(Escala global, 2015-2024)
Adrián Gustavo Zarrilli [2]
Definición
El término “capitaloceno” emerge como una conceptualización crítica, dentro del ámbito de las ciencias sociales, para abordar la intersección entre el capitalismo y la crisis ecológica global. En contraposición al concepto de Antropoceno, que se centra en el impacto humano generalizado en el planeta, el Capitaloceno pone en relieve específicamente el papel del capitalismo y sus sujetos en la crisis climática y la degradación ambiental.
Origen
La teoría del Capitaloceno, desarrollada por autores como Jason W. Moore (2020), propone una visión crítica del sistema económico global, argumentando que el capitalismo es la fuerza principal detrás de la crisis ambiental contemporánea. Moore, en su obra “Capitalism in the Web of Life: Ecology and the Accumulation of Capital”, sostiene que el capitalismo no sólo explota los recursos naturales de manera insostenible, sino que también reproduce sistemáticamente la desigualdad social y la degradación ambiental como parte intrínseca de su lógica de acumulación de capital. Asimismo, Andreas Malm, en “Fossil Capital: The Rise of Steam Power and the Roots of Global Warming”, examina cómo el desarrollo del capitalismo industrial basado en los combustibles fósiles ha exacerbado la crisis climática actual, demostrando cómo el capitalismo ha dependido históricamente de la explotación de los recursos naturales para su expansión y desarrollo (Malm, 2016). También, autores como Naomi Klein, en “This Changes Everything: Capitalism vs. the Climate”, han popularizado la noción de que el capitalismo y la crisis climática están intrínsecamente entrelazados, argumentando que la lógica de crecimiento y acumulación del capital está en conflicto directo con la necesidad de preservar el medio ambiente (Klein, 2015).
El Capitaloceno asume entonces tres premisas constitutivas: 1) la naturaleza es barata, es decir que ocupa un lugar inferior en la jerarquía de los valores económicos; 2) un pensamiento dualista entre Naturaleza y Sociedad que reduce a la primera a un objeto ajeno al devenir de los grupos humanos, la cual debe ser controlada y modificada con el objetivo de ponerla a trabajar en búsqueda de la acumulación de bienes materiales, y 3) las innovaciones tecnológicas requeridas por el modo de producción moderno sustentadas en el uso de energías no renovables, desde hace más de dos siglos.
Moore integra la crítica marxista de la acumulación capitalista con las preocupaciones ambientales contemporáneas, argumentando que el capitalismo no sólo explota la fuerza de trabajo, sino también la “naturaleza” como una fuente de recursos inagotables. En este sentido, su enfoque del Capitaloceno va más allá de una crítica puramente económica para abordar la crisis ecológica como una crisis sistémica que implica la explotación y degradación tanto de los seres humanos como del medio ambiente. Así, Moore muestra cómo la teoría marxista proporciona herramientas conceptuales para comprender la relación entre el capitalismo y la crisis ambiental contemporánea, al tiempo que abre espacio para reflexionar sobre la posibilidad de alternativas económicas y sociales más sostenibles y justas (Moore, 2020).
El debate Antropoceno-Capitaloceno
Es crucial abrir un debate acerca de las implicaciones de los términos “Capitaloceno” y “Antropoceno”. El primero surge como una crítica a la noción del segundo, al reconocer que la acción humana está invariablemente mediada por relaciones políticas y económicas de poder, así como por desigualdades propias del sistema capitalista global. Así, el Capitaloceno pone de relieve cómo las valoraciones económicas capitalistas de la apropiación de recursos naturales y territorios, más que las acciones humanas directas, son las responsables de las transformaciones ambientales.
Desde la perspectiva del Capitaloceno, se infiere que el sistema económico dominante, el capitalismo, es la principal fuerza impulsora detrás de la explotación de los recursos naturales, la desigualdad social y la destrucción del medio ambiente a escala global, con consecuencias geológicas. Este enfoque reconoce la importancia de la acumulación de capital como motor subyacente de la degradación ambiental, destacando cómo el capitalismo no solo perpetúa, sino que se beneficia de la sobreexplotación de los recursos naturales y la externalización de los costos ambientales.
En el debate académico se plantean además una serie de cuestiones fundamentales que van más allá de la simple identificación de la relación entre el capitalismo y la crisis climática. Además de explorar esta conexión, los académicos se centran en la viabilidad y la necesidad de una transición hacia sistemas económicos alternativos que sean tanto sostenibles como justos. Esto implica no solo la búsqueda de modelos económicos que reduzcan la presión sobre los ecosistemas, sino también que aborden las desigualdades sociales inherentes al capitalismo. La discusión sobre la sostenibilidad no se limita únicamente a la gestión de los recursos naturales, sino que también involucra la distribución equitativa de los beneficios y cargas económicas.
En este contexto, se destacan las ideas sobre la necesidad de una acción política y social radical que aborde las raíces estructurales de la crisis ecológica. Esto implica cuestionar las estructuras de poder y las relaciones económicas que perpetúan la degradación ambiental, así como promover cambios significativos en las políticas y prácticas tanto a nivel nacional como global. La discusión sobre el Capitaloceno también ofrece un espacio para desafiar las narrativas dominantes sobre el crecimiento económico ilimitado y el desarrollo a cualquier costo. Se plantea la pregunta fundamental de si es posible conciliar el paradigma económico del capitalismo con la preservación del medio ambiente y el bienestar humano a largo plazo, o si se requiere un cambio fundamental en nuestras concepciones y prácticas económicas.
En conjunto, el enfoque en el Capitaloceno proporciona un marco teórico amplio para comprender la complejidad de la crisis ambiental contemporánea. No se limita únicamente a la identificación de problemas, sino que también invita a reflexionar sobre las soluciones posibles y los cambios necesarios en los sistemas económicos, políticos y sociales para abordar eficazmente esta crisis multidimensional.
Capitaloceno y decolonialidad
A pesar de la relevancia del enfoque en el capitalismo como una fuerza motriz central de la crisis ambiental, algunos críticos (Haraway, 2017, Morton, 2017) argumentan que este análisis puede ser también limitado en su alcance. Señalan que centrarse exclusivamente en el capitalismo como la única causa de la crisis ambiental podría pasar por alto otras formas de explotación y dominación que también contribuyen significativamente a la degradación del medio ambiente. Entre estas formas de opresión se encuentran el colonialismo y el patriarcado, que históricamente han desempeñado roles cruciales en la explotación de los recursos naturales y en la marginalización de comunidades indígenas y de género.
El colonialismo, por ejemplo, ha dado lugar a la apropiación de tierras y recursos de comunidades indígenas en todo el mundo, a menudo con consecuencias devastadoras para el medio ambiente y las formas de vida tradicionales. Del mismo modo, el patriarcado ha perpetuado sistemas de explotación y discriminación que afectan desproporcionadamente a las mujeres y a otras personas marginadas, tanto en términos de acceso a recursos como de participación en la toma de decisiones sobre cuestiones ambientales.
La intersección entre la noción de Capitaloceno y la decolonialidad ofrece, a su vez, una perspectiva crítica para comprender las raíces profundas de la crisis ambiental contemporánea. La decolonialidad, como marco teórico y práctico, busca desmantelar las estructuras de poder y dominación que han perpetuado la colonialidad del poder, tanto en términos políticos como epistemológicos. Desde esta perspectiva, el Capitaloceno no puede entenderse plenamente sin considerar el legado del colonialismo y la forma en que este ha moldeado las relaciones de poder globales y la distribución desigual de recursos naturales. El colonialismo no solo ha sido una fuerza histórica de explotación de los territorios y los pueblos colonizados, sino que también ha impuesto una cosmovisión extractivista y antropocéntrica que subyace al proyecto capitalista. Por lo tanto, la lucha contra el Capitaloceno debe ir de la mano con la descolonización de los conocimientos y las prácticas, reconociendo y valorando los saberes y cosmovisiones de las comunidades indígenas y marginadas que han sido históricamente marginadas y explotadas. Esta perspectiva decolonial invita a repensar las relaciones humanas con la naturaleza y a imaginar formas alternativas de coexistencia que no estén basadas en la dominación y la explotación. En este sentido, el diálogo entre la noción de Capitaloceno y la decolonialidad ofrece una vía para abordar la crisis ambiental desde una perspectiva interseccional y transformadora, que reconozca la complejidad de las relaciones sociales y ecológicas en juego.
También y de forma complementaria, la noción de Plantación, o “Plantacionoceno”, propuesta por autores como Donna Haraway (2016) y Anna Lowenhaupt Tsing (2015), ofrece una perspectiva complementaria a la teoría del Capitaloceno al destacar la importancia de las relaciones de explotación y dominación arraigadas en la historia colonial para comprender la crisis ambiental contemporánea (Haraway, 2016). El concepto de Plantación refiere a las estructuras de poder y control establecidas durante la era colonial, que han dado forma no sólo a la explotación de los recursos naturales, sino también a las relaciones sociales y económicas a escala global. Al igual que en el Capitaloceno, se reconoce que la acumulación capitalista ha dependido históricamente de la explotación de la tierra y el trabajo, pero el Plantacionoceno resalta el enfoque en que estas relaciones de explotación se han perpetuado a través de la colonización y la esclavitud. En este sentido, la teoría del Plantacionoceno complementa la teoría del Capitaloceno al enfatizar cómo la historia colonial y las relaciones de poder basadas en la racionalidad de la plantación continúan moldeando las estructuras sociales y ambientales contemporáneas. Al integrar estas perspectivas, podemos comprender mejor la complejidad de la crisis ambiental actual y las interconexiones entre el capitalismo, el colonialismo y la degradación ambiental, lo que a su vez abre nuevas posibilidades para la acción política y social hacia una transformación más justa y sostenible (Tsing, 2015).
Los debates sobre el Antropoceno y el Capitaloceno emergen como una valiosa oportunidad política para reevaluar la conexión entre la humanidad y el entorno natural. Estos debates no solo estimulan diversas conversaciones, sino que también convocan a individuos de diversos trasfondos culturales y perspectivas a participar en la creación de nuevas concepciones y prácticas relacionadas con la naturaleza, el Estado y los derechos humanos y no humanos. Además, ofrecen la posibilidad de proponer cambios en los ámbitos territorial, ambiental y cultural que desafíen las prácticas extractivistas y su influencia en los entornos locales y globales. Estas propuestas pueden reconsiderar las dicotomías entre naturaleza y cultura y promover una transformación significativa en la relación actual entre la humanidad y la naturaleza.
Desde una perspectiva latinoamericana, es esencial ahondar en las implicaciones de los paradigmas del Antropoceno y del Capitaloceno en los ámbitos territoriales, ambientales, culturales y de género. Esto implica no sólo analizar cómo estos modelos influyen en la configuración de los paisajes y ecosistemas de la región, sino también en la manera en que se articulan las identidades culturales y se distribuyen los roles de género en relación con la naturaleza.
Una reflexión latinoamericana
Examinar cómo se construye y se legitima el conocimiento en torno a estos paradigmas, considerando las diversas perspectivas y cosmovisiones presentes en las comunidades indígenas y locales es crucial. La descolonización del concepto de “naturaleza” no sólo implica cuestionar las jerarquías impuestas por el pensamiento occidental, sino también reconocer y valorar los saberes tradicionales y ancestrales que han mantenido una relación armoniosa y respetuosa con el entorno durante siglos.
Es necesario reconocer que las dinámicas de poder y dominación colonial persisten en las relaciones entre humanos y no humanos, perpetuando la explotación de recursos naturales y la marginalización de comunidades vulnerables. Por lo tanto, repensar lo ambiental, desde una perspectiva latinoamericana, implica no sólo desafiar los modelos extractivistas y desarrollistas impuestos desde fuera de la región, sino también fomentar la autonomía y el protagonismo de las comunidades locales en la gestión y conservación de sus territorios.
En este sentido, el diálogo intercultural y la colaboración entre diferentes actores sociales es fundamentales para construir alternativas sostenibles y justas que respeten la diversidad biocultural de América Latina. Esto requiere un enfoque inclusivo y participativo que reconozca la interconexión entre los sistemas sociales y ecológicos, y promueva la equidad de género, la justicia ambiental y el respeto por los derechos de la naturaleza.
En resumen, el concepto de Capitaloceno representa un intento de situar el análisis de la crisis ecológica en un marco más amplio de crítica social y económica, centrándose en las relaciones de poder y las estructuras de dominación inherentes al capitalismo global.
Bibliografía
Haraway, D. (2016). Staying with the Trouble: Anthropocene, Capitalocene, Chthulucene. Ephemera: Theory & Politics in Organization, 16(1), 31-56.
Haraway, D. (2016). Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene. Durham, UK: Duke University Press.
Klein, N. (2015). Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima. Barcelona, España: Paidós.
Lataour, B. (2017). Cara a cara con el planeta. Una nueva mirada sobre el cambio
climático alejada de las posiciones apocalípticas. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.
Malm, A. (2016). Fossil Capital: The Rise of Steam Power and the Roots of Global Warming. New York, USA: Verso Books.
Moore, J. W. (2020). El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital. Madrid, España: Traficantes de sueños.
Morton, T. (2016). Dark Ecology. New York, USA: Columbia University Press.
Tsing, A. L. (2015). The Mushroom at the End of the World: On the Possibility of Life in Capitalist Ruins. Princeton, USA: Princeton University Press.
- Recibido: abril de 2024.↵
- Profesor y Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Estudios Posdoctorales Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro (UFRRJ). Investigador Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas (CONICET). Profesor titular de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Contacto: azarrilli@unq.edu.ar.↵






