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Criancero[1]

(Argentina, 1990-2019)

María Eugenia Comerci[2]

Definición

El criancero es un productor/a familiar que se dedica mayoritariamente a la cría de ganado menor (caprino y ovino) y, eventualmente, al ganado vacuno. Con un perfil campesino, suele tener dificultad para acumular excedentes y un acceso limitado a los recursos naturales. A menudo ejerce la tenencia precaria de la tierra bajo las formas de ocupación, con o sin permiso y/o aparecía en lotes fiscales o privados y se enfrenta con el permanente avance de las fronteras productivas (ganadería, petróleo, turismo). Además, en los sistemas de comercialización en los que participa, suelen generarse abusos de mercado con la venta atomizada del ganado en pie y sin capacidad de negociación.

Posee una producción familiar, un intenso sentido de pertenencia, un fuerte vínculo con la tierra y una lógica particular en la construcción del espacio propia de la territorialidad campesina. Los saberes en torno al manejo del ganado se tramiten generacionalmente y las técnicas de trabajo suelen ser rudimentarias (con el uso de remedios naturales, herramientas autoconstruidas, elaboración de cercos con piedra o ramas, etc.). A menudo complementa la actividad criancera con la elaboración de artesanías (en soga y en tejido) y realiza prácticas de caza, recolección o trabajo extrapredial, para garantizar la reproducción –simple o ampliada- del grupo doméstico.

Existen distintas modalidades de crianceros de acuerdo con las condiciones agroecológicas del ambiente y la trayectoria familiar: sedentarios y transhumantes. Mientras los primeros cuidan el rodeo de animales en un predio con límites materiales o simbólicos, los segundos realizan movimientos cíclicos de transhumancia de acuerdo con la presencia de pasturas en la veranada e invernada.

Habitan en los bordes pampeanos (es decir en regiones, con menor o más tardía inserción capitalista), ya sea valles andinos transversales y mesetas del norte patagónico (suroeste de Neuquén, y centro y oeste de Río Negro y Chubut) o el monte árido argentino (centro y oeste de La Pampa, sur de Mendoza, noroeste de Córdoba, norte de Santiago del Estero). Suelen llamarse localmente con distintas autodenominaciones que varían desde “puesteros” a “cabriteros” o “capricultores” o “cabreros” (en el sur de Chile).

Origen y características de la actividad

El sustantivo criancero, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española (2019), deriva de la palabra “crianza” y alude al sujeto (masculino y femenino) que en Argentina es “pastor transhumante”. En Chile se lo define como aquel que “cría animales” (recuperado de t.ly/pYwpk).

Según Bendini y Pescio (1999) en el sur argentino, los crianceros se adaptaron al trabajo trashumante como estilo de vida organizándose en torno a la actividad ganadera. En el marco de su cercanía con Chile y la accesibilidad de los pasos (valles transversales cordilleranos), sumado a la disponibilidad de tierra fiscal, se produjeron movilidades pastoriles que sentaron las bases de una vida rural trashumante a mediados del siglo XIX. El ganado engordado en veranada se vendía en Chile, sin embargo, el avance de los controles fronterizos, junto con el nuevo modelo impuesto por el estado nacional de desarrollo agroindustrial, alteraron esa territorialidad y establecieron formas legales de ocupación de tierras fiscales. En ese contexto se generó un control estricto que determinaba quién podía trasladar hacienda con destino a campos fiscales. Ante estos controles, algunos grupos siguen desarrollando la movilidad cíclica, mientras otros se sedentarizaron y continúan practicando la cría de ganado menor.De acuerdo con diferentes autores (Bendini y Pescio, 1999; Bendini, Tsakoumagkos y Nogues, 2005; González Coll, 2008; Alvaro, 2014, Comerci, 2016) la palabra criancero es una autodenominación de un amplio conjunto de productores familiares que se dedican fundamentalmente a la cría de caprinos y, minoritariamente, de ovinos. En los valles drenados por ríos del sur argentino, según Bendini, Tsakoumagkos y Nogues (2005), se pueden identificar tres modalidades básicas de crianceros:

  • los trashumantes que desplazan sus animales desde los campos bajos y áridos de “invernada” a los valles altos de las “veranadas” cordilleranas;
  • los sedentarios de los campos áridos de meseta ;
  • los agricultores ubicados alrededor de pequeños arroyos y mallines donde la ganadería se complementa con algunos cultivos precarios (pastos, cereales, hortalizas). 

En otros espacios de la Argentina marginal predominan los dos primeros tipos, sin desarrollo de la agricultura.

El sistema productivo se organiza en torno a los ciclos naturales: en el momento de parición (en los meses de septiembre y octubre cuando pasan las principales heladas) todo el grupo doméstico criancero participa del trabajo. Los cabritos se cuidan en corrales autoconstruidos con piedras (pircas), ramas de jarilla o pichanas —flora local— (corral de monte), o bien en “refugios” de madera que permiten diferenciarlos por edad y tipología. Cuando son mayores se los hace pastorear a “campo abierto” y durante la tarde se los busca por el monte si no regresan solos. Permanecen en la noche en los corrales y de día se los libera en distintos sectores del predio. Cuando alcanzan los siete kilos, para los meses de diciembre, se los vende en pie con distintas modalidades: a vendedores ambulantes, a intermediarios, frigoríficos o bien venta directa. Cabe aclarar que sólo una minoría de crianceros cuenta con vehículo para llevar los animales. Ello impone una dependencia histórica de los productores con los demandantes de cabritos que se traduce en un claro intercambio desigual (Comerci, 2015).

La cantidad de cabras por unidad doméstica varía regionalmente, pero se encuentra entre “piños” de 15 animales, en grupos empobrecidos que subsisten, hasta 1000 cabezas en caso de unidades que logran la reproducción ampliada.

Su vulnerabilidad dentro de la estructura productiva

Distintos autores (Tiscornia, 2000; Tsakoumagkos y Nogues, 2005 González Coll, 2008; Cáceres, 2009; Céparo 2010; Alvaro, 2014, Comerci, 2015; Comerci, 2016) analizan en el caso de los sujetos crianceros, el impacto del avance y cierre de las fronteras —internacionales y productivas— que ponen límites a su movilidad, al pastoreo del ganado y condicionan el desarrollo de las estrategias de reproducción social. El avance capitalista sobre los espacios de borde, torna altamente vulnerables a estos grupos, en espacial a los que carecen de los títulos de propiedad de sus tierras y/o permisos para ocuparlas. En este marco se han generado diversos conflictos por el uso y apropiación de los recursos naturales con agentes extralocales, de perfil empresarial.

Se han registrado estas situaciones en distintos espacios del país. En el sur mendocino Cépparo (2010) destaca los altos niveles de pobreza de estos grupos, la precariedad en la propiedad de la tierra, en los sistemas comercialización y en los niveles de informalidad de los procesos productivos. En la actualidad persiste la situación de inestabilidad sobre el control real de la tierra para los campesinos “fiscaleros” del norte patagónico, mientras crece la propiedad privada en campos fiscales destinados a ganaderos empresariales (Bendini y Steimbreger, 2010). Tiscornia et al. (2000) analizaron la llegada de nuevos sujetos al agro neuquino asociados con la producción ganadera de gran escala, las actividades turísticas y forestales, siendo desplazados los campesinos de las mejores tierras. Para los autores están quedando enclaves campesinos rodeados de grandes estancias y /o empresas a las que eventualmente les proveen mano de obra. Situaciones similares, con las particularidades de cada caso, se están generando en el norte cordobés donde la expansión de la agricultura industrial está presionando a las unidades campesinas en las que predominan “capricultores”. De acuerdo con Cáceres et al.(2009), el progresivo avance de la agricultura de oleaginosas y una creciente intensificación de la producción ganadera, ligada a explotaciones empresariales, está modificando el perfil productivo de la región, con altos costos sociales. En este escenario se acentúa el cercamiento de campos y, con ello, los cambios en el diseño y manejo de la producción ganadera, así como en las relaciones sociales, cada vez más conflictivas. El mismo proceso asociado con el avance de la ganadería vacuna, las actividades petrolera y cinegética se está generando en el centro/oeste de La Pampa, dando origen a distintos conflictos por el uso y apropiación del espacio (Comerci, 2016).

Otra de las dificultades que enfrentan históricamente los crianceros es el desigual sistema de comercialización de los caprinos con incapacidad de negociación en los productos. Tanto en el oeste de La Pampa, como en otros espacios donde el capitalismo ha penetrado más tardíamente que en la región pampeana, persisten prácticas de intercambio con acuerdos entre las dos partes, signadas por relaciones de dependencia y no mediadas exclusivamente por el dinero. Los vendedores ambulantes (“mercachifles”) e intermediarios tiene una gran flexibilidad en las formas de intercambio, por lo general no monetaria, mediante el trueque de animales y cueros (Comerci, 2015). Los sujetos que intervienen en el sistema de comercialización se enmarcan en las figuras del vendedor ambulante, el intermediario, el zafrero local, el acopiador nacional y el comercializador externo. En algunos casos son los estados provinciales los encargados de comprar la producción para faenarla en frigoríficos promovidos desde políticas públicas. En el centro-oeste pampeano, si bien se han generado políticas públicas destinadas a mejorar la comercialización de los caprinos a través de la construcción del frigorífico regional, que además busca para dar valor agregado a los productos, no se han alterado en forma significativa las relaciones de dependencia entre ambulantes, intermediarios y crianceros. La persistencia de una demanda estacional y duoposónica, el mal estado de los caminos y la atomización de los productores, dificultan encontrar soluciones a esta problemática que impide un desarrollo regional integrado.

Cambios y permanencias en la actualidad

En los últimos años, producto de la expansión capitalista y de la descampesinización, se ha acentuado la emigración de los jóvenes hijos de crianceros, que abrumados por la falta de posibilidades y de estímulos, abandonan el campo y la forma de vida heredada de sus padres, pasando a engrosar los bolsones de pobreza de los centros poblados y provocando el envejecimiento rural (González Coll, 2008). Estos procesos devienen en nuevas prácticas y reacomodamientos en el grupo doméstico que suponen mayores articulaciones con el mundo urbano, dobles resistencias campo-pueblo, ingresos extraprediales a través de transferencias del estado, entre otras (Comerci, 2016).

La permanencia de los crianceros en el espacio rural se explica, fundamentalmente, por la restricción a la expansión capitalista que produjo la persistencia de grandes extensiones de tierras fiscales y por la incapacidad del sistema económico de absorberlos en actividades alternativas (Bendini y Alemani, 2005). Actualmente existen reclamos para que los crianceros sean considerados como sujetos de derecho en la Ley Nacional 26.160, y puedan legitimarse sus reclamos de adjudicación en propiedad comunitaria de los territorios que tradicional y actualmente utilizan en invernada y veranada, poniendo fin de esa manera el régimen de permisos provisorios y a la irregular situación registral (González Coll, 2008).

Perspectivas de análisis

Los crianceros constituyen un conjunto de sujetos familiares con predominante perfil campesino. Como ya fue señalado, en las unidades domésticas confluye una pluralidad de posiciones en el proceso de reproducción social. Desde el punto de vista discursivo, los crianceros han sido interpretados por el modelo dominante de diferentes maneras. De acuerdo con investigaciones de Bendini y Pescio (1999), en la década de los ochenta, la trashumancia era visualizada como una problemática social y territorial asociada con la pobreza rural, la autosubsistencia y el deterioro del medio ambiente. En los años noventa se acusaba a los crianceros de ser los responsables de la erosión del suelo y la presencia campesina comenzaba a verse como un “obstáculo” para usos alternativos y con perfil empresarial. Luego de la devaluación de 2002 y nuevo corrimiento de la frontera los crianceros pasan a concebirse como “ocupantes” que carecen de los títulos de propiedad y dificultan el avance del capital.

Las perspectivas actuales enmarcadas en los estudios culturales recuperan el perfil identitario y el anclaje territorial de estos grupos para explicar su persistencia en un contexto de adversidad ante el avance de las relaciones de producción capitalistas. El vínculo de los crianceros con la tierra y su contenido identitario constituye un componente clave de la resistencia simbólica, para conservar su condición social de productores, para resistir al desplazamiento o abandono (Bendini, y Steimbreger, 2010; Comerci, 2015).

Sus conocimientos de los recursos del lugar, faunísticos, florísticos, geomorfológicos, climáticos y edáficos, los convierten en portadores de una cultura de la cría del ganado menor que se altera ante los procesos -internos y externos- a los que se someten. Con saberes ancestrales internalizados los crianceros constituyen sujetos que han sabido adaptarse a las inclemencias climáticas y a las variaciones ambientales y han resistido a los cambios de los modelos político-económicos y sus dinámicas fronteras. Como resultado de estos procesos son sujetos que persisten en el sistema capitalista, con alta vulnerabilidad social.

Bibliografía

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Andrade, L. (2005). Sociología de la Desertificación. Buenos Aires, Argentina: Miño y Dávila.

Bendini, M. y Pescio, C. (1999). Pobreza y resistencia campesina. De la superviencia a la exclusión. El caso de los crianceros de la cordillera patagónica. Revista Austral de Ciencias Sociales, 3, 129-140. Recuperado el 22/4/2019 de t.ly/Rk90p

Bendini, M. y Alemany, A. (Comps.) (2005). Crianceros y chacareros en la Patagonia. Cuaderno GESA 5 – INTA – NCRCRD. Buenos Aires, Argentina: Editorial La Colmena.

Bendini, M. y Tsakoumagkos, P. (2003). El agro regional y los estudios sociales. Temáticas y reflexiones. En M. Bendini, S. Calvancanti, M. Murmis y P. Tsakoumagkos (Comps.), El campo en la sociología actual. Una perspectiva latinoamericana (pp. 15-28). Buenos Aires, Argentina: Editorial La Colmena.

Bendini, M. y Steimbreger, N. (2010). Dinámicas territoriales y persistencia campesina: redefinición de las unidades y espacios de trabajo de los crianceros en el norte de la Patagonia. Revista Territorio y Transporte, 3, 49-76. Recuperado el 24/4/2019 de t.ly/Wwx5A

Cáceres, D., Sillvetti, F., Soto, G. y Ferrer, G. (2006). Y vivimos de las cabras. Transformaciones sociales y tecnológicas de la capricultura. Buenos Aires, Argentina: Editorial La Colmena.

Cépparo, M. E. (2010). La marginalidad. La complejidad del proceso y la identificación del concepto. En M. E. Cepparo (Comp.), Rasgos de marginalidad. Diferentes enfoques y aportes para abordar su problemática. Malargue, un ejemplo motivador (pp. 19-39). Mendoza, Argentina: Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo.

Comerci, M. E. (2015). Relaciones de intercambio en el oeste pampeano: el papel de los ambulantes. Estudios Socioterritoriales, 18, 13-29. Recuperado el 22/4/2019 de t.ly/YwBZE

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González Coll, M. (2008). Crianceros transhumantes patagónicos. Un modo de producción que se resiste a desaparecer. Revista Tefros, 6(1), 1-15.

Real Academia Española (2019). Recuperado el 20/4/2019 de t.ly/Vw2ZZ

Tiscornia, L. Nievas, I., Alvarez, G. Brizzio, J. Vecchia, M. y Percaz, J. (2000). Los estancieros de la provincia de Neuquén. Vigencia de la gran propiedad territorial. Cuadernos del PIEA, 12. Facultad de Ciencias Económicas/UBA, 9-42.


  1. Recibido: julio de 2019.
  2. Profesora y Licenciada en Geografía y Magíster en Estudios Sociales y Culturales por la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam). Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con sede en el Departamento e Instituto de Geografía de la UNLPam. Profesora Asociada Regular en Geografía de Argentina (UNLPam) y Directora de la Revista Huellas (FCH, UNLPam). Contacto: eugeniacomerci@gmail.com


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