distancias para prestar servicios, brindándole de este modo las oportunidades de negocios a aquellos que arriendan tierras para aumentar su escala y no están dispuestos a hacerse capital fijo, ya que no entra en la lógica de este tipo de inversor.

Con respecto a los vínculos con el territorio, la prestación de servicios generalmente se ve diferenciada de acuerdo al tipo de servicio que presta. Es así que los contratistas de pulverización, siembra, labores de labranza primaria, generalmente tiene un radio de trabajo más local (no mayor a 50 y hasta 100 km), caracterizado por la prestación de servicios a productores vecinos o pooles con los que ya tiene una relación laboral preestablecida. Generalmente ocupa mano de obra local, como así también recurre a los talleres y estaciones de servicio locales. En otro extremo se encuentran servicios que requieren otras inversiones e infraestructura (maquinaria de apoyo: tractores, tolvas, camiones, carreros, etc.) como la cosecha y la conservación y picado de forrajes. Ellos sí se desplazan grandes distancias (inclusive entre provincias) recolectando y acondicionando.

Reflexiones

En la actualidad el contratista es un actor funcional e indispensable al actual modelo productivo, por ello ha sido objeto de muchas de las críticas que recibe dicho modelo, por ejemplo, su trabajo como aplicador de agroquímicos. En el campo académico queda pendiente conocer la mirada de los contratistas sobre actual modelo productivo y sus estrategias para permanecer en él siendo el actor más condicionado del proceso de producción.

Si el Estado tiene por política la sustentabilidad de los territorios, una deuda pendiente de éste es contar con información fehaciente sobre el trabajo de los contratistas Sin cifras oficiales no es posible crear políticas vinculadas al sector. Políticas necesarias no sólo para permitir su permanencia en la actividad, sino también para generar la condiciones de empoderamiento para participar con voz en un modelo que los necesita pero que los utiliza solo para aplicar recetas.

Falta también analizar la complejidad de este actor y segmentarlo de acuerdo al tamaño de su organización, el tipo de servicio que presta, el territorio o los territorios dónde presta sus servicios, de modo de poder.

Asimismo, resulta necesario establecer un marco legal que contemple la figura del contratista como tal, y tratar como temas urgentes y necesarios el acceso al crédito y distintas formas de financiamiento, el tránsito de la maquinaria agrícola por las rutas provinciales y nacionales, la capacitación del personal y la informalidad en las relaciones contractuales. Constituyen debates y políticas sumamente importantes en el contexto del rol del contratista en todo el agro argentino.

Bibliografía

Barsky, O. y Gelman, J. (2009). Historia del agro argentino. Desde la conquista hasta fines del siglo XX. Buenos Aires, Argentina: Ed. Sudamericana.

Craviotti, C. (2001). Los procesos de cambio en las explotaciones familiares pampeanas: tendencias en el trabajo agrario y dinámicas familiares. Cuadernos de Desarrollo Rural, 45, 69- 89.

García, M., y Lombardo, P. (2013). El contratismo de servicios de maquinaria en la producción agropecuaria de la pampa argentina. Cuadernos de Desarrollo Rural, 10(71), 125-144.

Gras, C. (2012). La agricultura empresarial en Argentina: genealogía y configuración actual. 54 Congreso Internacional de Americanistas, Viena, Austria.

Lódola, A., Angeletti, K., Fossati, R., y Kebat, C. (2005). Maquinaria agrícola, estructura agraria y demandantes. Cuadernos de economía, 72. Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires.

Llovet, I. (1988). Tenencia de la tierra y estructura social en la provincia de Buenos Aires. 1960-1980. La agricultura pampeana: transformaciones productivas y sociales (No. IICA-E10I59ag). Buenos Aires, Argentina: IICA.

Moreno, M. (2017). Organización del trabajo en el agro pampeano: análisis sobre la tercerización de labores en empresas de distinto perfil en tres partidos en la provincia de Buenos Aires. PAMPA, (16), 35-54.

Muzlera, J. (2009). Chacareros del siglo XXI. Herencia, familia y trabajo en la pampa gringa. Buenos Aires, Argentina: Ed. Imago Mundi.

Muzlera, J, (2013). La modernidad tardía en el agro pampeano sujetos agrarios y estructura productiva. Bernal, Argentina: UNQ.

Pizarro, J. y Cascardo, A. (1991). La evolución de la agricultura pampeana. En Barsky, O. (Ed.), El desarrollo agropecuario pampeano. Buenos Aires, Argentina: INDEC-INTA-IICA.

Tort, M. I. (1983). Los contratistas de maquinaria agrícola: una modalidad de organización económica del trabajo agrícola en la pampa húmeda. Documento de Trabajo, 11. CEIL. Buenos Aires.

Villulla, J. M. (2020). Los trabajadores agrícolas pampeanos a principios del siglo XXI. Situación, características y tensiones de una mayoría social invisibilizada. Estudios Rurales10(20).


  1. Recibido: junio 2020.
  2. Licenciada en Administración de Negocios Agropecuarios por la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa (FA UNLPam). Especialista en Mecanización Agrícola por Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA). Doctora en Ciencias Agropecuarias por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA). Jefa de trabajos prácticos Cátedra de Extensión Rural-Facultad de Agronomía, Universidad Nacional de la Pampa (FA UNLPam). Promotora asesora grupo Cambio Rural INTA Contratistas. Contacto: stadler@agro.unlpam.edu.ar.


Deja un comentario