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Movimiento Campesino de Formosa (MOCAFOR)[1]

(Formosa, Argentina, 1999-2020)

Matías Berger[2]

Definición

Organización rural-agraria surgida a fines de la década del 90 para representar una amplia base de población rural que incluye productores agropecuarios de pequeña escala y semi-proletarizados, trabajadores rural-agrarios e integrantes de pueblos originarios. Sus reivindicaciones se agrupan en torno a la demanda de políticas estatales que promuevan la Soberanía Alimentaria a partir del fomento de la agro-ecología y el desarrollo rural integral.

Orígenes

El MOCAFOR surgió a partir de los vínculos entre pobladores del interior de la provincia de Formosa, sacerdotes católicos, agentes de instituciones estatales y de ONGs, integrantes de organizaciones sindicales y organizaciones estudiantiles universitarias. Esta confluencia generó las condiciones para la emergencia de la organización, sin que ello fuese necesariamente un objetivo común y explícito. En las localidades de General Belgrano y Misión Tacaaglé, en particular en las colonias rurales, se produjeron los hechos que configuraron el punto de partida.

La organización ha impulsado protestas, cortes de ruta y movilizaciones con motivos y objetivos variados, como regularizar la gestión de los comedores escolares en escuelas rurales, acceder a planes de vivienda, impedir fumigaciones aéreas, lograr el acceso de la población rural a subsidios estatales, demandar la regularización dominial de la tierra, disponer de subsidios compensatorios para productores algodoneros y en emergencias climáticas, acceder a programas estatales para fomento y diversificación de la producción y frenar ejecuciones por deudas crediticias y desalojos por conflictos dominiales. Entre las acciones más visibles a nivel provincial se encuentran el corte de la ruta Nº 81, a la altura de la localidad de Ibarreta, en enero  de 1999; el corte de la ruta Nº 86, en la localidad de Belgrano, como parte de la jornada nacional de protesta organizada por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) en julio de 1999; la movilización y corte de ruta en el ingreso a la ciudad de Formosa en julio de 2004; la caminata desde General Belgrano a Formosa, realizada en el año 2005; y una larga caminata desde el Impenetrable hasta la ciudad de Buenos Aires, en 2011. A lo largo de sus 20 años ha integrado la CTA, la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), la Mesa Nacional de Organizaciones de Productores Familiares de Argentina, el Foro Nacional de la Agricultura Familiar (FoNAF), el Frente Nacional Campesino (FNC) (desde abril de 2008 hasta la actualidad) y, desde 2019, el Foro por un Programa Agrario Soberano y Popular.

Base Social

El MOCAFOR se define públicamente como un “movimiento de los pobres del campo”. La amplitud de esa definición de su base social ha ido acompañada por el propósito de redefinir el concepto de campesino en base a la residencia rural (incluyendo pequeñas localidades), al vínculo predominante –mas no excluyente– con las actividades agropecuarias y al objetivo de prestigiar y dignificar la población trabajadora del campo en su lucha contra las desigualdades que afectan sus condiciones de vida. Por ello, en consonancia con la amplitud de esa definición, las demandas de la organización pueden agruparse en torno a la exigencia de una política de desarrollo rural integral.

Por base social se entiende aquí al conjunto de la población cuyos intereses buscan ser articulados y representados en un sujeto colectivo a partir de una interpretación que supone como potencialmente posible dicho fenómeno. Para comprender los procesos de producción de dicha representación, en el doble sentido de enunciar una categoría que nombra y explicita un grupo y de expresar públicamente las perspectivas e intereses de ese grupo, “hacer ver y hacer valer los intereses” (Bourdieu, 1988), es preciso estudiar los aspectos ideológicos y culturales asociados a la producción discursiva y práctica de la representación socio-política (Bartolomé, 1982; Archetti, 1988).

Al analizar el origen y la constitución del MOCAFOR, Sapkus (2001a) caracteriza el aporte ideológico de los sacerdotes de la iglesia católica como un discurso producido desde una perspectiva neo-populista y el de los sectores sindicales nucleados en la CTA, desde una perspectiva clasista. La perspectiva neo-populista promueve el cooperativismo como vía para mejorar las condiciones de producción y comercialización. Tiende a naturalizar e idealizar la identidad y cultura campesina, al fundamentar su superioridad económica y moral, contraponerla al capitalismo y presuponer que sus expresiones tienen necesariamente un sentido de transformación social. Este discurso es efectivo para articular los intereses de aquellos productores que pueden desarrollar formas de reproducción simple y, eventualmente, cierta acumulación. Sin embargo, resulta contradictorio con el propósito de aunar los intereses de los campesinos pobres. Por contrapartida, el discurso clasista sindical otorga mayor importancia a la figura del trabajador. En los inicios, ambas perspectivas coexistían en forma relativamente desorganizada en los discursos de los dirigentes, configurando la amplia base social que ya hemos mencionado. El MOCAFOR portaba así la contradicción entre un discurso que enlazaba predominantemente los intereses de productores agropecuarios con cierto nivel de integración al capitalismo y una base social en la que ese tipo de productor podía resultar minoritario (Sapkus, 2001a).

Aún en la actualidad, el MOCAFOR pretende articular colectivamente y representar a pequeños productores agropecuarios, obreros rurales y trabajadores desocupados de las poblaciones rurales y periféricas de pequeñas localidades. Se erige como representante de un campesinado que aglutina franjas de población afectadas por procesos de pauperización, tanto en su condición de productores mercantiles simples como de trabajadores rural-agrarios. Su heterogénea composición social congrega así a los estratos empobrecidos de la población rural-agraria que combinan ingresos provenientes de actividades prediales, trabajos temporarios remunerados, transferencias monetarias estatales y remesas de dinero enviadas por migrantes, presentando de ese modo una ruralidad no exclusivamente agraria (Sapkus, 2001b). Estos grupos heterogéneos plantean un desafío a los procesos de agregación y representación política en el marco de la descomposición de precarias economías rural-agrarias periféricas (Valenzuela, 2006) que renuevan la pregunta por la participación política de las población rural-agraria en Argentina.

Estrategias y alianzas

La organización de la participación y representación política plantea al MOCAFOR una encrucijada para los procesos de articulación de intereses colectivos que oscila en forma permanente entre reducir la base de representación, priorizando a una minoría de productores que pueden sostener procesos de reproducción simple o, contrariamente, articular una mayoría cuyo carácter rural-agrario es más difuso e impreciso. El MOCAFOR ha ensayado coyunturalmente ambas estrategias, aunque ha perseverado en el objetivo de conformar una representación lo más amplia posible.

La historia de la organización permite observar que ambas opciones presentan contradicciones y dificultades prácticas. En situaciones en que ha prevalecido el carácter “agrarista” de las demandas se ha presentado el riesgo de una captura de los beneficios por parte de los sectores con mayores recursos, incluso dentro de los estratos menos capitalizados, y un desplazamiento de aquellas problemáticas que exceden el marco sectorial. Esto se observa en los acercamientos y desencuentros con Federación Agraria Argentina (FAA), tanto en el marco de negociaciones sectoriales a nivel provincial (como las ocurridas en los años 2004 y 2005) como en el cuestionamiento a la coordinación del FoNAF que dicha organización tuvo a cargo hasta 2008 (Berger, 2018). Adicionalmente, en Argentina, la cuestión agraria en áreas extra-pampeanas, asociada a pueblos originarios y campesinos, ha recibido una atención marginal (Guerreiro, Hadad y Wahren, 2018). El mencionado desplazamiento de las problemáticas no sectoriales también ha sido una característica de los programas estatales y uno de los aspectos que ha llevado a la organización a cuestionar la implementación del Programa Social Agropecuario, de los programas Cambio Rural 2 y Pro-Huerta y del Programa/Instituto para la asistencia integral para los Pequeños Productores Agropecuarios, desde 1996 (PAIPPA) (Berger, 2012).

Por contrapartida, en las ocasiones en que predomina la perspectiva “sindical” se observa la dificultad para impedir que los intereses de la población rural-agraria no sean subordinados y/o postergados en beneficio de los sectores asalariados o de los desocupados. Un ejemplo de ello se vislumbra en la participación del MOCAFOR en la CTA y en la FTV. En ambos casos, la intervención se ha visto afectada porque, desde la perspectiva de un grupo de dirigentes, los campesinos no han resultado beneficiados de las protestas efectuadas en 1999 y de la movilización hecha en 2004, quedando relegados sus intereses y demandas. Lo referido plantea un debate práctico de suma importancia en relación a las posibilidades de agregación política como fracción de la clase obrera de estos sectores de población, más allá de la presencia de componentes proletarios o semi-proletarios (Desalvo, 2014).

Los vínculos y alianzas realizadas en el orden nacional han dejado como saldo una importante red de vinculaciones y una mayor visibilidad de la organización, que ha llevado a sus dirigentes a ocupar un rol protagónico en la constitución del Frente Nacional Campesino en 2008 y que le han permitido obtener cierto reconocimiento y acceso a recursos provenientes de programas estatales (Berger, 2018). Sin embargo, también han generado procesos de faccionalización acompañados, en la mayoría de los casos, por la producción de redes de vinculación alternativas a la organización. Dichas redes, asociadas a programas o acciones estatales y a otros entramados que también promueven procesos organizativos, y entrelazadas con estrategias de reproducción social de la población, han oficiado como elemento de dispersión de la representación política.

Reflexiones

A partir del breve análisis realizado se destaca la importancia de los factores externos y las alianzas políticas para comprender los movimientos de protesta y la participación política de sectores subalternos rural-agrarios (Wolf, 1971; Archetti, 1988). Se torna evidente que distintos grupos vinculados al campo de la producción ideológica (religiosos, sindicalistas, militantes, académicos) proponen a los sectores subalternos rural-agrarios imágenes de sí mismos y apuestas económicas y políticas contradictorias entre sí con diferentes grados y formas de cuestionamiento del orden social vigente (Bourdieu, 2011). No obstante ello, estos vínculos han generado, a partir de esa confluencia, la emergencia de discursos y prácticas contestatarias que han producido intelectuales “campesinos” (Sapkus, 2001b) y estrategias de participación política y articulación propias que objetan las imágenes producidas por otros grupos y la subordinación de intereses implícita que suponen.

Así, en la búsqueda de la articulación colectiva de sus intereses con el objetivo de cuestionar al sistema agro-alimentario globalizado y sus formas de subordinación financieras, tecnológicas, comerciales y culturales, los sectores subalternos rural-agrarios deben lidiar con la subordinación a los intereses de los tipos sociales agrarios predominantes a nivel local, regional y nacional y de los sectores asalariados urbanos, en el marco de lo que Bernstein (2006) denomina la fragmentación de las clases del trabajo. Paralelamente, deben enfrentar la fragmentación que producen las propias agencias estatales y no estatales a través de programas que particularizan problemáticas y generan diferentes redes de acceso a recursos.

Bibliografía

Archetti, E. (1988). Ideología y organización sindical: Las ligas agrarias del norte de Santa Fe. Desarrollo Económico, 28(111), 447-461.

Bartolomé, L. (1982). Base social e ideología en las movilizaciones agraristas en Misiones entre 1971 y 1975. Emergencia de un populismo agrario. Desarrollo Económico, 22, (85), 25-56.

Berger, M. (2012). Nociones de representación y organización en disputa. Avá. Revista de Antropología, 21.

Berger, M. (2018). En busca de reconocimiento. Las organizaciones de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena ante el conflicto por la resolución 125. En Panero, M. (Comp.), Actores, políticas públicas y conflicto agropecuario: a 10 años de la Resolución 125 (pp. 125-154). Córdoba, Argentina: Editorial Universitaria Villa María.

Bernstein, H. (2006). Is there an agrarian question in the 21st century. Canadian Journal of Development Studies, 27(4), 449-460.

Bourdieu, P. (2000). La delegación y el fetichismo político. En Bordieu, P., Cosas Dichas (pp. 158-172). Barcelona, España: Editorial Gedisa.

Bourdieu, P. (2011). Una clase objeto. En Bordieu, P., Las estrategias de la reproducción social (pp. 187-195). Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Desalvo, A. (2014). El MOCASE: orígenes, consolidación, y fractura del Movimiento Campesino de Santiago del Estero. Astrolabio. Nueva Época, 12, 271-300.

Guerreiro, L., Hadad, G. y Wahren, J. (2018). De (re)emergencias y resistencias territoriales: la lucha campesina e indígena en la Argentina contemporánea. Revista de Estudios Marítimos y Sociales. Recuperado de http://t.ly/UtJw

Sapkus, S. (2001a). Ideología y oposición campesina: el Movimiento Campesino de Formosa. II Jornadas Interdisciplinarias de Estudios Agrarios y Agroindustriales. Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Sapkus, S. (2001b). Acción colectiva campesina y clientelismo. Una experiencia reciente en el nordeste argentino. Cuadernos de Antropología Social FFyL-UBA, 14, 175-196.

Valenzuela, C. (2006). Transformaciones agrarias y desarrollo regional en el nordeste argentino: una visión geográfica del siglo XX. Buenos Aires, Argentina: La Colmena.

Wolf, E. (1971). El campesinado y el orden ideológico. En Wolf, E., Los campesinos (pp. 127-144). Barcelona, España: Editorial Labor.


  1. Recibido: junio de 2020.
  2. Licenciado en Sociología por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (FSoc-UBA). Magister en Sociología y Ciencias Políticas por la Facultad de Ciencias Sociales (FLACSO), Argentina. Doctor del Área de Antropología por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL-UBA). Investigador Adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) dentro del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL). Docente en la cátedra de “Sociología Rural” en la FSoc-UBA. Contacto: enriqueberger@hotmail.com.


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