(Misiones, Argentina, segunda mitad del siglo XIX –
primera mitad del siglo XX)
María Cecilia Gallero[2] y Laura Mabel Zang[3]
Definición
El término colonización agrícola describe una acción planificada a cargo del Estado y de empresas particulares con fines de explotación y ocupación rural de la tierra y está asociado al colono, es decir, a quien se afinca y la produce. En Misiones, el proceso colonizador fue tardío pues estuvo en gran medida supeditado al agotamiento y a los altos costos de las tierras de climas templados.
Origen y antecedentes históricos
En Argentina, la creación de la Dirección General de Inmigración prevista con la sanción de la Ley de Inmigración y Colonización Nº 817 (ley Avellaneda, 1876), tuvo un papel fundamental en el poblamiento de Misiones porque tomó a su cargo la promoción de la inmigración europea y la posibilidad de trasladarlos a distintas partes del país. Con respecto a la colonización, esta ley habilitó la ocupación planificada de la tierra, en donde el Estado administraba los terrenos, ubicaba a los colonos y fomentaba las colonias oficiales. Además, contemplaba la posibilidad de desarrollar la “colonización por empresas particulares” (Krautstofl y Gallero, 2009). En este contexto, el aumento de los proyectos colonizadores estuvo asociado a la intervención ordenada y racional para el establecimiento de pobladores en tierras con el fin de “transformar la realidad agraria” (Djenderedjian, 2023).
En Misiones, es posible reconocer diferentes vías de ejecución del plan de colonización agrícola, que en algunos casos se dio de manera simultánea: formación de colonias estatales (centro y sur del territorio); colonización privada a cargo de compañías colonizadoras (región del Alto Paraná) y un proceso de ocupación espontánea y de resguardo fronterizo con Brasil. Estas formas fueron las que mayor impacto tuvieron en la consolidación de colonias agrícolas, aunque no fueron las únicas; de este modo, es posible también reconocer la intervención de empresarios yerbateros y forestales no involucrados directamente con la actividad colonizadora.
Durante el siglo XIX, el territorio misionero fue escenario de fuertes conflictividades que involucraron a Brasil, Paraguay y la provincia de Corrientes. Tras el desenlace de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), el gobierno nacional comenzó a valorar no sólo la posición geográfica estratégica de Misiones, sino que también tomó conocimiento de la variedad e importancia de los recursos naturales que poseía. Sin embargo, una década más tarde, el dominio y usufructo de estas riquezas naturales seguían en manos de Corrientes.
La difusión del proyecto de ley para la creación del Territorio Nacional de Misiones generó la oposición del gobierno correntino pues implicó la pérdida de los recursos misioneros. En junio de 1881 sus dirigentes habían autorizado la venta de tierras en fracciones de 25 leguas cuadradas (aproximadamente 58274 hectáreas). En diciembre de 1881, la sanción de la ley N° 1149 dispuso la creación del Territorio Nacional de Misiones que amplió el dominio del Estado nacional sobre una zona fronteriza altamente dinámica en la que se efectuaron planes colonizadores.
Consolidación de la colonización oficial
La primera forma de colonización estuvo a cargo del Estado y avanzó a lo largo de la franja central y sur del espacio misionero, es decir, en las tierras que no fueron “vendidas” en 1881. Luego de la federalización, las principales tierras seguían concentradas en los pocos adjudicatarios de la venta correntina. Sin embargo, el desconocimiento de la real extensión del territorio llevó a que no se pudieran efectuar todas las mensuras (Barreyro, 1919) y, según Stefañuk este factor puede ser atribuido a que la confección de la cartografía de la época tuvo como base los datos de los yerbateros y personas conocedoras de la región, que apreciaban a ojo las distancias (Stefañuk, 1995). Gracias a esta situación, el nuevo gobierno pudo recuperar 816.247 hectáreas que pasaron a ser propiedad fiscal en la franja central de Misiones (Eidt, 1965).
El primer ensayo colonizador fue en Santa Ana y Candelaria en 1883. Más tarde el número de colonias se amplió con Loreto, Bonpland, San Carlos, San Javier, San Ignacio y Corpus. Sin embargo, la colonización oficial tomó impulso cuando el gobernador Lanusse, a propuesta del director de inmigración, refundó la colonia de Apóstoles con familias polacas y ucranianas en 1897 (Bartolomé, 2007). El éxito de la colonización motivó al poco tiempo la fundación de Azara, San José y Cerro Corá. Otras colonias surgieron luego de que los pobladores se asentaron a lo largo de los caminos abiertos en medio de la densa selva –las picadas– que se internaban en terrenos fiscales, el ejemplo más claro fueron Oberá, Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle. En muy pocos años cambió por completo la fisonomía del entonces Territorio Nacional, el cual pasó a ser Provincia el 22 de diciembre de 1953.
La colonización privada y el accionar de compañías colonizadoras
En la región del Alto Paraná el proceso colonizador estuvo condicionado por el fraccionamiento de los grandes latifundios (Gallero, 2022). En este escenario, empresas de capitales privados fueron promoviendo la radicación de inmigrantes en distintas partes de Misiones. Durante las primeras décadas del siglo XX, estas compañías ofrecieron tierras a precios muy superiores en comparación al de las tierras fiscales por lo que sólo pudieron establecerse allí colonizadores con más capital.
Dos fueron las principales empresas colonizadoras en esta región: la Compañía Colonizadora Alto Paraná dirigida por Carlos Culmey, que fraccionó y vendió tierras en Puerto Rico (1919) y Montecarlo (1920) y, poco más al norte, Adolfo Schwelm se encargó de tal empresa en Eldorado (1919). Hacia 1924, la fusión de la Compañía Colonizadora Alto Paraná, La Compañía Introductora de Buenos Aires y La Compañía de Tierras y Bosques, Campos del Cielo L.S.A. dio origen a la Compañía Eldorado, Colonización y Explotación de Bosques, que nucleó a las colonias de Puerto Rico, Montecarlo y Eldorado bajo la dirección de Schwelm (Gallero, 2022). Estas constituyeron los mayores centros urbanos que concentraron a personas de origen alemán y alemán-brasileño. Otras empresas que tuvieron un rol determinante fueron la Compañía Colonizadora del Norte en Wanda, y las iniciativas privadas en Jardín América, El Alcázar, Panambí y Alba Posse (Tschumi, 1948).
Un hito importante en el impulso de la colonización de Misiones, fue la concreción con éxito de las primeras plantaciones de yerba mate que permitió el paso de una economía extractiva a una productiva. Debido al valor que este producto comenzó a tener se convirtió en el cultivo poblador por excelencia (Eidt, 1971; Bolsi, 1986; Zang, 2020) que atrajo el arribo de inmigrantes de diversos orígenes. En efecto, después de 1920 gran parte de los europeos que venían hacia Misiones lo hacían respondiendo al llamado del “oro verde” (Gallero, 2017; Gallero y Zang, 2024). Para 1926, por decreto presidencial, la Dirección Nacional de Tierras estableció como condición para la adjudicación de lotes en tierras fiscales de Misiones la obligación de residir en la explotación e implantar entre un 25 y 50% de la superficie con yerbales.
Los movimientos espontáneos de poblamiento y resguardo fronterizo con Brasil
Sobre las márgenes del río Uruguay, desde mediados del siglo XIX, se conformó una compleja y heterogénea sociedad de frontera (Cantero, 2022). Las tierras fiscales comenzaron a recibir pobladores de distinta índole, tanto que aproximadamente para 1940, el 36% de la superficie de Misiones estaba ocupada. Para esa fecha, podemos situar el afianzamiento de una nueva etapa en la colonización de Misiones caracterizado por la reducción del ingreso de inmigrantes europeos y la consolidación de movimientos espontáneos de ocupación que se concretaron en los departamentos de Guaraní, 25 de Mayo, San Pedro y General Belgrano (Schiavoni, 1995). Esta “colonización agrícola informal” se consolidó sobre tierras fiscales disponibles en la frontera argentino-brasileña de Misiones (Schiavoni, 2020); en estas, la dinámica de distribución de tierras y asentamientos quedó liberado al accionar de particulares sin intervención estatal (Schiavoni y Gallero, 2017).
Para finales de 1970, al nordeste de Misiones, las autoridades militares fundaron la colonia Andresito con el objetivo de resguardar un área fronteriza que era vulnerable a las actividades de contrabando y depredación de los recursos naturales y que sufría la creciente presión demográfica desde Brasil. Este resguardo se efectivizó a partir del establecimiento de “auténticos colonos” que pudieran contar con una infraestructura básica y fomentar el desarrollo socio-económico del lugar (Pyke, 2000).
Consolidación de otros modelos de colonización
El proceso de poblamiento y colonización de Misiones también revistió otras formas además de las ya descritas. De este modo, es posible reconocer el accionar de empresarios yerbateros y forestales no implicados de modo directo con la actividad colonizadora y que podemos ejemplificar a partir de tres casos: Puerto Esperanza, Puerto Libertad y Caraguatay. Los primeros resultaron de la venta de la propiedad de la Sociedad Martín Errecaborde y Cía. (1907) en el noroeste de Misiones cuya disolución conllevó el remate de 100 leguas cuadradas de tierras fraccionadas en cuatro grandes lotes. Los hermanos Istueta fueron los adquirentes del lote D, de 42 500 hectáreas, quienes en 1926 dieron inicio a la explotación de yerbales a partir de Colonia Istuteta S.A., y luego la venta de lotes a establecimientos como Yerba Mate A.G., El Tupí, Carolina y Sajonia (Ziman y Scherer, 1976). Fue en torno al secadero de Yerba Mate A. G. que se inició una incipiente urbanización que se convertiría más tarde en Puerto Esperanza. Por su parte, Puerto Libertad tuvo su origen en la Sociedad Auxiliar Fabril Agrícola y Comercial (SAFAC), perteneciente a los inmigrantes alemanes Otto y Federico Bemberg. En tanto que Caraguatay, también fue resultado de una subasta en la que Nicolás Avellaneda y Alfredo Echagüe, iniciaron un obraje y más tarde la venta de lotes destinados a la colonización a través de “La Misionera”.
En estas tierras podemos distinguir varias situaciones. En Puerto Libertad el poblamiento estuvo más vinculado al arribo de inmigrantes paraguayos que venían con el objetivo de ser empleados como mano de obra rural para el emprendimiento de los hermanos Bemberg que a la consolidación de un sector de propietarios rurales. En Puerto Esperanza y Caraguatay, en tanto, es posible distinguir, por un lado, a grupos migratorios procedentes de Paraguay que venían para trabajar en las empresas asentadas en esos lugares; y por otro lado, a inmigrantes de procedencia europea -muchos de ellos establecidos previamente en otros lugares de Misiones como alemanes, polacos y suizos que se convirtieron en pequeños propietarios rurales. Sin embargo, para el caso de Puerto Esperanza, su estructura urbana experimentó un salto cualitativo en su dimensión demográfica y diversificación de actividades y servicios con la radicación de la planta industrial Alto Paraná en 1983 (Maeder y Gutierrez, 2003).
Reflexiones, debates y perspectivas de análisis
Colonización, inmigración y productividad rural fueron procesos que estuvieron estrechamente vinculados entre sí. En la configuración del complejo fenómeno del poblamiento de Misiones, múltiples factores influyeron: la crítica situación europea entre finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, el agotamiento y concentración de tierras en las áreas centrales del país y la apertura de nuevos escenarios a ser colonizados. Desde esta perspectiva, la colonización puede ser considerada un “hecho social” que implica un proceso de “transmigración”, un “hecho económico” pues propicia el asentamiento poblacional en un espacio delimitado con fines agrarios y un “hecho político-jurídico” que involucra la intervención estatal y el encuadre legal que garantiza su implementación (Blanco 2014). El colono es la figura que está vinculada a este proceso, es decir, quien produce esta tierra y en el caso de Misiones se trató de un individuo étnicamente diferenciado, asociado al origen inmigratorio europeo como ha sido estudiado en otras regiones del país (Stølen, 2023). Este proceso se dio de modo progresivo e implicó la transformación de la fisonomía del territorio influyendo en la conformación y distribución de las principales ciudades que integran actualmente la provincia.
Bibliografía
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- Recibido: marzo de 2024.↵
- Doctora en Historia por la Universidad Nacional de Cuyo (UNCu), Magíster en Antropología Social por la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) y Licenciada y Profesora en Historia por la Universidad del Salvador (USAL). Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Estudios Sociales y Humanos (IESyH) de la UNaM y Profesora Adjunta en la misma universidad. Contacto: ceciliagallero@yahoo.com.ar.↵
- Doctora en Geografía por la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), Magíster en Histroia por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) y Licenciada y Profesora en Historia con orientación en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Becaria Posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Estudios Sociales y Humanos (IESyH) de la UNaM y Jefe de Trabajos Prácticos en la misma universidad. Contacto: lauramabelzang@yahoo.com.ar.↵






