(Río Paraná Medio e Inferior, Argentina, 2000-2022)
Brián Germán Ferrero[2], Adriana Millán[3] y Bibiana Alejandra Bilbao[4]
Definición
El fuego en las islas del río Paraná es un fenómeno central en el vínculo que la población establece con el territorio, constituyéndose en una tecnología de manejo y construcción del espacio productivo. No obstante, atraviesa la relación entre las comunidades humanas y su entorno no pudiendo ser considerado meramente como una herramienta, es un proceso dinámico que configura la trayectoria de las comunidades locales y los productores ganaderos.
Genealogía
Definir al fuego supone un problema epistemológico y semiótico complejo. Desde el punto de vista predominante en las ciencias naturales, el fuego es un proceso de combustión. Suele ser entendido como una reacción química donde intervienen una fuente de calor y material combustible que se oxida en presencia del oxígeno, tres elementos que son esquematizados como el “triángulo del fuego” (Mayers, 2006). A su vez, y no necesariamente en oposición, en el discurso social occidental, el fuego se presenta como un elemento en sí mismo, yendo más allá de la idea de proceso. Vale señalar que, en la filosofía griega clásica, ya había sido considerado como uno de los cuatro elementos sobre los que gravita la realidad física. Incluso en diversas culturas el fuego no solo es una entidad, sino que también se habla de éste como de un ser vivo (Bachelard, 1964). Aunque se reconozca que no tiene vida, se le atribuye capacidad de agencia propia de un ser consciente. Por ejemplo, se dice que el fuego “se mueve”, “busca avanzar”, “salta”, “crece”, “muere”, “se alimenta”. Por otro lado, el fuego también ha sido considerado como una fuerza con un rol central en la configuración de los sistemas ecológicos terrestres, lo cual ya ha sido desarrollado por Pyne (2022) al analizar el rol que tuvo en la historia de la humanidad. En tal sentido, los seres humanos hemos coevolucionado con el fuego (Gowlett, 2016).
En las islas del río Paraná medio e inferior, entrado el siglo XXI, se intensificó la presencia de incendios, y a su vez, en oposición surgieron movilizaciones sociales ambientalistas que reclamaban por el cese de los focos. En las islas, el fuego es un elemento fundamental para la vida cotidiana y el desarrollo de las actividades productivas. “Sin fuego no hay islas”, nos indica una pobladora, condensando las múltiples dimensiones del fuego, tanto su centralidad en el espacio doméstico como su función clave en la cría de bovinos y manejo de pasturas, y en términos más generales su rol constructor de la geografía isleña. En esta región del Paraná, el fuego es una tecnología de gestión del territorio. Sus diferentes usos trascienden lo productivo y se vinculan con tareas culinarias, calefacción, limpieza de terrenos, caza, comunicación, así como también se usa en el ejercicio de violencia contra otros. A partir de los grandes incendios que suceden desde principios del siglo XXI, estos usos adquieren nuevos sentidos; sobre todo comenzaron a ser objetados por los movimientos sociales, así como criminalizados por el Estado (Millán et al., 2022).
Una tipología de fuegos
En las islas del río Paraná, no hay un fuego en singular, sino que existen múltiples fuegos, no son todos iguales. Cuando se usa el término “fuego”, no siempre la población se refiere a lo mismo que quienes provenimos de otros contextos culturales, lo cual apareja un problema de interés epistemológico. La población isleña distingue entre fuego, quema, quemazones, e incendios (Ferrero et al. 2023). Tal distinción se establece en base a: motivaciones para el uso, formas de control, espacios a quemar, organización social y estacionalidad. Fuego y quema se caracterizan por ser focos controlados, mientras que los incendios escapan al control de quien los inicia. Por su lado, mientras que el fuego es doméstico, la quema se realiza en el campo y en los espacios más allá del ámbito de la casa, el rancho o el patio. Quemazón es tanto un sinónimo de quema como refiere a períodos de gran cantidad de quemas e incendios en simultáneo. Cuando las condiciones de calor, sequía y necesidad de renovar pasturas generan paisajes de múltiples columnas de humo. El término fuego refiere tanto al que es usado dentro de las viviendas para cocinar como a las llamas que están en las quemas e incendios, de manera que su sentido cambia según el contexto de enunciación. De manera que nos alejamos de perspectivas constructivistas que supondrían que los términos quema, quemazón, incendio y fuego son distintas formas en que los isleros mencionan lo mismo, funcionando como mantos culturales diversos para referir a un mismo fenómeno físico que los trasciende. En cambio, cada uno de estos fenómenos se vincula a múltiples dimensiones de la vida islera donde tienen sentido y donde se producen.
El trabajo de campo en el área ha permitido establecer una tipología de usos que en buena medida coincide con tipologías similares hechas para otras regiones (Bilbao et al., 2025). Estos usos tienen amplia profundidad en el tiempo para la región, siendo mencionados también en fuentes históricas (AGN, 1914). Analizamos esas distinciones focalizando en los usos del fuego que realizan grupos domésticos de pequeños y medianos productores ganaderos, con planteles que no superan las 300 cabezas. De manera que no son abordados los incendios que se presentan en campos con extensos planteles ganaderos y que se manejan con una lógica productiva diferente a la de esas comunidades.
Fuego culinario, recreativo, doméstico. Este, que es llamado en la vida cotidiana como fuego, es un foco sumamente controlado, protegido y delimitado; es un fuego socializado, integrado al uso diario doméstico. Se lo usa para cocinar, iluminar, calefaccionar la vivienda y, cuando se enciende en el patio, sirve para eliminar residuos o producir humo que espante insectos. A diferencia de los otros usos, éste es iniciado y mantenido tanto por hombres como por mujeres.
Quema para renovar pastizales. La quema destinada a eliminar vegetación seca que ha perdido valor alimenticio para el ganado constituye el uso más extendido del fuego en el área. Las mismas se hacen con el objetivo de que rebroten nuevas pasturas más tiernas (palatables) y estimular la producción de biomasa. En general es una práctica que se realiza donde ya hubo pastoreo, aunque también se queman áreas nuevas para ampliar el espacio productivo. Se realiza en un período que abarca desde fines del invierno a los inicios de la primavera. Lo realiza un hombre solo y, a veces, un grupo pequeño de vecinos o familiares, con el fin de controlar el avance del foco. Estos focos se suelen iniciar teniendo en cuenta la fuerza y dirección de los vientos, la presencia de cursos de agua y lagunas, así como la humedad y disposición de diversos tipos de vegetación que puedan funcionar como barreras. También se considera el pronóstico de lluvias, esperando que éstas apaguen las brasas y se favorezca el rebrote de pasturas.
Quema para limpiar el terreno. La idea de limpieza es central para comprender el uso del fuego en las islas. Este tipo de quema se utiliza en terrenos que se utilizarán para pastaje ganadero o para hacer caminos. También se hace limpieza para controlar los pajonales que no permiten visualizar el campo y para poder controlar a la hacienda. Así también se posibilita el ingreso y tránsito de ganado, y se evita que los animales se pierdan dentro de los pajonales. La organización social, así como las consideraciones ambientales, son similares a las descritas en la quema para renovar pastizales. Sin embargo, en este caso no incide la estacionalidad, realizándose a lo largo de todo el año.
Quema para cazar. Este es otro uso común del fuego, como técnica para desplazar animales silvestres y acecharlos. Esta quema se hace en lugares con mucha “mugre” o “enramaje”, donde se refugian los animales (principalmente nutrias y carpinchos).
Incendios. Los incendios se diferencian de las quemas en la falta de control humano, tanto porque se escapa de la vigilancia de quien lo provocó como por descuidos intencionales. Los incendios se generan cuando se inicia una quema y se pierde control de las llamas que se expanden a merced del viento y el material combustible disponible. El riesgo de perder el control siempre es alto, por lo cual son grandes esfuerzos para supervisar las quemas. Cuando no consiguen sofocarlos, los incendios encuentran sus límites en los cursos de agua y la orografía y espacios con vegetación verde. En muchas circunstancias los incendios son iniciados con la intencionalidad de perjudicar a terceros, para lo cual también se tienen en cuenta las condiciones ambientales.
Conflictividad social en torno al fuego de las islas
Desde principios del siglo XXI, en diversas áreas de Argentina se comenzaron a propagar incendios que afectaron enormes extensiones. En el año 2020, en un contexto de aislamiento preventivo por la pandemia del COVID-19, las cifras alcanzaron récords históricos. A nivel nacional más de un millón de hectáreas fueron arrasadas por las llamas (FARN, 2020), de las cuales aproximadamente el 45% corresponde al delta del Paraná (MAyDS, 2021)). Ese año las principales provincias afectadas fueron Córdoba (327.800 ha) y Entre Ríos (309.460 ha) (FARN, 2020).
Estos eventos generaron movilizaciones socio-ambientales que reclamaban al Estado mayor control y ordenamiento territorial. Los enfoques de estas movilizaciones y organizaciones han sido diversos, pero predominó la que considera los incendios como consecuencia de la expansión del capital, ligada al avance ganadero e inmobiliario (Wertheimer y Fernández, 2023).
En las islas del Paraná, los grandes incendios comienzan a presentarse a partir de 2004 en el marco de las transformaciones productivas y territoriales que comenzó a experimentar el área. Tales transformaciones se deben sobre todo a la confluencia de bajantes extremas del río y a la expansión de una ganadería extensiva que lleva al incremento de los planteles ovinos. Esto se vincula a la consolidación del modelo agronegocios a nivel nacional, que homogeneiza las prácticas agrícolas en tierras continentales de la pampa húmeda y deriva a la ganadería hacia territorios marginales, tales como las islas (Galaffasi, 2001; Prol y Arach, 2015). Las renovadas necesidades de pastos tiernos llevan a la quema de praderas y pajonales para renovar pasturas, lo cual, junto a condiciones climáticas de sequía, contribuyó a los ciclos de incendios que se suceden desde 2008 y que se intensificaron en la década de 2020.
Los incendios en las islas generaron intensos debates y controversias en ámbitos sociales, científicos y gubernamentales. Sobre todo, cuando el humo y las cenizas alcanzaron a las ciudades costeras, a partir de 2008, se gestaron movilizaciones de vecinos y de organizaciones ambientalistas de las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, que pedían la conservación de las islas. En consecuencia, surgieron organizaciones como El Paraná no se Toca y el Taller Ecologista, ambas de Rosario. Los incendios ocurridos entre 2020 y 2022 dieron inicio a un nuevo ciclo de expansión de la movilización ambientalista con epicentro en esa ciudad, se conformaron organizaciones de vecinos autoconvocados, en su mayoría representados en la Multisectorial por los Humedales. Estos realizaron sistemáticas intervenciones espaciales como cortes de puentes y rutas, acampes en plazas frente a edificios de gobierno, todas iniciativas que tuvieron por objetivo amplificar el cuestionamiento social y tornarlo visible para el conjunto de la sociedad (Preiti, 2022). Debido a estas presiones sociales, desde espacios oficiales se generaron medidas de mitigación de los incendios, sobre todo de envío de brigadistas, aviones hidrantes y emplazamiento de tecnologías de monitoreo. Por entonces se promulgaron medidas cautelares, decretos legislativos, y se inició un nuevo período de creación de áreas protegidas en las islas como forma de compensación por las pérdidas ambientales (Ferrero et al., 2025).
La perspectiva predominante en las organizaciones ambientalistas, así como en el Estado a niveles provinciales y nacional, fue que no debe existir ningún tipo de fuego en las islas, incluso muchas organizaciones reclamaron por la expulsión de la ganadería de esta área. Aun en la legislación de las provincias que comparten esta parte del río, comenzó a prevalecer la premisa de que todo fuego tiene consecuencias negativas para el ambiente. De manera que se homogenizaron los fuegos, sus usos, e incluso a la población islera, sin distinguir la diversidad, los sentidos y las necesidades, así como los ambientes que se queman. A su vez, tampoco se reparó en que, en muchos casos, los grandes incendios fuera de control se generan por la ausencia de pequeñas quemas y quemazones, que van reduciendo la masa vegetal seca, minimizando así el riesgo de grandes incendios.
Debate
Tal como vimos para el caso de las islas del Paraná, y como lo muestran estudios en otras regiones de América Latina, el fuego no puede reducirse a un fenómeno negativo y perjudicial, del modo en que se presenta en buena parte de la legislación argentina, en discursos científicos, en medios de comunicación masivos y las luchas de organizaciones ambientalistas. En múltiples áreas los incendios son iniciados para generar destrucción y para la expansión del capital (Wertheimer y Fernández, 2023). Pero también los fuegos son fundamentales para la vida de comunidades rurales e indígenas, así como también las quemas contribuyen a disminuir la masa vegetal combustible.
La definición del fuego presenta múltiples dimensiones. Para las comunidades locales, sus diversos usos y sentidos están relacionados con formas de organización social. Sobre todo, el fuego es una tecnología de vinculación de las poblaciones con el ambiente, construyendo los territorios y participando en configurar la vida social.
En el caso de las islas del Paraná, la suma de las transformaciones en la producción ganadera y eventos climáticos e hidrológicos extremos lleva a que el fuego sea un fenómeno de disputa política donde intervienen el Estado, que restringe y penaliza su uso, así como movimientos sociales ambientalistas que cuestionan las prácticas locales, las nuevas formas productivas, y por otro lado, pobladores isleros y grandes productores ganaderos que defienden sus prácticas productivas y territoriales.
La amplia diversidad de fuegos presentes en esta región se corresponde con distintos intereses, usos sociales, relaciones de género, tipos de productores e incluso espacios internos a las islas. La homogeneización de los múltiples fuegos y productores contribuye a la criminalización de los isleros y sus prácticas. Con ello se incrementa el riesgo de despoblamiento de las islas y, por tanto, de que sean entonces los incendios sin control los que eliminen con sus llamas, las pasturas y montes naturales que se quieren preservar. Sin manejo islero de los pastizales, se incrementan las chances de incendios sin control. En este sentido, enfatizamos la importancia de entender y proteger la diversidad de las prácticas locales isleras.
Bibliografía
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Bilbao, B., Ferrero, B., Falleiro, R. M., Moura, L., & Fagundes, G. (2025). Traditional fire uses by indigenous peoples and local communities in South America. En A. Fidelis & V. R. Pivello (Eds.), Fire in the South American ecosystems (Ecological Studies, vol. 250, pp. 22-62). Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-031-89372-8_3
Ferrero, B., & Carpinetti, B. (Coords.). (2025). Naturaleza protegida. Territorio, comunidad y políticas de conservación. El Colectivo.
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Galafassi, G. (2005). La pampeanización del Delta: sociología e historia del proceso de transformación productiva, social y ambiental del Bajo Delta del Paraná. Extramuros Ed.
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Millán, A., Ferrero, B., & Bilbao, B. (2022). Traditional knowledge of fire use by islanders in the Paraná delta, Argentina. Tropical Forest Issues: Towards fire-smart landscapes, 61, 76-81.
Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable (MAyDS). (2021). Informe de superficies afectadas por incendios en el Delta e Islas del Río Paraná (Territorio PIECAS-DP) año 2020. Segunda parte. Implicancia en los humedales. https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2020/12/informe_aq_piecas_2020_30-9-21_final_revisada.pdf
Myers, R. L. (2006). Convivir con el fuego. Manteniendo los ecosistemas y los medios de subsistencia mediante el Manejo Integral del Fuego. TNC.
Preiti, F. (2022). Reflexiones antropológicas acerca del ambientalismo social en torno del fuego en las islas del Delta durante el año 2020. En S. Astelarra et al. (Eds.), Problemáticas socioculturales del delta del río Paraná (pp. 189 – 209). Tesseo.
Prol, L., & Arach, O. (2015). El delta invisible. Expansión agroganadera, conflictos socioambientales y políticas públicas en el Delta Medio. Taller Ecologista.
Pyne, S. J. (2022). The Pyrocene: How we created an age of fire, and what happens next. University of California Press.
Welch, J. R., LeCompte, J. K., Butz, R. J., Steward, A. M., & Russell-Smith, J. (2018). Anthropogenic fire history, ecology, and management in fire-prone landscapes: An intercontinental review. En J. R. Welch & C. T. Fowler (Eds.), Fire otherwise, ethnobiology of burning for a changing world (pp. 22-62). The University of Utah Press.
- Recibido: junio 2025.↵
- Licenciado en Antropología por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Máster y Doctor en Antropología Social por la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Investigador Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Centro de Investigación y Transferencia Rafaela. Docente en la Universidad Nacional de Rafaela. Contacto: brianferrero@conicet.gov.ar.↵
- Licenciada en Química (Orientación en Geoquímica) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Mg. En Desarrollo y Ambiente de la Universidad Simón Bolívar (USB). Docente e investigadora del CIT – Rafaela (CONICET – Universidad Nacional de Rafaela), docente de la Facultad de Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (FICH-UNL). Contacto: adrianamillan@gmial.com.↵
- Licenciada en Biología por la Escuela de Biología de la Universidad Central de Venezuela, PhD en Biología, mención en Ecología, por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, Caracas, Venezuela. Docente e investigadora del Departamento de Estudios Ambientales, Universidad Simón Bolívar (DEA, USB). Contacto: bbilbao@usb.ve o bibiana.bilbao@gmail.com.↵






