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Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST)[1]

(Brasil, 1984-2015)

Lucas Henrique Pinto[2]

Definición

El MST es un importante movimiento social campesino brasileño, de alcance nacional, que agrupa alrededor de 350.000 familias en sus filas. En sus bases hay familias asentadas y acampadas. Surgió en 1984 como reflejo de las desigualdades territoriales y sociales del Estado brasileño y de su estructural cuestión agraria. Desde un comienzo, su principal bandera fue la reivindicación de la reforma agraria popular.

Antecedentes

La importancia del MST para los movimientos campesinos de Brasil y de América Latina reside, entre otros aspectos, en que el Movimiento logró dar nueva visibilidad a la cuestión agraria tanto en el contexto de dictadura militar (1964-1985) como durante la apertura neoliberal a partir de los años de 1990. La dictadura militar, apoyada geopolíticamente por Estados Unidos, destituyó al gobierno constitucional de João Goulart (1961-1964) que se había comprometido a realizar “reformas de base” en el Estado brasileño. Entre esas promesas se encontraba la reforma agraria (propuesta realizada públicamente frente 100 mil personas en Rio de Janeiro por Goulart una semana antes del golpe) que nunca se acercó a cumplir.

Durante el gobierno dictatorial, en lugar de una reforma agraria se realizó una modernización conservadora tanto en el campo (eliminando las pequeñas propriedades rurales familiares con políticas de concentración de tierra) como en las ciudades. Esta modernización conservadora, recuperadora y sustitutiva de importaciones, en poco más de diez años organizó las estructuras del mayor parque industrial de América Latina, trasladando a las ciudades gran parte de los pequeños agricultores familiares despojados, campesinos sin tierra y peones rurales involucrados en las Ligas y sindicatos agrarios que solicitaban a Goulart la reforma agraria.

De este modo, los militares, en beneficio de los grandes latifundistas, ignoraron los debates sobre la reforma agraria (Oliveira 2009). La consecuencia de sus políticas fue la concentración urbana, el aumento de las desigualdades sociales y la brecha entre el campo y la ciudad. La desocupación resultante de la lógica de expulsión rural y urbanización/industrialización deterioró significativamente los sueldos de los trabajadores formales en las ciudades. A su vez, masas enormes de trabajadores desposeídos de medios productivos (sin tierra y/o informales) quedaron expuestos a condiciones cercanas a la semi-esclavitud en el campo (golondrinas) y precarización laboral en la ciudad, principalmente en el área de servicios(trabajos domésticos, restaurantes, comercio etc.) (Oliveira, 2009; Singer, 2012).

Frente a esta realidad, sectores de esta población desposeída y pauperizada se movilizaron políticamente a partir de mediados de los años de 1970, influenciados por las Ligas Agrarias de los años previos (Morissawa, 2008) y apoyados por sectores progresistas de la Iglesia Católica (Pinto 2015a). En un contexto nacional que era totalmente desfavorable para los campesinos pobres, donde la única “salida” propuesta por el gobierno militar para la cuestión agraria era la colonización en el norte del país (Fernandes, 1998), en la selva amazónica, parte de esa población decidió quedarse en sus respectivas regiones (centro-sur, sudeste y nordeste, las más pobladas) y luchar por la tierra allí. Estos sujetos se transformaron en la principal base social del MST (Stédile, 2005).

Orígenes

El Movimiento nació públicamente en el 1° Encuentro Nacional de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, evento realizado del 20 al 22 de enero de 1984 en la ciudad de Cascavel, en el Estado de Paraná. Participaron 80 trabajadores de 13 Estados, e invitados representantes de la Asociación Brasilera de Reforma Agraria (ABRA), de la Central Única de los Trabajadores (CUT), de la Comisión Indigenista Misionaria (CIMI) y de la Pastoral Operaria de São Paulo (Morissawa, 2008: 138). En este primer encuentro, con la participación de 80 miembros de distintos grupos de sin tierras representando 13 de los 26 Estados federativos (más el distrito federal),se fundaba oficialmente el MST. Se definían allí las bases iníciales del primer movimiento social campesino nacional.

Actualmente, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra es un movimiento campesino de carácter nacional presente en 24 de los 26 Estados (y Distrito Federal) y en las 5 regiones de Brasil. Emergió con la consigna de lograr la democratización de la estructura agraria del país, reivindicando una reforma agraria popular. Este planteamiento llevó al Movimiento a discutir varios aspectos de la problemática social brasileña no resueltos desde la independencia colonial, además de los debates contemporáneos sobre la redemocratización del país. Dichas problemáticas, vinculadas a desigualdades sociales y económicas estructurales, volvían a estar presentes en la agenda política y social brasileña ya a fines de los años de 1970, como parte de la crisis económica y de legitimidad social de la dictadura militar.

A mediados de la década de 1970, la Iglesia Católica, a partir de la creación de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), viró del respaldo a la crítica al gobierno militar. Por consiguiente, sectores progresistas pasaron a facilitar estructuras parroquiales, recursos humanos y legitimidad simbólica para los campesinos pobres y sin tierra , ayudando así logísticamente a la formación del MST como movimiento social de carácter nacional en 1984. Por ejemplo, a comienzos de la década de 1980, laCPT brindó asesoramiento en los primeros encuentros de los trabajadores rurales y campesinos sin tierra que estaban participando de los procesos de ocupación en varios Estados, principalmente en los de la región centro-sur del país (Stédile, 2005).

A partir de 1984, el MST se independizó de filas de la CPT y de la Iglesia Católica. Estas escisiones se debieron a dos cuestiones principales. Una de ellas fue la necesidad política del MST de convertirse en un movimiento social autónomo y de carácter ecuménico. La otra cuestión fue que, por un realineamiento interno del propio catolicismo, el movimiento se desgastó dentro de la Iglesia, en especial por su fuerte carácter anticapitalista y de acción directa (ocupación de tierras).

En enero de 1985, un año después de la creación del MST, en Curitiba, Paraná, se realizó el 1° Congreso Nacional de los Sin Tierra con la participación de 1.600 delegados de todo el país. El MST invitó a todos los grupos que dispersos y/o regionalmente organizados luchaban por la tierra en el país. El evento se daba en el marco de una coyuntura ya modificada, pues el régimen militar dejaba el poder después de 21 años.

En el contexto de la redemocratización, muchos movimientos populares y partidos políticos —como el PCB (Partido Comunista de Brasil), el PC do B (Partido Comunista do Brasil, disidencia del PCB), el PT (Partido de los Trabajadores), sindicatos y gremios rurales—  formaron un frente común junto al MST para exigir al nuevo gobierno (de José Sarney, 1985-1989) un proyecto nacional de Reforma Agraria (Fernandes, 1998). En el 1º Congreso Nacional de los Sin Tierra, el Movimiento se negó a cualquier acuerdo con el gobierno, definiendo la ocupación y la lucha de masas como las formas de actuación, con la consigna de “Ocupación es la única solución” [Negritas en el original] (Morissawa, 2008: 141).

Acciones y trascendencia

Una de las características centrales del accionar del MST que lo hizo conocido y convocante a nivel nacional fue su metodología de acción directa. A partir de la ocupación de latifundios improductivos por parte de trabajadores rurales sin tierra, del inicial éxito de tal estrategia y de los debates (en la prensa, la opinión pública, la justicia, etc.) sobre la función social de la tierra (avalada por la reforma constitucional de 1988), se cimentó la legitimidad social del MST y su popularidad nacional e internacional.

Dicho reconocimiento internacional posteriormente fue incrementado por la preocupación por la formación educacional y académica de los campesinos. En este sentido, el MST fundó escuelas de alfabetización en asentamientos y tomas (la pedagogía de la tierra, método de alfabetización inspirado en Paulo Freire), además de escuelas técnicas terciarias y universidades campesinas durante las décadas de 1990 y 2000. Incluso entabló lazos con universidades públicas brasileñas y extranjeras y otros movimientos sociales pertenecientes a la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-Vía Campesina).

El MST logró dar, a partir de su accionar, una nueva visibilidad política a la cuestión agraria brasileña, protagonizando los conflictos sociales post dictadura (1985-2002). A lo largo de la década de 1990 el Movimiento vivió un momento de fuerte crecimiento y de conflictividad política, representado por el aumento de su capacidad organizativa y las tomas de tierra. Un aliado a su alta legitimidad social en el periodo fue el modelo neoliberal, con sus políticas concentradoras de tierra, modelo productivo extractivo, desregulación estatal y apertura económica, ascendiendo al poder en 1990 (Mattei, 2008). Este modelo debilitó a la clase trabajadora en general y al campesinado en particular, mientras fortalecía al agronegocio y sus representantes locales (coroneles latifundistas, empresas agroalimentarias, semilleras, bancos, inversionistas etc.) (Fernandes, 1998).

El MST asumió también una posición destacada en el cuestionamiento de la apertura neoliberal realizada en Brasil a partir de los años de 1990, momento en que se consolidó como uno de los principales movimientos sociales de la historia de Brasil y de América Latina. En dicho proceso de crecimiento, y en una coyuntura cada vez más compleja en el sector agrario, el movimiento progresivamente se ambientalizó en sus consignadas y prácticas productivas. Su lucha pasó a ser no sólo por la tierra, sino también en contra los transgénicos y a favor de la agroecología.

Ambientalización de los conflictos sociales

Las dinámicas presentes en los procesos —que a partir de entonces podremos llamar de ambientalización de los conflictos sociales—, demuestran la complejidad de tal fenómeno de ambientalización de la cuestión agraria y del MST a partir de los años 2000 (Pinto, 2015b). La asimilación por parte del MST de la variable ambiental/ecológica en el cuerpo de sus históricas propuestas de reforma agraria y justicia social fue fruto de necesidades materiales directas, decisiones políticas coyunturales y de la influencia de movimientos campesino-indígenas y ambientalistas vinculados a La Vía Campesina Internacional (LVC) y de los debates agroecológicos en general. Asimismo, tal decisión, más allá de abrir una nueva perspectiva en relación con los aspectos productivos instaurados en la propuesta agroecológica, rescata como válidos (ya no más como retrasados) a los procesos y practicas productivas que su base campesina tradicional trae en la memoria social y simbólica, anteriores a la hegemonía de la Revolución Verde (1960).

En tales debates, a partir de la hegemonía del agronegocio y en un contexto de creciente concentración de la tierra y la renta, la propuesta agroecológica defiende la soberanía alimentaria. Esta propuesta agroecológica no sólo pasa a representar un avance organizativo interno del MST y una adecuación a los más recientes debates sobre el calentamiento global, la sustentabilidad, el extractivismo y el ambientalismo, sino que además encarna la posibilidad de pensar un modelo distinto de agricultura para el país. Un modelo que cuestiona al paradigma del agronegocio y se presenta como alternativa al proyecto de agricultura industrial contaminante actualmente hegemónica.

El MST del siglo XXI

Los cambios macroeconómicos, productivos e ideológicos mencionados, aliados a la ascensión del agronegocio (Neto 2008) y la cada vez mayor criminalización-persecución política al MST (derivada también de su éxito), hizo con que el Movimiento reconfigurase sus consignas y modelos productivos internos a partir de los años 2000. La reproducción del modelo de producción convencional (Revolución Verde) en los territorios conquistados por el MST desde los años de 1980, lo estaban debilitando políticamente e incluso afectaban la salud de los campesinos y contaminaban el ambiente. Estos hechos indujeron a que el MST tomara la decisión político-productiva, en el año 2000, de plantear la agroecología como modelo productivo superador al modelo de los monocultivos convencional-transgénico, tanto en sus aspectos sociales y ambientales, como en las perspectivas económicas hacia la producción campesina y la soberanía alimentaria con transición agroecológica (Pinto 2015b).

El MST es, dentro de las filas latinoamericanas de LVC, uno de los principales impulsores de tal debate, propiciando cursos de formación sobre agroecología en sus escuelas y universidades campesinas y también incentivando al cambio de la matriz productiva en los territorios. De hecho, es actualmente el mayor productor de arroz agroecológico de América Latina (Pinto 2013). Y mantiene su rol protagónico en los debates y conflictos rurales de Brasil y de América Latina en general.

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  1. Recibido: agosto de 2019.
  2. Licenciado en Filosofía por la Universidad Federal de São João del Rei (UFSJ), Doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Fue miembro del Núcleo de Investigaciones en Justicia Ambiental (NINJA-UFSJ) y del Centro de Estudios de la Argentina Rural (UNQ). Becario Posdoctoral en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (CEIICH-UNAM). Fue Becario Posdoctoral del CONICET. Actualmente es Becario Posdoctoral (FONCYT/Agencia) en el Programa de Estudios Regionales y Territoriales (PERT) del Instituto de Geografía, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (IIGEO-FFyL, UBA).Contacto: lucashpinto@gmail.com


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