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Productor hortícola[1]

(Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1940-2019)

Soledad Lemmi[2]

Definición

Es un tipo de productor dedicado a la producción de hortalizas que según cada caso puede tener características más campesinas o más farmer. El productor hortícola bonaerense, posee los medios de producción y explota su fuerza de trabajo y la de su familia. Puede o no contratar mano de obra y respecto a la tierra puede ser propietario o tomador.

Origen y complejidad del término

El término productor/a hortícola, en la provincia de Buenos Aires —durante las últimas siete décadas—, encierra una gran complejidad. Complejidad que es la expresión de las desigualdades y conflictos que acontecen en el ser horticultor/a en tanto sujeto social e histórico. En el inicio, las investigaciones se referían a los/las horticultores/as como “quinteros”: peón quintero, patrón quintero, quintero propietario, quintero consignatario, entre otros. Esta terminología remitía a la forma en que originariamente se pagaba a los/las horticultores/as: en tanto la quinta era la casa de recreo, en el campo, cuyos colonos solían pagar por renta la quinta parte de los frutos (Gutman, Gutman y Dacal, 1987). Esta forma de nominar al/la horticultor/a fue mayoritariamente siendo desplazada, salvo pocas excepciones que se retomarán más adelante, por la de productor/a hortícola. Sin embargo, al momento de dialogar con los/las horticultores/as en la actualidad, ellos/as se refieren a sí mismo/as como quinteros/as, dando cuenta de la vigencia del término en el territorio y en la autoadscripción de los/las sujetos/as en cuestión.

La categoría de productor/a hortícola se fue instalando en los estudios académicos al ritmo en que la categoría “productor/a” fue ocupando el resto de los estudios sociales agrarios que dejaron de nominar a los/las sujetos/as rurales como chacareros, farmers, campesinos, colonos, etc. (Schiavoni, 2010). Sin embargo, se vuelve necesario hacer una distinción respecto de lo que significa ser “productor/a hortícola”, en tanto esta categoría presenta diferencias no sólo con la de peón-trabajador/a hortícola y mediero/a, sino hacia dentro de sí misma. Asimismo, dar cuenta de las diferentes intersecciones que hacen al/la productor/a se vuelve indispensable en tanto sus condiciones no sólo de clase sino de raza, etnia, género, generación y origen también son variables que lo/la definen como tal.

Clase

Si adscribimos a la situación de clase, mayoritariamente las/los investigadores/as conceptualizan como productor/a hortícola a aquellos/as horticultores/as que poseen los medios para producir: en tanto son dueños/as o arriendan las tierras en que producen, invierten capital en insumos (plantines, semillas, fitosanitarios, abonos, etc.) y maquinarias (tecnología del invernáculo, riego por goteo, tractor, etc.), y aportan mano de obra a la producción ya sea de manera directa o indirecta en los procesos de gestión y/o comercialización. Descartan en esta nominación a los peones-trabajadores/as asalariados/as y a los/las pseudo-medieros/as que constituyen categorías diferentes.

En dicho sentido, un conjunto de investigaciones ha definido al/la productor/a hortícola según su nivel de capitalización estratificándolos/as en grandes-empresariales-patrones, intermedios y pequeños-familiares. Las diferencias entre ellos radicaban en la mayor o menor capacidad de control del proceso productivo y en su capacidad de ampliar el consumo y la reinversión productiva o ceñirse al autoconsumo y la reproducción simple. Asimismo, el mayor o menor aporte de mano de obra familiar, o en su defecto de mano de obra asalariada, así como su relación con el factor tierra (sea como propietarios/as o arrendatarios/as) también constituían variables de la diferenciación interna. Por último, su capacidad de inversión en la tecnología del invernáculo con todo lo que ella implica (riego por goteo, fitosanitarios, fertilizantes, semillas híbridas, etc.) así como su poder de controlar el eslabón de la comercialización ya sea con camión propio o puestos de venta en los mercados concentradores, marcaba una diferencia en la estratificación (Ringuelet, 2008; Benencia, Quarantay Souza Casadinho, 2009; Benencia y Quaranta, 2018; García, 2011b; Lemmi, 2015; Ferraris y Ferrero, 2018.; Cieza, 2018).

Lugar de origen y vínculo con la tierra

Otros/as investigadores/as agregan la variable lugar de origen-nacionalidad del productor/a para conceptualizar a estos sujetos, dando cuenta así de esta intersección de posicionamientos diferentes: aquellos/as productores/as que mayoritariamente han llegado a ser dueños/as de la tierra (terratenientes) son de origen migrante italiano, español, portugués o sus hijos/a y/o nietos/as ya argentinos/as; mientras que mayoritariamente aquellos/as productores/as que se encuentran en situación de arrendatarios/as son de origen boliviano o sus hijos/as argentinos/as. La distinción entre ambos radica en la coyuntura histórica en que se han insertado en la producción, siendo aquellos/as migrantes más antiguos/as(italianos/as, españoles/as, portugués/as) quienes se han beneficiado de políticas estatales que facilitaron el acceso a la propiedad de la tierra (1940-1990); mientras que aquellos/as productores/as migrantes recientes (bolivianos/as) se han encontrado con una coyuntura de fuerte aumento del precio de la tierra (2000-2019), llegando a precios inaccesibles para la capacidad de ahorro y reinversión que poseen.Asimismo, el origen étnico-nacional, puesto en juego en algunos escritos, nos habilita a pensar las estrategias de reproducción socio-productivas llevadas adelante. En tanto estos sujetos provienen de origen campesino, ponen en acción saberes y prácticas devenidas de dicha condición que les permitirían sobrevivir y/o ampliar la escala de producción a lo largo del tiempo, en tanto constriñen el consumo en post de aumentar los niveles de ahorro y se someten a situaciones de autoexplotación del trabajo individual y familiar (Benencia, Ramos y Salusso, 2016; García y Lemmi, 2011;García, 2011a y 2014; Castro, 2016).

Género y generación

Otro conjunto de investigadoras ha hecho hincapié en las intersecciones de género y generación para dar cuenta del aporte de trabajo del conjunto de los/las miembros de la familia mostrando las desigualdades e invisibilización que suele realizarse respecto de ellos/as. Estas investigaciones dan cuenta de la importancia del trabajo de mujeres en la producción, al demostrar su exposición a una doble y hasta triple jornada laboral, razón por la cual objetan la idea de una simple ayuda o colaboración al aporte laboral del varón (Archenti, 2008. Garatte, 2016; Insaurralde y Lemmi, 2019). Asimismo, se ha dado cuenta de la incorporación de los/las niños/as al quehacer productivo no tanto como ayuda sino como proceso de aprendizaje “mientras se está ahí”, dándoles los/las adultos/as del hogar un papel importante a este saber-hacer hortícola en el futuro de las generaciones más jóvenes (Lemmi, Morzilli y Moretto, 2018; Dahul, 2018; Lemmi, 2019).

Algunas investigaciones han puesto el ojo en los lazos de sociabilidad ya sea familiar, étnico-nacional y como política que estos/as productores/as despliegan para poder ampliar su capacidad de supervivencia y/o acumulación en el sector según sea su lugar en la estratificación social (Attademo, 2008;Ríspoli y Waisman, 2012; Lemmi, 2015b; Bártola, 2016; Ambort, 2016).

Reflexiones acerca de las modificaciones y límites de la categoría

En la actualidad encontramos algunas investigaciones que vuelven a utilizar el término quintero/a para dar cuenta de este/a sujeto/a. Diferenciando aquellos viejos quinteros de origen migrante europeo, de avanzada edad y que luego de trabajar de peones y medieros han podido acceder a la propiedad de la tierra, constituyendo a partir de su producción y prácticas culturales la figura del quintero local. Mientras que los nuevos quinteros serían aquellos de origen boliviano o del norte de la Argentina, que mayoritariamente arriendan la tierra, con escasos niveles de capitalización y cuyo factor productivo más importante es la fuerza de trabajo del propio grupo familiar, cuya producción y prácticas culturales lo convierten en el quintero boliviano (Ahumada, Garat y Otero, 2011; May y Ciocchini, 2018). Esta forma de nominar a los/las productores/as hortícolas recupera no sólo la terminología que se ha utilizado en el pasado en los estudios sobre los cinturones verdes, sino que vuelve a poner en valor la forma en que los/las propios/as sujetos/as se auto adscriben. De esta manera, reivindican y legitiman desde los estudios académico-científicos, la voz e identidad con la que los/as propios/as horticultores/as se inscriben en el territorio y en la historia.

Bibliografía

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  1. Recibido: agosto de 2019.
  2. Profesora en Historia por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y Doctora en Ciencias Sociales y Humanas por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UNLP). Investigadora Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Miembro del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET). Ha desarrollado su investigación sobre temas históricos, socio-políticos, educativos y de género vinculados al rururbano hortícola del Gran La Plata. Contacto: soledadlemmi@yahoo.com


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