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Sociedad Rural Argentina (SRA)[1]

(Argentina, 1866-2019)

Marcelo Oscar Panero[2]

Definición

La Sociedad Rural Argentina (SRA) es una entidad gremial empresaria creada el 10 de julio de 1866 en la ciudad de Buenos Aires. Desde sus inicios ha estado emparentada con miembros de familias tradicionales y con los más grandes propietarios rurales, particularmente aquellos situados en la provincia de Buenos Aires. La SRA expresa un ideario identificado con el liberalismo en el plano económico y con cierto tradicionalismo en lo sociocultural. Este mandato identitario se expresa en una conjunción particular de términos que le dan un sentido de existencia a la entidad. La patria es la tierra; el bienestar del país es una derivación de la prosperidad de la actividad agropecuaria; dicha prosperidad solo puede ser lograda por el esfuerzo de los propietarios de la tierra. Este mandato heredado, cuyos portadores tienen la obligación de custodiar y transmitir a las futuras generaciones, se encuentra inscripto en el lema de la entidad “Cultivar el suelo es servir a la patria”

Origen e ideología

La Sociedad Rural Argentina (SRA) se define, de acuerdo a su estatuto social, como una asociación civil sin fines de lucro, cuyos objetivos son velar por el patrimonio agropecuario del país, fomentar su desarrollo y asumir la defensa de los intereses de dicho sector.

Su accionar y su trayectoria la consagran como una entidad gremial empresaria, una de primeras de la burguesía argentina y la más antigua del sector agropecuario. Fue creada el 10 de julio de 1866 en la ciudad de Buenos Aires, por un grupo de grandes terratenientes, poseedores de una buena formación educativa y con activa participación política. Su primera comisión directiva estuvo integrada por José Toribio Martínez de Hoz (presidente); Ricardo Newton (vicepresidente); Eduardo Olivera (secretario); Ramón Vitón, Jorge Temperley, Leonardo Pereyra, Francisco Madero, Lorenzo Agüero, Mariano Casares y Luis Amadeo (vocales titulares); Juan B Molina, Claudio Stegmann, y José Castaño (vocales suplentes).

Históricamente, la SRA ha estado emparentada con los más grandes propietarios rurales, particularmente aquellos situados en la provincia de Buenos Aires y miembros de familias tradicionales. Expresa un ideario identificado con el liberalismo en el plano económico y con cierto tradicionalismo en lo sociocultural. En línea con esto, esgrime una defensa irrestricta de la propiedad privada y del libre mercado, sostiene la premisa de que cada región debe producir aquellos bienes que se correspondan con la distribución natural de factores productivos, promueve el libre comercio como el mejor modo de intercambio, a la vez que propugna una intervención estatal limitada a garantizar el funcionamiento sin “distorsiones” del mercado.

Dadas sus características geográficas y ambientales, considera “natural” que Argentina se integre a la división internacional del trabajo como productora y exportadora de bienes primarios y que su tipo de desarrollo esté centrado en las actividades que tienen a la tierra como principal factor productivo. Este ordenamiento socioeconómico, que ubica al sector agropecuario como el más importante de la economía del país, no es percibido como un privilegio en busca de ventajas sectoriales sino, por el contrario, como el modo de alcanzar el bienestar general de todo el país.

Desde sus orígenes, la SRA y sus asociados se erigieron en agentes impulsores centrales de este tipo de desarrollo. Fueron activos promotores (y beneficiarios) de la expansión de la frontera territorial llevada adelante por Julio Roca, mal llamada “Conquista del Desierto”, que arrebató a sus poseedores originales unas 30 millones de hectáreas (Hora, 2002). Asimismo, promovieron la incorporación de importantes avances tecnológicos (genética para refinamiento del ganado, pasturas de mayor calidad, cercamiento de los campos, molino de viento, refrigeración de las carnes, etc.). Ambos aspectos contribuyeron a incrementar la producción y adaptarla a las necesidades de los nuevos mercados demandantes, lo que valió que Argentina se ganase, desde fines del siglo XIX, la denominación de “granero del mundo”.

Bases, conflictos y desprendimientos

En términos de representación sectorial, desde sus inicios SRA ha estado vinculada a los más grandes terratenientes. No obstante, hasta la primera década del siglo XX, la defensa de los intereses de esta fracción amparaba la de otros actores socioeconómicos relacionados como los arrendatarios que explotaban parte de sus tierras o los sectores industriales que destinaban su producción a la actividad agropecuaria, lo que generaba un espacio de confluencia de intereses que aminoraba las posibilidades de disputa entre los mismos (Acuña, 1995). Esta situación comenzó a complejizarse hacia 1912, cuando el cambio de algunas condiciones económicas y políticas trazó un eje de conflicto entre arrendatarios y propietarios de tierras, que dio lugar a la emergencia de la Federación Agraria Argentina (FAA) en representación de los primeros, en tanto la SRA permaneció como expresión del conjunto de los segundos.

El camino hacia una mayor diversificación del escenario representativo del sector agropecuario continuó a comienzos de los años 30, fruto de los cambios en el contexto internacional, localmente se comenzó una industrialización sustitutiva de bienes importados, lo que alteró la significación de los diferentes sectores económicos, en beneficio de la industria y en detrimento del sector rural. Este nuevo escenario vio emerger tres nuevas entidades representativas de intereses del agro: en 1932, la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), fruto de un conflicto entre dos fracciones de ganaderos miembros de SRA, criadores e invernadores, donde los primeros decidieron apartarse de esta entidad (Murmis y Portantiero, 2004; Smith, 1986). Hacia mediados de los años 50, nació la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (CONINAGRO), entidad de tercer grado que agrupa a distintas federaciones representativas de empresas cooperativas agrarias de todo el país.

Con posterioridad, se conformaron los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), grupos de trabajo integrados por productores agropecuarios con el objetivo de estimular un mejoramiento del desempeño económico de la empresa agropecuaria por vía de innovaciones productivas y de gestión. Hacia 1967 se nuclean y toman la actual denominación, Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA) (Gras, 2007). La SRA, en tanto, se fue circunscribiendo cada vez más a la expresión de los intereses de los grandes terratenientes tradicionales del sector, principalmente afincados en provincia de Buenos Aires. A partir de los años 70, pese a los cambios ocurridos en el plano internacional, en el modelo de desarrollo local (comienzo de la etapa neoliberal) y en el esquema productivo sectorial, el elenco representativo de los intereses del agro se mantuvo prácticamente inalterado en su conformación.

Las paradojas de los 90 y pérdida de hegemonía

Este escenario comienza a modificarse a partir de la década de los 90, donde, en consonancia con los cambios verificados en la economía y en el Estado argentinos, la actividad agropecuaria sufrió importantes transformaciones (Barsky y Gelman, 2005; Lattuada, 2006; Bisang, 2007; Bisang, Anlló y Campi, 2008). Las mismas pusieron en vigencia medidas históricamente reclamadas por la entidad: apertura comercial, fin de retenciones a las exportaciones, supresión de organismos reguladores, etc. La primera paradoja que encierra este proceso radica en que dichos cambios fueron impulsados por un gobierno peronista, expresión política históricamente contraria a los lineamientos económicos, sociales y culturales expresados por SRA, lo que implicó un desafío para el tradicional antiperonismo de la entidad. Más allá de la disconformidad de algunos socios, la SRA priorizó la adhesión a la dirección política y económica impulsada por el gobierno nacional y acompañó la gestión del presidente Menem.

Una segunda paradoja fue que, a pesar de estar en línea con lo que históricamente SRA postuló, dichos cambios generaron nuevas problemáticas en ámbitos donde SRA no poseía su mayor fortaleza representativa. Así, las demandas emergentes de la expansión del cultivo de soja interpelaron a la SRA, más asociada a la defensa de intereses ganaderos. Igualmente, el crecimiento del peso productivo de la región centro-norte del país en contraposición a una disminución del peso del centro sur (Buenos Aires, La Pampa), generó condiciones de afectación negativa a SRA, ya que su mayor capacidad representativa estuvo centrada en la provincia de Buenos Aires. Finalmente, hubo cambios en el universo de los más grandes productores por el ingreso de nuevos miembros, muchos de ellos sin trayectoria en el sector ni situados en el ámbito capitalino-bonaerense, donde SRA tenía más influencia.

Por otro lado, desde principios de los años 90 se pluralizó el universo de entidades representativas, con el nacimiento de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), la Asociación Maíz Argentino (MAIZAR), la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSOJA), la Asociación Argentina de Trigo (ARGENTRIGO). Estas nuevas entidades desafiaron la representatividad de SRA.

Tanto la aparición de nuevas problemáticas referidas a lo productivo, como el nacimiento de nuevos actores representativos, abrieron interrogantes acerca del lugar a ocupar y el papel a desempeñar por SRA. Ante estos desafíos, la entidad mantuvo un alto grado de inercia institucional: modificó escasamente su estructura organizativa y el perfil de sus dirigentes, mantuvo mayormente el contenido de sus demandas y los habituales ejes de conflicto, incorporando escasa y tardíamente lo referido a nuevas problemáticas, particularmente lo relativo a la soja (Panero, 2013). Como consecuencia de esto, la SRA logró permanecer en el escenario representativo como expresión de la fracción de productores del sector agropecuario que históricamente representó, aquellos con perfil más ganadero, asentados en territorio bonaerense y de larga trayectoria sectorial. Por otro lado, le implicó una pérdida de representatividad, debido a que los nuevos miembros ingresados a la cúpula con posterioridad a los cambios de fines del siglo XX, no encontraron canal de expresión en SRA (Panero, 2017).

Nombrar a Sociedad Rural Argentina implica una referencia inmediata a campo, a tierra, a patria y a tradición, en una conjunción particular de dichos términos que le dan un sentido de existencia a la entidad. La patria es la tierra, el campo; el bienestar del país sólo puede alcanzarse como derivación de la prosperidad de la actividad agropecuaria; dicha prosperidad solo puede ser lograda por el esfuerzo de los propietarios de la tierra. Este mandato heredado, cuyos portadores tienen la obligación de custodiar y transmitir a las futuras generaciones, se encuentra inscripto en el lema de la entidad “Cultivar el suelo es servir a la patria”.

Bibliografía

Acuña, C. (1995). The Industrial Bourgeoisie as a Political Actor: An Overall Introduction (Tesis doctoral). University of Chicago, USA.

Barsky, O. y Gelman J. (2005). Historia del Agro Argentino. Desde la Conquista hasta fines del siglo XX (2da ed.). Buenos Aires, Argentina: Grijalbo-Mondadori

Bisang, R. (2007). Apertura económica, innovación y estructura productiva: La aplicación de biotecnología en la producción agrícola pampeana argentina. Buenos Aires, Argentina: Documento inédito

Bisang, R., Anlló, G y Campi, M. (2008). Una revolución (no tan) silenciosa. Claves para repensar el agro en Argentina. Desarrollo Económico, 48(190-191), 165-208.

Boveri, S. y Lozada de Palma, F. (1994). La creación de la Sociedad Rural Argentina. Realidad Económica, 125.

De Imaz, J. (1964). Los que mandan. Buenos Aires, Argentina: EUDEBA.

Gras, C. (2007). Apuntes sobre la construcción identitaria de un nuevo empresariado en el agro argentino. En V Jornadas Interdisciplinarias de Estudios Agrarios y Agroindustriales, Buenos Aires.

Heredia, M. (2003). Reformas estructurales y renovación de las elites económicas en Argentina: estudio de los portavoces de la tierra y del capital. Revista Mexicana de Sociología, 65(1), 77-115.

Hora, R. (2002). Los terratenientes de la pampa argentina. Una historia social y política, 1860-1945. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Lattuada, M. (2006). Acción colectiva y corporaciones agrarias en la Argentina. Transformaciones institucionales a fines del siglo XX. Buenos Aires, Argentina: UNQ.

Murmis, M. y Portantiero, J. C. (2004). Estudios sobre los orígenes del peronismo. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Muro de Nadal, M. (2009). El discurso y la práctica. Las complejas relaciones entre la Sociedad Rural Argentina y el gobierno del Dr. Menem. Documentos de Trabajo del CIEA, 4, 185-219. Buenos Aires: Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios, Facultad de Ciencias Económicas-Universidad de Buenos Aires.

Newton, J. (1966). Historia de la Sociedad Rural Argentina. Buenos Aires, Argentina: Editorial Goncourt.

O´ Donnell, G. (1977). Estado y Alianzas en la Argentina. 1956-1976. Desarrollo Económico, 16(64), 523-554.

Palomino, M. (1988). Tradición y poder: la sociedad rural argentina (1955-1983). Buenos Aires, Argentina: CISEA-Grupo Editor Latinoamericano.

Panero, M. O. (2017). La representación de intereses de la cúpula del sector agropecuario: la Sociedad Rural Argentina: ¿declive o permanencia? (Tesis doctoral). Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Recuperada de http://t.ly/YOXwE

Panero, M. (2013). La representación de los sectores dominantes del agro en debate. La Sociedad Rural Argentina. En C. Gras y V. Hernández (Eds.), El agro como negocio. Producción, sociedad y territorios en la globalización (pp. 323-345). Buenos Aires, Argentina: Biblos.

Smith, P. (1986). Carne y política en Argentina. Buenos Aires, Argentina. Hyspamérica.

Tarruela, A. (2012). Historia de la Sociedad Rural Argentina. Buenos Aires, Argentina: Planeta.


  1. Recibido: julio de 2019.
  2. Profesor Universitario en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales por la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), Magíster en Ciencia Política y Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Ha sido docente de la Universidad Nacional de Villa María, la Universidad Nacional de San Martín y la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y miembro del equipo de investigaciones del RENATEA. Actualmente es investigador-docente en el área de Sociología del Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS). Su área de investigación está relacionada a la participación política del empresariado, sus organizaciones y accionar. Contacto: mpanero@campus.ungs.edu.ar


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