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Trabajador algodonero[1]

(Región Chaqueña, Argentina, 1920-2014)

Germán Rosati[2]

Definición

Se entiende por trabajadores algodoneros a los sujetos que se desempeñan de forma asalariada en las diversas tareas de la producción del algodón. Aunque pueden emplearse asalariados en todas las tareas, la cosecha es la etapa que mayor volumen de trabajo asalariado consume. Por ello esta entrada se centrará en la fracción cosechera de los asalariados algodoneros.

Génesis y desarrollo: sometimiento y disciplinamiento de pueblos aborígenes y migraciones

Si bien históricamente la cosecha de algodón se hacía de forma manual, entre finales de la década del ’80 y mediados de la del ‘90, se produce la generalización de la cosecha mecánica en Chaco. Esto permite identificar dos tipos de trabajadores: cosecheros mecánicos y manuales.

Esta fracción de los asalariados rurales ha estado relativamente ausente de los estudios rurales argentinos. Los últimos estudios sistemáticos datan de la década del ‘80 (Nadal, 1987) y de la segunda mitad de la década de 2010 (Rosati, 2015).

De forma similar a otras áreas del país, el proceso de génesis histórica del mercado de fuerza de trabajo algodonero (y del sistema productivo algodonero en su conjunto) tuvo como condición la creación de una fuerza de trabajo libre: una fracción de población que no fuera propietaria de sus condiciones de existencia y que se encontrara, por ello, obligada a insertarse como vendedora de fuerza de trabajo, satisfaciendo la creciente demanda de trabajadores en la región.

El origen de la fuerza de trabajo de algodón en el Chaco se encuentra vinculado al proceso de constitución de un proletariado rural cuyo destino original eran otras actividades: el cultivo del azúcar en el norte, junto con los obrajes y producción de tanino en Chaco. Sobre estas fracciones de la fuerza de trabajo generadas en momentos previos del desarrollo de la estructura social del norte argentino se asentará el nuevo sistema productivo algodonero hacia la década del 1920.

La constitución de una parte de tales mercados laborales tuvo como operador principal la violencia, es decir, formas de coacción extraeconómica. En el caso chaqueño la formación de la fuerza de trabajo cosechera se realizó a través de dos procesos: 1) la destrucción de los modos de vida previos de la población aborigen chaqueño y 2) su disciplinamiento.

Se trataba de pueblos cuyo modo de vida y producción se basaba en la caza, la recolección, en una agricultura itinerante y en el “malón” (Fuscaldo 1982), el saqueo organizado y posterior comercialización de los bienes obtenidos. Por ello, una condición necesaria en el proceso de creación de fuerza de trabajo para incorporarlos a la actividad productiva (en una primera etapa para la producción azucarera en el norte y la actividad forestal en el Chaco argentino y luego, en una segunda etapa, para la actividad algodonera) suponía la descomposición de ese modo de vida y producción y la generación de fuerza de trabajo separada de sus condiciones materiales de existencia. Las campañas militares de 1884 y 1911 constituyen dos hitos relevantes en dicho proceso (Iñigo Carrera 2011).

Un segundo requisito será el disciplinamiento de la fuerza de trabajo indígena, que se conseguirá a través del mecanismo de la “reducción” (aunque no exclusivamente). Fueron creadas dos reducciones en el territorio del Chaco Argentino: la de Napalpí (ubicada en el centro de lo que posteriormente se convertiría en el territorio algodonero) y la reducción “Fray Bartolomé de las Casas”, situada en lo que es hoy la provincia de Formosa.

La reducción cumplía dos funciones destinadas a completar el proceso de creación de fuerza de trabajo como mercancía. La primera, el disciplinamiento de la fuerza de trabajo aborigen, habituada a la vida nómade y poco dispuesta al “trabajo constante”. La segunda consistía en el mantenimiento de la fuerza de trabajo en aquellos períodos en que no era demandada para la producción. Los ingenios del norte, los obrajes de Chaco y, posteriormente, la actividad algodonera requerían una gran cantidad de fuerza de trabajo con una demanda fuertemente estacional. La creciente demanda de la actividad algodonera a partir de la década del ‘20 hará necesario el empleo para el naciente sistema productivo de estas fracciones de fuerza de trabajo producidas para otras actividades.

Este doble proceso de sometimiento y disciplinamiento tuvo como respuesta diversos movimientos de resistencia por parte de los aborígenes que intentaron detener el proceso de separación de sus condiciones materiales de existencia, mitigar los efectos de ese proceso y/o garantizar su condición de asalariados “libres” que pudieran vender su fuerza de trabajo sin trabas (como en el caso de la reducción Napalpí en 1924). Estos movimientos asumieron, especialmente, formas milenaristas de resistencia: ejemplos son la masacre de Napalpí en 1924, los hechos de El Zapallar en 1931 y 1934 y los de Pampa del Indio en 1933 (Cordeu y Sifredi, 1971).

También será necesaria la incorporación como trabajadores asalariados de migrantes provenientes de Santiago del Estero y Corrientes que se desplazan como consecuencia de la crisis de las economías pastoriles y ganaderas (Bilbao, 1968-71) de dichas provincias. A su vez, se movilizan migrantes desde el Paraguay. Parte de la población que conformaba estas corrientes migratorias se asentó de forma definitiva, a veces en pequeñas parcelas “libres” entre las chacras algodoneras, alternando ocupaciones asalariadas (algodón y obraje) y una producción propia para el mercado.

Algunos rasgos del mercado de fuerza de trabajo entre 1920 y 1980

Existía una articulación entre el trabajo en la cosecha algodonera (entre los primeros meses del año), el trabajo en los obrajes (el cual tenía una característica más irregular) y la zafra en la producción azucarera, la cual se superponía temporalmente con la cosecha de algodón (Bilbao, 1968-71; D’ Alessio, 1969; Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, 1971).

En relación a las formas de remuneración, el pago a destajo —por bolsas o kilogramo de algodón recolectado— se mantiene de forma casi invariante a lo largo de casi toda la historia del sistema productivo algodonero. Resulta difícil construir una serie continua y de largo plazo de las remuneraciones efectivas percibidas por los cosecheros. No obstante, diferentes referencias permiten inferir que el pago por kilogramo de algodón era bajo: así hacia los años ‘30 se estimaba que el “salario máximo de un bracero era $2,50 moneda nacional”, lo cual “justifica la eterna y constante explotación de que son objeto los braceros y peones…” (Barba, 1934: 22.). Hacia la década de 1980, el cosechero ganaba por hora aproximadamente un 60% menos que un trabajador industrial (Nadal 1987: 106).

Pero es importante mostrar que, al igual que en otras producciones, el sistema de provista o proveedurías era de uso habitual: los colonos vendían a los cosecheros, que vivían en las explotaciones durante el período de trabajo, alimentos y otros bienes. En general, las ventas se hacían por encima del valor de mercado —con sobreprecios que oscilaban entre un 10% y un 35% respecto al valor de mercado (Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca 1971: 31)—-. lo cual permitía a los colonos recuperar parte del salario devengado.

El proceso de trabajo de la cosecha manual de algodón (única modalidad durante este período) se caracteriza por una base subjetiva, observable en dos indicadores. El primero es la relativa ausencia de mecanismos de control por parte del patrón. En efecto, solamente se limitaba a dos tareas: 1)  dar ciertas instrucciones sobre la forma en que debía realizarse la cosecha y 2) efectuar el pesaje del algodón recolectado por los trabajadores al final del día laboral. Esta ausencia de control tiene como contracara el “autocontrol” que el cosechero realiza de su propio trabajo como consecuencia de la forma de remuneración a destajo, pero este control asume una forma externa al proceso de trabajo. El segundo es el control por parte de los trabajadores de los ritmos de trabajo.

Finalmente, no parece tratarse de una tarea con elevados requerimientos de calificación por parte de los trabajadores. Un indicador lo constituyen las formas de reclutamiento. En ninguna de las formas habituales (directo del patrón, contratación recurrente a través de diversas campañas, presentación espontánea en la explotación, distribución de cosechadores por parte del estado, u otras formas de intermediación laboral) parecía existir un proceso de selección complejo. Al mismo tiempo, la tarea requerida es extremadamente simple: separar el capullo de la planta, cuidando que no lleve consigo ramas, tierras o suciedad.

Crisis del sistema productivo algodonero: mecanización, sojización y cambios en el mercado de fuerza de trabajo

Si bien, desde los primeros momentos de constitución del sistema productivo algodonero y a lo largo de todo su desarrollo (García y Mata, 1938), hubo intentos de introducir la cosecha mecánica de algodón esto se logra recién a fines de la década de 1980 y comienzos de la siguiente. Hacia el año 1987, se calculaba que un 15% de la superficie total se cosechaba con máquinas (Forclaz et al., 2002), este valor había pasado a casi un 50% en 2009 (Rosati, 2015).

Ahora bien, esta generalización de la cosecha algodonera se produce en una estructura social agraria afectada por otros dos procesos simultáneos. Por un lado, la diferenciación social de productores que tiene como consecuencias la pérdida de peso de productores pequeños-medianos (quienes históricamente habían constituido demandantes importantes de fuerza de trabajo estacional) y la expansión de sectores de productores de mayor escala y más capitalizados que logran incorporar tecnología sustitutiva de mano de obra y diversificar su producción. Por otro, la notable retracción de la superficie sembrada con algodón que se ve reemplazada por la soja (Valenzuela, 2007).

En este marco, la generalización de la cosecha mecánica tuvo diversos efectos sobre la actividad. Algunos se extienden hacia atrás en la actividad: la máquina requiere una planta de algodón de ciertas características (alto, densidad de bochas de algodón en la planta, sin malezas, etc.) que suponen un mayor grado de estandarización durante la etapa de cultivo.

Uno de los mayores impactos fue sobre la demanda de fuerza de trabajo asalariada en la cosecha: nuestras propias estimaciones (Rosati, 2015) muestran un descenso del 48,3% en las jornadas requeridas entre 1959/60 (momento en que la cosecha era manual) y 2009/10.

Al observar los procesos de trabajo, la cosecha manual no parece haber sufrido cambios sustanciales. A su vez, el proceso de trabajo mecánico se caracteriza —de forma similar al trabajo manual— por su base subjetiva: no existen grandes controles y/o mecanismos de supervisión; es el operador (y no la máquina) el que marca el ritmo de trabajo y la velocidad de la máquina en función del estado del algodonal. Tales ritmos y velocidades de trabajo son fijados de forma intuitiva por el operario.

En las remuneraciones a la cosecha mecánica, por su parte, existe un jornal fijo, que en la práctica es complementado por una fuerte componente de pago a destajo, lo cual muestra la persistencia de esta forma de remuneración. El proceso de adopción tecnológica no parece haber modificado sustantivamente las formas de remuneración por las que se rige este sistema productivo. Al observar las resoluciones de la Comisión Nacional de Trabajo Agrario (CNTA), parece observarse una brecha en los niveles de remuneración entre los maquinistas generales y los operarios de maquinaria agrícola que permanece constante oscilando alrededor del 35% entre 2007 y 2013. A su vez, es posible estimar que los cosecheros manuales apenas llegaban al límite de un Salario Mínimo Vital y Móvil hacia fines de 2013.

Tanto cosecheros manuales como operarios de maquinaria atraviesan diferentes puestos laborales y participan en diferentes mercados de fuerza de trabajo. Se pone de manifiesto una pauta de movilidad bastante elevada en ambos tipos de trabajadores, aunque ligeramente mayor en el caso de los trabajadores operarios de maquinaria. Específicamente en el caso de estos trabajadores, puede identificarse inserciones predominantemente en el sector agropecuario, aunque alternando diversos cultivos: realizan tareas en el cultivo de algodón, pero también en el cultivo de cereales y granos.

Entre los cosecheros y ex-cosecheros manuales se evidencian trayectorias por fuera del sector agropecuario: no se trata de sujetos que han quedado fuera de la estructura económica chaqueña (“marginales”) sino que se insertan en diversos sectores, aunque en las peores posiciones.

Reflexiones

Resulta importante marcar la existencia de una serie de constantes en el funcionamiento del mercado de trabajo algodonero: las condiciones de trabajo, los niveles de precariedad, las formas de remuneración a destajo, la relativa autonomía del trabajador, la baja complejidad de las tareas y la movilidad de los trabajadores aparecen como rasgos que no parecen modificarse a lo largo de todo el desarrollo de este mercado laboral, incluso en las etapas posteriores a la mecanización de la cosecha. De esta forma, difícilmente pueda pensarse en la existencia de un proceso de segmentación (en los términos de Kerr, 1977) entre un mercado manual y otro mecánico.

¿Qué posición y función ocupan los trabajadores asalariados en la estructura social agraria y en la estructura social general? Este problema ha sido abordado generalmente centrando la mirada en el papel que cumplen las formas de pequeña producción (de subsistencia, mercantil, etc.), situaciones generalmente caracterizadas por la no constitución de una fuerza de trabajo plenamente libre. En cambio, los asalariados agrícolas plenos no parecen haber sido objeto de una indagación tan profunda acerca de su posición y función en la estructura social agraria.

En el caso específico de los trabajadores de la cosecha de algodón difícilmente pueda hablarse de “afuncionalidad”, “disfuncionalidad” o “exclusión” (Nun, 2001). Ambos grupos de trabajadores parecen encontrarse plenamente insertos en la estructura económica y social. Ambos se encuentran disponibles para ser incorporados a aquellas tareas donde el capital los requiera. No obstante, parecen cumplir una función diferente en la estructura social agraria y en el mercado de fuerza de trabajo: los operarios se encuentran disponibles para ser incorporados al interior del sector agropecuario (generalmente en tareas vinculadas de forma directa a la producción). En cambio, los trabajadores manuales se encuentran disponibles para otros sectores y en tareas auxiliares en el sector agropecuario.

Ahora bien, ¿qué podría explicar estas funciones de disponibilidad que ambos grupos cumplen? Un factor que podría identificarse tiene que ver con el descenso en la demanda de fuerza de trabajo mencionado. En efecto, la reducción en la capacidad de absorción de fuerza laboral que se produce en el mercado de fuerza de trabajo algodonero podría estar vinculada a esta diferenciación (relativa) en las disponibilidades de ambos grupos de trabajadores, sin que por ello generara dos mercados de fuerza de trabajo sin vinculación entre sí. A su vez, queda planteado el interrogante de hasta qué punto la expansión de la agricultura en gran escala, en buena medida asociada a la expansión de la soja —más no exclusivamente— se vincula con este cambio en las disponibilidades relativas de ambos grupos.

Bibliografía

Barba, F. (1934). El algodón. Desarrollo y principales zonas de cultivo. Estudio técnico-cultural y económico social de su explotación y comercialización en el Territorio del Chaco. Ministerio de Agricultura de la Nación.

Bilbao, S. (1968-1971). Migraciones estacionales en especial para la cosecha de algodón en el norte de Santiago del Estero. Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología, 7, 327-365.

Cordeu, E. y Sifredi, A. (1971). De la algarroba al algodón. Movimientos milenaristas en el Chaco Argentino. Buenos Aires, Argentina: Juárez Editor.

D ́Alessio, N. (1969). Chaco: un caso de pequeña producción en crisis. Revista Latinoamericana de Sociología, 69(2), 384-409.

Forclaz, M., Mazza, S. y Giménez, L. (2002). La mecanización de la cosecha y su impacto sobre el empleo de mano de obra en el cultivo del algodonero en la Provincia del Chaco. Comunicaciones Científicas de la Universidad Nacional del Nordeste. Recuperado de http://t.ly/MEJc

Fuscaldo, L. (1982). La relación de propiedad en el proceso del enfrentamiento social (de propiedad comunal directa a propiedad privada burguesa). Serie Estudios, 42, Buenos Aires, Argentina: CICSO.

García Mata, R. y Franchelli, R. (1938). La cosecha mecánica del algodón. Buenos Aires, Argentina: Ministerio de Agricultura – Junta Nacional del Algodón.

Iñigo Carrera, N. (2011). Génesis, formación y crisis del capitalismo en el Chaco, 1870-1970. Salta, Argentina: Editorial Universitaria de Salta.

Kerr, C. (1977). The balkanization of labor markets. In Kerr, C., Labor markets wage determination: the balkanization of labor markets and other essays (pp. 21-37), Berkeley, USA: UCLA Press.

Ministerio de Agricultura y Ganadería (1971). Chaco: la mano de obra transitoria en la producción de algodón. Buenos Aires, Argentina: Dirección de Economía y Sociología Rural.

Nadal, S. (1987). Las condiciones de trabajo en zonas rurales. El trabajador de temporada en el Chaco. La cosecha de algodón. Resistencia, Argentina: Gobierno de la Provincia del Chaco.

Nun, J. (2001). Marginalidad y exclusión social. Buenos Aires, Argentina: FCE.

Rosati, G. (2015). Funcionalidad y diferenciación en un mercado de fuerza de trabajo en metamorfosis. El caso de la cosecha de algodón en Chaco (1960-2010). Tesis de Doctorado, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Valenzuela, C. (2006). Transformaciones agrarias y desarrollo regional en el Nordeste argentino: una visión geográfica del siglo XX. Buenos Aires, Argentina: La Colmena.


  1. Recibido: julio de 2020.
  2. Licenciado en Sociología por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (FSOC UBA). Magíster en Generación y Análisis de Información Estadística por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). Doctor en Ciencias Sociales por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), profesor de las carreras de Sociología y Antropología e investigador del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (IDAES-UNSAM). Investigador del Programa de Investigaciones sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA). Contacto: german.rosati@gmail.com.


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