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Pastor[1]

(Zona cordillerana de Argentina, Chile, Bolivia y Perú, siglos XIX-XX)

Jorge Tomasi y Julieta Barada[2]

Definición

Entendemos como pastores a los sujetos sociales que tienen como actividad principal al pastoreo, en tanto actividad productiva asociada con la crianza de distintas especies de animales a través del aprovechamiento y transformación de los recursos naturales disponibles a partir de la movilidad tanto de los rebaños como de los grupos domésticos (Galaty y Johnson 1990; Khazanov, 1994; Turner, 2009).

Sociedades pastoriles

La existencia de un sistema pastoril implica que la crianza de los animales es económica y culturalmente dominante. El pastoreo se constituye como el rasgo cultural por excelencia, haciendo que los animales jueguen “(…) un rol predominante, aunque no necesariamente exclusivo, en el modelado de sus vidas económicas y culturales” (Galaty y Johnson, 1990:1). En la misma línea, Khazanov propuso que el pastoreo no es solamente “un modo de ganarse la vida, sino que es también un modo de vida” (1994: XXXIII).

Dada la especialización productiva de esta actividad, los grupos pastoriles necesitan de determinados productos que no producen, lo cual descarta la idea que sean grupos aislados con poca relación con el exterior. Las estrategias de interacción de los pastores son variables y pueden implicar desde el intercambio con agricultores de otras zonas ecológicas, la venta de productos e incluso la participación en mercados laborales.

Los grupos pastoriles, cultural e históricamente definidos, presentan diferencias importantes entre sí, en el uso dado a los animales, la organización del trabajo, el control de las pasturas, los desplazamientos del rebaño y las personas, y la colocación de los productos del pastoreo. En este sentido, la comprensión del pastoreo requiere de una aproximación que contemple su totalidad social, o al menos, una cantidad significativa de elementos.

Unidad doméstica, familia y comunidad

La movilidad de los animales junto a la unidad doméstica se constituye como una estrategia que permite el sostenimiento del rebaño y asegura la cercanía de los animales con las personas. Esta cercanía define la relación con las formas de organización doméstica, social y política, el acceso a la tierra y los recursos, las condiciones ambientales y la conformación de los rebaños (Galaty y Johnson, 1990). De acuerdo a Khazanov (1994), dentro de las sociedades pastoriles existen dos instituciones sociales universales: la familia y la comunidad. La familia usualmente no incluye más de dos generaciones de adultos y se constituye como unidad económica individual y autónoma. La comunidad, por su parte, surge en relación con la dificultad que tienen las familias para realizar con su fuerza de trabajo la totalidad de las tareas necesarias dentro de un ciclo anual. Uno de los principales atributos de la comunidad es el manejo de los recursos clave (pasturas o agua) y su propiedad. La colaboración inter familiar dentro de la comunidad se da por dos caminos, el primero es la vecindad y el segundo, el parentesco.

Movilidades y fronteras

En toda el área cordillerana, desde la Argentina hasta Perú, bajo el nombre de pastores, crianceros o puesteros, históricamente distintos grupos han tenido al pastoreo como su principal actividad, sosteniendo sus rebaños a través de una movilidad estacional. Más allá de los aspectos compartidos, las características específicas de las prácticas de movilidad y las conformaciones de los asentamientos pastoriles en cada caso son muy variables, en relación con las distintas trayectorias históricas, las formas de tenencia de la tierra y las condiciones ambientales. Un aspecto común es la imposibilidad de circunscribir las prácticas de los grupos a un único estado nacional, en tanto históricamente han tendido a desplazarse y sostener vínculos continuos más allá de las actuales fronteras nacionales. En efecto, aunque los grupos pastoriles tengan algunos o todos sus asentamientos en lo que hoy es Argentina, sus vínculos de intercambio han implicado relaciones sostenidas con poblaciones en el actual territorio chileno y boliviano.

Distintos campos disciplinares se han ocupado del estudio de las sociedades pastoriles a lo largo de la cordillera de Los Andes, con un fuerte foco de interés en la movilidad.

Las sociedades pastoriles de tierras altas andinas comenzaron a ser estudiadas en forma sistemática desde la década de 1960, con énfasis en Perú (Flores Ochoa, 1967; Webster, 1973; Palacios Ríos, 1977; entre otros). Luego de una etapa de descenso del interés sobre la temática, a partir de finales de la década de 1980, se produjo una suerte de resurgimiento (p.e. Flannery et al., 1989). En esta nueva etapa se registró una ampliación de las áreas de estudio con la incorporación de poblaciones en Bolivia (Nielsen, 1996), el norte de Chile (Nuñez, 1995; Gundermann, 1998) y de la Argentina (Yacobaccio et al., 1998; Delfino, 2001; Göbel, 2001; Tomasi, 2013; Barada, 2017). El pastoreo altoandino se caracteriza por los movimientos cíclicos de los rebaños entre distintos pisos ecológicos o bien entre sectores con micro variaciones altitudinales que permiten un manejo estratégico de los recursos, en el marco de una apropiación de ciertos lugares significativos para la conformación de los grupos domésticos (Tomasi, 2013). De acuerdo a Flores Ochoa (1967) las características de la “sociedad de la puna alta” son la trashumancia estacional, el patrón de poblamiento disperso y la centralidad de la “familia”. Los pastores realizan una cierta cantidad de cambios de residencia a lo largo del año siguiendo la disponibilidad de pasturas en uno u otro sitio dentro de una o varias definiciones territoriales, con un asentamiento principal y otros tantos temporales. Los pueblos han tendido a ser utilizados sólo en determinados momentos del año. Si bien es posible sostener en la actualidad esta caracterización, lo cierto es que particularmente el rol de los centros poblados ha cambiado significativamente en las últimas décadas, en tanto parte de las unidades domésticas residen en forma más o menos estable allí, transformación que está muy asociada al despliegue de las diferentes instituciones del estado y en particular a la escolaridad de los menores (Barada, 2017).

En el área de Cuyo, particularmente en la provincia de San Juan, los grupos de crianceros de ganado caprino y vacuno sostienen una movilidad estacional que implica desplazamientos transcordilleranos (Hevilla y Molina, 2010). La estrategia de pastoreo se afirma en la alternancia entre la “veranada” y la “invernada”, con movimientos ascendentes y descendentes en la cordillera. Mientras que durante la “invernada” se trasladan hacia los sectores de menor altura al oeste de la cordillera en el actual territorio argentino, en la “veranada” se ocupan los valles en la alta cordillera, para el aprovechamiento de las aguas de deshielo (Hevilla y Molina, 2010).

En el caso norpatagónico también se han referido estrategias de movilidad ascendente y descendente basadas en un sistema de dos asentamientos principales (Mare, 2009; Bendini y Steimbreger, 2010; Silla, 2010). En el caso del noroeste neuquino, uno de los sectores más estudiados, los “crianceros” sostienen sus “veranadas” en las partes altas de la cordillera, y las “invernadas” se ubican en los valles intermontanos, mientras que algunos productores tienen además un asentamiento en un piso conocido como “primavera” (Silla, 2010). De acuerdo a lo planteado por este autor, el movimiento implica un cambio en las dinámicas de las familias e incluso en las relaciones que se establecen, tal que habría una “sociedad de verano” y una “sociedad de invierno”, con diferentes vecinos en cada caso. En el primero, las familias están más dispersas, mientras que durante el invierno tienden a agruparse más. Las distancias a recorrer entre ambos sitios pueden abarcar desde unos pocos kilómetros hasta más de 200 (Bendini y Steimbreger, 2010).

Por su parte, en el oeste pampeano la organización del pastoreo gira en torno a la importancia del “puesto” como principal asentamiento familiar y unidad de explotación (Comerci, 2010). Desde este espacio, los “puesteros” se desplazan con sus rebaños por las tierras de pasturas, con lógicas diferentes de acuerdo a los regímenes locales de tenencia y acceso a los recursos. El avance de la frontera agropecuaria ha provocado una diminución en las tierras disponibles para el pastoreo y una creciente tensión en el acceso a los recursos.

Estados nación y comunidades pastoriles

Una temática recurrente en el análisis sobre las dinámicas de los grupos pastoriles ha sido el vínculo que históricamente han tenido con los estados (Hevilla y Molina, 2010; Silla, 2010; Barada, 2017). Lejos de ser apoyado por las políticas estatales, el pastoreo ha sido incluso atacado de manera activa contextos específicos (Turner, 2009). Las ideas respecto del poder del estado en el control de un espacio continuo, delimitado y clasificable participaron activamente de la consolidación de los estados nacionales americanos en el siglo XIX, y persisten en la actualidad en buena parte de los dispositivos que los estados modernos construyen en diferentes sitios del mundo para el control de sus poblaciones, sus espacios, su producción y modos de vida. El estado moderno se despliega en el marco de una población que es, fundamentalmente, sedentaria.

En este marco, hay al menos dos cuestiones que resultan insuperables del modo de vida pastoril para la conformación de la estatalidad. La primera es que el movimiento de los pastores dificulta el control de la población y su producción dentro de las fronteras estatales. El espacio cordillerano ha sido, desde tiempos prehispánicos, un ámbito pleno de intercambios y de desplazamientos de sus habitantes (Molina Otarola, 2008). Sin embargo, la condición de frontera interestatal del área conllevó al despliegue de distintas políticas de control, implicando importantes transformaciones en ciertos patrones de movilidad transcordilleranos a causa de los controles aduaneros.

La segunda cuestión que resulta conflictiva de la vida pastoril es que en su movimiento hay un uso y producción del espacio asociado a los aspectos productivos, pero por sobre todo culturales, que dificulta su inclusión dentro de los esquemas clasificatorios propiciados por el estado. Los diferentes dispositivos estatales a escala global, desde los que se construye un cierto universo de clasificaciones, resultan insuficientes para comprender estas dinámicas (Khazanov, 1994). Convertir a las poblaciones pastoriles en ciudadanos de un estado-nación fue el objetivo central de las instituciones y agentes del estado desde su conformación. Así, transformar las dinámicas socio-espaciales de las poblaciones pastoriles y desarrollar su condición ciudadana estaba asociado a la idea de “hacer patria” (Silla, 2010).

El rol que los estados han tenido en la progresiva urbanización de los grupos pastoriles no es un problema exclusivo ni del estado moderno, ni del ámbito cordillerano. La aparente dicotomía que se plantea entre los estados y los pastores debe ser comprendida con precaución, ya que no se trata de entidades estáticas entre las que se presenta una divergencia absoluta. Por el contrario, debemos comprender que, en cada contexto, los pastores, los estados y sus mutuas relaciones han sido particulares y variables a lo largo del tiempo. En el contexto americano, la sedentarización de los grupos pastoriles tuvo su germen en las reducciones de indios coloniales. Además de posibilitar el control físico de la población y regular el pago de tributos, las reducciones implicaban la ruptura de un patrón de ocupación del espacio que no sólo era parte de un modo de vida, sino que se trataba de una forma constitutiva de su historia social. Los pueblos, como sitios de instalación de las instituciones del estado colonial y posteriormente republicano, de sus formas sociales y urbanas, se han ido incorporando, sin embargo, como partes de esa misma espacialidad pastoril constituyendo espacios “liminales”. En este marco, es que cada caso presenta particularidades entorno a la efectividad de los procesos de sedentarización de los pastores. En muchos casos, ha sido su misma condición dinámica (Khazanov, 1994) la que les ha permitido desarrollar estrategias de subsistencia que lejos de situarlos por fuera de las estructuras estatales les ha permitido negociar con estas mismas. La movilidad que posibilita la reestructuración dinámica de las unidades domésticas, el acceso a empleos asalariados en simultaneo al sostenimiento de la hacienda y sus prácticas y espacios asociados, e incluso la persistencia de prácticas de intercambio transfronterizas que se desarrollan en los márgenes de la estatalidad, son algunas de las características de la actualidad del pastoreo que deben ser consideradas a la hora de reconocer las respuestas de los grupos sociales a los contextos particulares y su propia condición como agentes históricos en procesos más amplios.

Bibliografía

Barada, J. (2017). Un pueblo es un lugar: materialidades y movilidades de los pastores puneños ante las lógicas del estado(Tesis doctoral). Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Bendini, M.I. y Steimberg, N. G. (2010). Dinámicas territoriales y persistencia campesina: redefinición de unidades y espacios de trabajo de los crianceros en el norte de la Patagonia. Revista Transporte y Territorio, 3, 59-76.

Comerci, M.E. (2010). Territorialidades, espacios vividos y sentidos de lugar en tiempos de avance de la frontera productiva. Mundo Agrario, 11(21).

Delfino, D. (2001). Las pircas y los límites de una sociedad. Etnoarqueología en la Puna (Laguna Blanca, Catamarca, Argentina). En L. Kuznar (Ed.), Ethnoarchaeology of Andean South America (pp. 97-137). Michigan, USA: International Monographs in Prehistory.

Flannery, K., Marcus, J. y Reynolds, R. (1989). The Flocks of the Wamani. A Study of Llama Herders on the Punas of Ayacucho, Peru. San Diego, USA: AcademicPress.

Flores Ochoa, J.A. (1967). Los Pastores de Paratia. Una introducción a su estudio. Cuzco, Perú.

Galaty, J.G. y Johnson, D.L. (1990). Introduction: Pastoral Systems in Global Perspective. En J. G. Galaty y D. L. Johnson (Eds.), The World of Pastoralism. Herding Systems in Comparative Perspective (pp. 1-32). New York, USA: The Guilford Press.

Göbel, B. (2002). La arquitectura del pastoreo: Uso del espacio y sistema de asentamientos en la Puna de Atacama (Susques). Estudios Atacameños, 23, 53-76.

Gundermann, H. (1988). Ganadería Aymara, ecología y forraje (Chile). En J. A. Flores Ochoa (Ed.),Llamichos y Paqocheros. Pastores de Llamas y Alpacas (pp. 101-112). Cuzco, Perú: Editorial Universitaria.

Hevilla, M.C. y Molina, M. (2010). Trashumancia y nuevas movilidades en la frontera argentino-chilena de los Andes Centrales. Transporte y Territorio, 3, 40-58.

Khazanov, A.M. (1994 [1983]). Nomads and the outside world. Wisconsin: The University of Wisconsin Press.

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Molina Otarola, R. (2008). Relaciones transfronterizas entre atacameños y collas en la frontera norte chilena-argentina. La Desintegración de Espacios y Articulaciones Tradicionales Indígenas. En Institut de recherche et débat sur la gouvernance. Documento on line recuperado de http://www.institut-gouvernance.org/fr/analyse/fiche-analyse-408.html

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Yacobaccio, H.D., Madero, C. M. y Malmierca, M.P. (1998). Etnoarqueología de pastores surandinos. Buenos Aires, Argentina: Grupo de Zooarqueología de Camélidos.


  1. Recibido: julio de 2019.
  2. Jorge Tomasi: Arquitecto por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU – UBA), Magíster en Antropología Social por el Instituto de Desarrollo Económico y Social el Instituto de Altos Estudios Sociales y la Universidad Nacional de General San Martín (IDES-IDAES-UNSAM) y Doctor de la Universidad de Buenos Aires área Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL – UBA). Investigador Adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones sobre la Naturaleza y la Sociedad “Rodolfo Kusch” (Universidad Nacional de Jujuy), en la localidad de Tilcara, provincia de Jujuy, Argentina. Contacto: jorgetomasi@hotmail.com. Julieta Barada: Arquitecta por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU – UBA), Magíster en Antropología Social por el Instituto de Desarrollo Económico y Social el Instituto de Altos Estudios Sociales y la Universidad Nacional de General San Martín (IDES-IDAES-UNSAM) y Doctor de la Universidad de Buenos Aires área Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL – UBA). Becaria posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones sobre la Naturaleza y la Sociedad “Rodolfo Kusch” (Universidad Nacional de Jujuy), en la localidad de Tilcara, provincia de Jujuy, Argentina. Contacto: ju.barada@gmail.com.


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