(Patagonia, segunda mitad del siglo XIX-
primera mitad del siglo XX)
Matías Chávez[2], Marcos Sourrouille[3] y Gastón Olivera[4]
Definición
Pionero operó como categoría clasificatoria aplicada a pobladores rurales, generalmente inmigrantes de origen europeo, que se establecieron como colonos en distintos parajes patagónicos entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. Asimismo, fue una categoría utilizada por los propios actores históricos para legitimar su intervención en el territorio. Generalmente, el concepto aparece vinculado a las ideas de “civilización” y “progreso”, en contraposición con el carácter “salvaje” o “primitivo” atribuido a otros pobladores y sus prácticas.
Origen
La palabra pionero proviene del vocablo francés pionnier y hace referencia a la persona que inicia la exploración de nuevas tierras. La etimología se remonta al siglo XII, cuando el término se utilizaba para designar a los soldados de a pie –de infantería o zapadores–, que se adelantaban a las tropas con el objetivo de realizar tareas de exploración, transportar pertrechos o abrir caminos. El término proviene directamente de la palabra peón, en alusión al bajo rango de los pioneros. En algunos casos, estos soldados revistaban en las columnas de ingeniería militar y se ocupaban de actividades orientadas a la nivelación y excavación de terrenos. Desde su original francés esta voz fue incorporada, con matices, en lenguas como el inglés, el alemán o el italiano, entre otras, y acompañó experiencias históricas de expansión militar y colonial desde al menos el siglo XV, tal como permite inferirlo la consulta de diccionarios históricos extranjeros.
Es interesante la continuidad de algunas marcas etimológicas en la experiencia de quienes serían identificados, o se presentarían ellos mismos, como pioneros en Patagonia. En primer lugar, por la connotación militar del término, y la vinculación con tareas de exploración de espacios asumidos como desconocidos o que escapaban al control efectivo de las fuerzas militares. Por otra parte, el origen de la palabra remite a la iniciación del proceso de colonización, en clave civilizatoria. Por ejemplo, a través de las tareas de apertura de caminos y en la nivelación de terrenos con fines de ocupar y controlar territorios sobre los que se buscaba imponer soberanía.
La construcción histórica de la figura del pionero
Los discursos sobre los pioneros se construyeron por oposición a la figura de los pobladores indígenas y criollos, quienes fueron generalmente estigmatizados como primitivos, improductivos, vagos y afectos a vicios como el consumo de alcohol. En cambio, los pioneros serían valorados positivamente como inmigrantes laboriosos, emprendedores industriosos, civilizados y estoicos ante las dificultades del entorno. Esta exaltación llevó, con frecuencia, a invisibilizar la existencia previa de indígenas y criollos. En este sentido, las representaciones en torno a los pioneros destacaron el arribo a espacios supuestamente desérticos o remotos, en donde debieron construir mojones civilizatorios ligados a la propiedad privada: casas, emprendimientos agropecuarios o comerciales y alambrados.
Por otra parte, la figura del pionero también se contraponía a los latifundistas, especuladores o propietarios ausentistas, caracterizados también en esta narrativa como obstáculos al progreso de la región. Sin embargo, ambos antagonistas lo eran en forma tendencial pero no necesaria, y tanto los límites de las categorías como los usos que se hacían de ellas eran ampliamente maleables en función de los casos particulares y las relaciones de alianza o conflicto locales.
La narrativa y la épica de los pioneros construyen la figura de un sujeto que expande las fronteras de la “civilización” a partir de su propia movilización “tierra adentro”, transformando el paisaje natural en tierra productiva a partir del trabajo propio. En esa lógica, la población indígena es objeto de una clasificación naturalista: no se la narra como un sujeto preexistente en el territorio, sino como un objeto más en la serie de obstáculos que la naturaleza opone a su domesticación y la puesta de los recursos al servicio de la producción agrícola y/o ganadera.
En las crónicas de los pioneros –escritas por ellos mismos o por terceros– así como en testimonios orales, suele utilizarse el término. Se enfatiza el aislamiento derivado de las grandes distancias y la ausencia de población en el interior de los territorios patagónicos, obviando la presencia de pobladores indígenas y criollos, aunque éstos paradójicamente aparezcan recurrentemente en otros pasajes de los mismos textos, o en otros registros contemporáneos. Por otra parte, también se pondera el sacrificio de los pioneros, que los llevaba a encontrarse permanentemente al límite de la muerte o de la locura.
Durante el período de referencia, algunos pobladores de Patagonia se identificaron como pioneros y, en base a esta autoadscripción, se presentaron de manera estratégica frente al Estado nacional en construcción para demandar la concreción de políticas públicas. Entre lo solicitado se destacaban obras de infraestructura para acceder al agua o la construcción de puentes y caminos. Desde la perspectiva de los colonos, la construcción de soberanía en la región patagónica había sido llevada adelante gracias a la iniciativa particular y privada, y el Estado debía apuntalar esa gesta. Los pioneros se presentaban como hombres que se habían construido a sí mismos, de modo análogo a los self-made men norteamericanos. En este caso enfatizaban que la falta de obras de infraestructura atentaba contra el arraigo de la sociedad de colonos, lo cual afectaba la propia viabilidad del proyecto nacional o de su soberanía, especialmente en regiones limítrofes.
Por otro lado, algunos pobladores se identificaron como pioneros para defender sus intereses económicos y territoriales frente a las agencias estatales. Fue el caso, por ejemplo, de los ocupantes de tierras fiscales con tenencia precaria, quienes solían realizar peticiones para regularizar su situación y acceder a derechos de arrendamiento o títulos de propiedad. Los pobladores aducían que no podían realizar inversiones en las tierras que ocupaban por la falta de garantías legales sobre su continuidad en esos lugares. Asimismo, la identificación como pioneros fue un modo de autolegitimación en pleitos judiciales por la ocupación de tierras contra pobladores criollos e indígenas. Fue habitual que los inmigrantes se presentaran como primeros pobladores efectivos de espacios de frontera, pese a que en la mayoría de los casos sus colindantes eran evidentemente anteriores (Baeza, 2009). Los representantes legales de los supuestos pioneros discutían la ocupación concreta de los lotes en disputa y su puesta en producción, buscando borrar los desplazamientos forzosos que se habían impuesto a los pobladores mapuches y tehuelches en el marco de la invasión militar de la región de fines del siglo XIX.
Algunos debates historiográficos
Los discursos sobre los pioneros también han permeado buena parte de la producción historiográfica. Sólo recientemente esta tendencia ha empezado a revertirse, aunque no de manera homogénea. Una parte de los antecedentes ha tendido a reforzar el discurso de los pioneros, especialmente en relación con los personajes o grupos migratorios que lograron ascenso económico y construyeron prestigio social, siendo emblemático el caso de la inmigración galesa (Coronato, 2022; Williams, 2010).
Oriola (2014) señala que los discursos sobre los pioneros se potenciaron a mediados del siglo XX, para destacar la condición épica y aventurera de algunos inmigrantes individuales que arribaron a Patagonia desde fines del siglo XIX. El mismo autor menciona que si bien estos inmigrantes enfrentaron dificultades materiales concretas, también estuvieron en mejores condiciones para disputar y acaparar las mejores tierras.
Baeza (2011) propone un abordaje original del término pionero en su estudio sobre el proceso de fronterización en torno al paso internacional que conecta las localidades de Trevelin (Argentina) y Futaleufú (Chile). En este caso, los actores que se reconocen como pioneros son aquellos pobladores chilenos que reingresaron a su país desde la Argentina y fundaron Futaleufú. Este grupo de repatriados mantuvo marcas identitarias del país vecino y celebró las tradiciones adoptadas, generando rasgos de identidad local que los diferenciaron, tanto de los vecinos argentinos como de sus connacionales.
Balazote y Radovich (2009) propusieron el concepto de pionerismo para describir el proceso de reconversión que impuso la supuesta gesta de los colonos en Norpatagonia luego de la conquista militar de la región. Los autores señalan que, según este tipo de relatos fundacionales, la historia local habría comenzado con la agencia de los inmigrantes. Arias (2023) situó el origen de esta narrativa en el momento inmediatamente posterior a la conquista: las historias de pioneros suceden a las crónicas de los expedicionarios. Por su parte, Pierucci y Mosches (2015) identificaron en guiones museográficos de la ciudad de Bariloche ese mismo gesto fundacional de los pioneros, el cual tendió a negar el pasado indígena y cualquier tipo de conflicto étnico o de clase. Más recientemente, Valenzuela (2024), en su estudio sobre las representaciones en torno al museo Museo Leleque (noroeste de Chubut), destacó al pionerismo como el tipo de relato colono que degradó a las culturas indígenas a un pasado extinto. Entre los grupos migratorios que tendieron a presentarse como pioneros para apuntalar su posición en el marco de procesos expropiatorios de tierras de sus colindantes indígenas y criollos, se destaca en el siglo XX el caso de los sirio-libaneses (Chávez, 2021). De todos modos, el éxito de este tipo de estrategia no fue universal, y dependió, en cada contexto particular de “extensión de fronteras”, de los imaginarios de las instituciones y sus agentes.
Si bien el foco se coloca aquí en la región patagónica, es necesario apuntar que el concepto adoptó usos similares en otros espacios de frontera. Por ejemplo, en las tierras bajas de la región del Chaco y la Amazonía los discursos nacionalistas tendieron a exaltar a los barones caucheros y a los patrones de los ingenios azucareros como próceres y pioneros en la conquista industrial de espacios que históricamente habían sido controlados por poblaciones indígenas (Bossert y Córdoba, 2015).
Discusiones y perspectivas
Los relatos que ensalzan la figura del pionero como parte de una épica fundacional no están exentos de ambigüedades y contradicciones, especialmente en relación al lugar asignado allí a los pobladores indígenas y/o criollos. Así, “indios” o “chilenos” emergen en los propios relatos colonos que expanden las fronteras civilizatorias hacia lugares presuntamente inexplorados y deshabitados. Incluso un mismo poblador puede ser referido por diferentes memorias o historiografías como “pionero” y “blanco” o como fundador de un linaje indígena.
Hasta el momento, los antecedentes se han concentrado en la descripción de tensiones entre los llamados pioneros y los grandes capitales o estancias. Sin embargo, sería necesario atender a los vínculos de negociación, colaboración y alianza entre estos actores históricos, ya sea para la expansión de las fronteras colonizadoras, el desplazamiento de pobladores indígenas y criollos (o incluso otros colonos) o la demanda ante las autoridades y empleados estatales.
Un aspecto poco abordado es el rol de las mujeres al interior del discurso sobre los pioneros, dado que tanto en los propios testimonios como en muchos abordajes historiográficos se presenta un universo eminentemente de varones caracterizado por el coraje, la épica y la virilidad, mientras que el papel de las mujeres suele estar limitado al ámbito del hogar y a las tareas de cuidado.
Por otra parte, en las narrativas más frecuentemente revisitadas, el pionero no aparece asociado a los aspectos violentos de la conquista. En ese sentido, es arquetípico el caso de los colonos galeses en Chubut, tanto en la colonia original en el valle del río homónimo como –más notoriamente por la evidente conexión con la expansión en términos militares de la dominación estatal– en el caso de su posterior avance hacia la cordillera de los Andes. El énfasis en la figura de los pioneros en algunos discursos historiográficos o memorias deriva en una mistificación de los procesos de conquista y colonización, que –en las versiones más extremas– se producirían literal o simbólicamente en el vacío, sin violencia, sin víctimas y sin espacio para el debate.
Bibliografía
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Baeza, B. (2009). Fronteras e identidades en Patagonia central (1885-2007). Rosario: Prohistoria.
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- Recibido: mayo de 2025.↵
- Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB). Doctor en Historia por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA). Becario posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH) a la espera de la efectivización del ingreso a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC) obtenido en la convocatoria 2022. Docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (FHCS–UNPSJB). Contacto: matiaschavez22@gmail.com.↵
- Profesor y Doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigador Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con lugar de trabajo en la Universidad del Chubut (UDC). Docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (FHCS–UNPSJB). Contacto: msourrouille@udc.edu.ar.↵
- Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB). Docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (FHCS–UNPSJB). Contacto: kindgaston@gmail.com.↵






