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Criador[1]

(Región Pampeana, Argentina, siglos XIX-XXI)

Marcelo Agustín Champredonde y Raúl Alberto Perez[2]

Definición

El término criador encuentra su raíz en el vocablo cría, el cual a su vez proviene del latín creãre, es decir crear vida. En el ámbito rural de la región pampeana se designa con esta noción al productor ganadero de vacunos que se ocupa desde el entore del rodeo (servicio) hasta el destete del ternero (alrededor de 160 a 180 Kg de peso vivo).

Origen

En región pampeana la actividad de criador se inició en la primera mitad del siglo XIX con la delimitación de las tierras y la conformación de las primeras estancias. Así, el ganado introducido por los españoles en la época colonial (actualmente llamado criollo), que hasta entonces se había reproducido en forma salvaje y aprovechado en cacerías denominadas vaquerías, comenzó a ser objeto de un manejo con fines productivos. A fines del siglo XIX, la delimitación y apropiación de las tierras —gracias al alambrado, la “Campaña al Desierto” y la legislación— y el desarrollo de innovaciones —como el molino de viento para la extracción de agua subterránea— contribuyeron a una producción bovina más organizada y controlada. Como consecuencia de estas transformaciones, se reconfiguró la vida social de la población rural: el gaucho errante se convirtió paulatinamente en peón de estancia (Gaignard, 1979:253).

La especialización de las actividades en la cría comercial de ganado vacuno condujo a una subdivisión de las tareas, lo cual delimitó actores sociales y regiones. A nivel productivo, de las actividades de ciclo completo se evolucionó paulatinamente hacia la especialización en la producción de terneros (cría) y el engorde. A nivel territorial también se generó una diferenciación, principalmente según las particularidades de la vegetación autóctona y el potencial de producción forrajera. Así, la región pampeana se fue subdividiendo en subregiones dedicadas a la cría, al engorde de ganado o al ciclo completo.

Dicha subdivisión al interior de los productores, operada al compás del desarrollo de la industria frigorífica y de la exportación, se tradujo en la acción colectiva. Aquellos que poseían tierras de mayor tamaño y más aptas para el engorde (invernada) se nuclearon mayormente en la Sociedad Rural Argentina (creada en 1866). Con la crisis económica del año 1930, que llevó a nuevos pactos con el principal comprador de carne argentina, el Reino Unido (Pacto Roca-Runciman), los criadores se enfrentaron con los intereses de frigoríficos e invernadores asociados a éstos (Smith, 1986: 165). En este marco, y representando los intereses de medianos productores de cría, un grupo de Asociaciones Rurales locales de la provincia de Buenos Aires y La Pampa fundaron CARBAP (1932).

Características de la actividad

En términos generales, la cría se produce en zonas de menor aptitud de suelos y clima para la agricultura y/o la ganadería de engorde. En estas áreas, el recurso forrajero más abundante es el pastizal natural, asociado con bosques en la región chaqueña y del espinal. La vaca, por ser rumiante, aprovecha casi todo tipo de vegetación fibrosa —haciendo productivos lotes o zonas de escasa aptitud— y esta alimentación le es suficiente para gestar, parir y amantar un ternero.

Dentro de la región pampeana, la zona de cría más importante es la Cuenca del Salado. Otras subregiones de la pampeana y regiones extrapampeanas lindantes con la misma fueron emergiendo como regiones de cría, tales como el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, sur y oeste de la provincia de La Pampa, oeste y norte de Córdoba, norte de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Formosa y norte de la Patagonia.

El criador es un sujeto agrario profundamente condicionado por las características de su labor: plurianual  —debido al ciclo vital de sus animales— y compleja —por la incidencia de múltiples factores (socio-económicos, ambientales, políticos y económicos; tanto internos como externos)—. Dado que la mayoría de sus inversiones son a mediano y largo plazo e irreversibles, muestra gran sensibilidad a las repetidas variaciones de contexto. Dicho elemento conlleva un comportamiento cauteloso en innovaciones e inversiones, es decir, en la aceptación del riesgo. Estas particularidades hacen que sea señalado como conservador o tradicional y su actividad, como el talón de Aquiles para el crecimiento de la ganadería argentina.

Heterogeneidad y lógicas de funcionamiento

Como suele ocurrir en los discursos técnicos y políticos sobre las temáticas agrarias, prevalece una visión uniforme sobre los criadores, como si existiera un solo tipo y respondiera a una misma lógica de funcionamiento. Aunque hay muchos que son productores familiares (con lógicas típicas de lo familiar), generalmente se los considera como empresarios o al menos se espera que lo sean en el futuro (Bravo et al., 1994). Los muchos productores que poseen otras lógicas de funcionamiento, más ligadas a lo familiar y a la búsqueda de perennidad de su sistema productivo conviven con quienes orientan sus empresas hacia la maximización del beneficio (Cittadini, 1991; Bravo et al. 1994; Sili, 2007). De hecho, los productores familiares, pero no sólo ellos, también atribuyen al rodeo de cría la función de caja de ahorro: la acumulación de animales constituye un seguro contra las crisis y vicisitudes, y también una forma de capitalizarse.

Un ejemplo de la diversidad de lógicas en la gestión de la ganadería vacuna fue puesto en evidencia por Morales et al (2003). Desde el punto de vista de la gestión económica, los autores encontraron tres grandes comportamientos que detentaban una distribución equivalente. Un tercio de los productores minimizaba los costos de producción, otro tercio optimizaba los márgenes operativos y el tercio restante gestionaba el rodeo aprovechando oportunidades comerciales.

Las principales prácticas productivas que permiten diferenciar las lógicas de funcionamiento son la gestión de la reproducción (entore todo el año vs entore estacionado, inseminación artificial…), destete precoz de terneros, la producción de forraje y de conservación (rollos de heno, silo de autoconsumo) y la gestión del pastoreo. En este último ítem, una técnica que facilitó una mejor gestión del pastoreo fue la introducción del alambrado eléctrico, en la segunda mitad de la década de 1980.

“Mejoramiento” de razas y organización

La génesis de las asociaciones argentinas de criadores se produjo en torno a la importación de reproductores de razas de ganado vacuno, inicialmente europeas y, hacia la segunda mitad del siglo XX, índicas. Las primeras, provenientes de Inglaterra y Escocia (denominadas localmente como británicas), fueron introducidas a partir de 1825 con la llegada del toro de raza Shorthorn llamado Tarquino. De todos modos, los bovinos descendientes de ganado español (en la actualidad denominado criollo), que habían sido traídos por los primeros colonizadores, continuaron prevaleciendo y faenándose en torno a los saladeros. Posteriormente, en 1856 y 1857, se produjo una nueva importación de vacunos Shorthorn por parte de grandes propietarios de tierra, tales como Juan N. Fernández y Leonardo Pereyra. El primer toro Hereford de pedigree fue implantado en 1862 y el de la raza Aberdeen Angus, en 1879. Así se inició en la región pampeana un período de mestizaje del criollo con genética británica, que permitió una mejor adaptación a los requerimientos de los frigoríficos exportadores de carnes —congeladas primero y enfriadas más tarde—.

La introducción y reproducción de animales de sangre pura británica generó también la organización de asociaciones de criadores. A los criadores de bovinos de raza pura y registrada se los denomina cabañeros. Así, en 1888 algunos cabañeros de Shorthorn (raza dominante en esa época) fundaron la Asociación de Criadores de Shorthorn y publicaron su herdbook (libro) de animales de pedigree. En ese primer heardbook figuran 1.550 reproductores de pura sangre que pertenecían a 57 cabañeros (Giberti, 1986).El mismo derrotero fue seguido por los criadores de la raza Hereford y, más tarde, de Aberdeen Angus. Estos procesos fueron capitalizados por la Sociedad Rural Argentina, la cual organizó en 1875 la primera Exposición Rural y logró concentrar la tenencia y gestión de los herdbook de distintas razas bovinas entre 1893 y 1901.

La predominancia absoluta de razas británicas y del ganado criollo se vio modificada a principios de la década de 1940 por la introducción de razas índicas o cebuínas (Brahman) provenientes de Estados Unidos, bajo el auspicio de Celedonio Pereda en Hersilia (Santa Fe) y la Compañía Ganadera Entrerriana en Garruchos (Corrientes). La raza Brahman, producto del cruzamiento de diferentes tipos de cebú con Hereford y Angus, genera las razas sintéticas Bradford y Brangus. Estas últimas conocieron una gran difusión ante el desplazamiento de la ganadería por la agricultura, especialmente en el norte argentino. La Asociación de Criadores de Cebú (Brahman, Nelore, Gyr, entre otras razas cebuínas) se creó en 1954. Pero en 1996 pasó a ser Asociación de Criadores de Brahman, por el peso de criadores de esa raza en la asociación. En 1978 se instituyó la Asociación de Criadores de Brangus y en 1984, la de Bradford.

A pesar de ser el ganado más antiguo en el país (y en el continente), el ganado criollo recién en etapas recientes conoció un trabajo de mejoramiento y sus criadores se han organizado. La selección y reproducción conoce sus antecedentes en el INTA de Leales, donde se formó un plantel en 1959, con adquisiciones realizadas en el Chaco Salteño, que fueron enriquecidas con sucesivas incorporaciones de distintos orígenes y lugares del país. A partir de consultas e inquietudes de productores, en 1984 se realizó en la AER INTA Jesús María la Primera Jornada de Bovino Criollo y fue a partir de las segundas jornadas, en 1985,cuando se constituyó la Asociación Argentina de Criadores de ganado bovino criollo (http://bovinocriollo.com.ar/).

Al observar la evolución en la organización de los criadores en torno a las diversas razas, se observa que, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, se ha valorado sistemáticamente el material genético importado desde el continente europeo o desde América del Norte. Y, asociado a ello, los cabañeros o centros de reproducción que los importan, asocian simbólicamente sus apellidos o nombre de empresas al carácter de importado de esos recursos genéticos.

Dos herramientas tecnológicas, la inseminación artificial y el trasplante de embriones, fueron consideradas como un factor clave para el mejoramiento genético. Finalmente, ambas contribuyeron a profundizar el proceso de des adaptación de los biotipos bovinos a los sistemas pastoriles. De hecho, estas herramientas que facilitan la difusión de la genética de animales seleccionados, principalmente de toros, se difundieron en pleno apogeo de la introducción de genética de tipo New Type, a partir de la década de 1970.

Debates

Desde el punto de vista técnico, la actividad de cría es objeto de controversias. En algunos ámbitos técnicos y gubernamentales se pone el acento en sus bajas performances productivas (tasas medias de procreo, de parición y dedestete), responsabilizándola de las deficiencias y la escasa oferta de animales para engorde. En otros, sin embargo, se resalta la capacidad de innovación y adaptación a nuevas propuestas tecnológicas. No olvidemos que en la región pampeana se pasó, en forma generalizada, de los sistemas convencionales de labranza a la técnica de la siembra directa en un período extremadamente corto (4 a 5 años).

Parte de las explicaciones pueden situarse en el hecho de tratarse de una actividad con inversiones a mediano y largo plazo, inversiones que se pueden considerar de alto riesgo dados los constantes cambios en el contexto social y económico de Argentina. En ese contexto, las tasas actuales de producción pueden ser consideradas como puntos de equilibrio … Hipótesis de este tipo deberán ser exploradas para tener un mejor diagnóstico y para una mejor orientación de las políticas públicas.

Bibliografia

Bravo, G., Dorado, G. y Chia, E. (1994). Fonctionnement de l’explotationagricole et analyse de la diversité dans une perspective de développement rural. Recherches système en agriculture y développement rural. Symposium international. Montpellier, 21-25 novembre.

Cittadini, R. (1992). L’articulation entre les organismes de Recherche et de Développement et les Collectivités Rurales Locales. Thèse Doctorale, U. T. le Mirail – INRA-SAD, Toulouse, France.

Gaignard, R. (1979). La Pampa Argentine, L’occupation du sol et la mise en valeur (Tesis de Doctorado). Universidad de Bordeaux, cuatro tomos, 1174 p.

Giberti, H. (1986). Historia Económica de la ganadería argentina. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Hispamérica.

La Asociación Braford Argentina cumplió 25 años. (28 de agosto de 2009). Ámbito Financiero. Recuperado de t.ly/2lX3j

Morales Grosskopf, H., Correa, P., Noboa, A. y Salvarrey, L. (2003). Knowing the strategies of the livestock farmers of the NW of Uruguay. In Proceedings of the VIIth International Rangelands Congress, Durban, South Africa, 1857-1859

Sbarra, N. (2008). Historia del alambrado en Argentina. Buenos Aires, Argentina: Ed. Letemendia.

Sbarra, N. (2009). Historia de las aguadas y el molino. Buenos Aires, Argentina: Letemendia.

Sesto, C. (2003). El modelo de innovación tecnológica: el caso del refinamiento del vacuno en la provincia de Buenos Aires (1856-1900). Mundo Agrario. Revista de estudios rurales, 7.

Sili, M. (1996). Crise et Recomposition du Monde Rural de la Pampa, thèse doctoral U. T. le Mirail, Toulouse, 1996, 307 p.

Smith, P. (1986 [1968]).Carne y Política en la Argentina. Buenos Aires, Argentina: Hyspamérica.


  1. Recibido: julio de 2019
  2. Marcelo Agustín Champredonde: Ingeniero Agrónomo por la Universidad Nacional del Sur (UNS), Doctor en Estudios Rurales, mención Economía, por la Universidad de Toulouse, Jean Jaurés, Francia (UT2J). Posdoctorado en el L’Institutnational de la rechercheagronomique (INRA) de Corté, Córcega, Francia. Tiene asiento en la Agencia de Extensión Rural del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (AER INTA) de Bordenave. Profesor en la Maestría en Procesos Locales de Innovación y Desarrollo Rural (PLIDER), profesor invitado en la Cátedra de Extensión Departamento de Agronomía en la Universidad Nacional del Sur (UNS), profesor en la Universidad Provincial del Sudoeste (UPSO) y referente nacional e internacional en Denominaciones de Origen y otros sellos de calidad. Contacto: champredonde.marcelo@inta.gob.ar Raúl Alberto Perez: Ingeniero Agrónomo por la Universidad Nacional de Plata (UNLP), Master Européen d’ EtudesProfessionnelles en AgronomieTropicale et Subtropicale, Spécialité: “Vulgarisation et OrganisationsProfessionnellesAgricoles”, CNEARC (Centre Nationald’EtudesAgronomiques des RégionsChaude), Ministère de l’Agriculture, de la Pêche et de l’Alimentation. Montpellier. France. Investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en el Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF) para la Región Pampeana. Trabaja en el Grupo de Agroecología en el tema de Ganadería Familiar. Contacto: perez.raul@inta.gob.ar


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