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Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y Centro de Exportadores de Cereales (CEC)[1]

(Argentina, 1944-2025)

Juan Arrarás[2], Marcelo Panero[3] y Emilia Schaigorodsky[4]

Definición

CIARA-CEC agrupa a la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y al Centro de Exportadores de Cereales (CEC). CIARA reúne a las firmas abocadas a la elaboración de aceites vegetales y harinas proteicas. CEC nuclea a las empresas exportadoras de granos. Aunque son instituciones independientes, desde mediados de 2000 actúan de manera unificada en los planos administrativo, gremial y político. En conjunto, CIARA-CEC representa los intereses de empresas que ocupan un lugar central en la cadena de comercialización de granos y constituyen un eslabón estratégico de la economía argentina, al generar gran parte de sus divisas comerciales.

Origen y desarrollo

El CEC fue fundado el 26 de mayo de 1944 por las firmas Bunge y Born, Louis Dreyfus, De Ridder, Van Waveren, Hadra, La Plata Cereal, Nidera, Sociedad Anónima Molino Inglés y la Compañía de Exportación de Cereales (Acta de Constitución del Centro de Exportadores de Cereales, 1944). La consolidación de Argentina como uno de los principales proveedores globales de cereales y oleaginosas desde fines del siglo XIX (Volkind y Barlaro, 2015) propició la radicación local de algunas de estas empresas. Entre ellas figuraban multinacionales de relevancia histórica a nivel global, con influencia significativa en la economía argentina desde entonces.

CIARA fue creada el 16 de octubre de 1980 por empresas vinculadas al procesamiento de oleaginosas. Entre sus fundadoras se encontraban Aceitera Chabás, Buyatti, Continental, Vicentin, Oleaginosa Moreno, Molinos Río de la Plata, la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias (FACA) (Acta Constitutiva y Estatuto de la Cámara de la Industria Aceitera Argentina, 1980). Su conformación estuvo vinculada al proceso de reestructuración que atravesó la industria aceitera en Argentina a partir de la década de 1970, caracterizado por la renovación tecnológica, el incremento de la capacidad instalada, la concentración económica y una creciente orientación exportadora por la demanda global de pellets y expellers para la alimentación de ganado en Europa (Gutman y Feldman, 1989). La soja se convirtió en el cultivo emblemático de esta transformación. Dicha oleaginosa –y, en menor medida, el girasol– desplazaron paulatinamente a cultivos tradicionales como el lino y el maní, que habían sido pilares de la actividad industrial en décadas anteriores (Obschatko, 1997).

La industria aceitera incrementó su participación en el comercio exterior a partir de ese proceso, convirtiéndose hacia 1984 en la principal rama industrial exportadora de Argentina (Gutman y Feldman, 1989). En ese marco, se consolidó la presencia en el país de compañías transnacionales líderes en la comercialización de granos y en la industria agroalimentaria a nivel mundial (Fuentes Lorca, 2024).

Reordenamiento institucional y consolidación estructural del sector

El proceso de transformaciones económicas y del Estado promovido por el gobierno de Carlos Menem durante la década del 90 tuvo un impacto significativo en todo el sector agroexportador y, consecuentemente, en la industria aceitera. Una de las modificaciones más relevantes fue la disolución de la Junta Nacional de Granos (JNG), que implicó el retiro del Estado de un rol clave en la cadena de comercialización de granos (Duarte, 2022). En paralelo, las reformas normativas facilitaron que las principales empresas comercializadoras se transformaran en concesionarias de distintas terminales portuarias, muchas ubicadas en el nodo agroindustrial del Gran Rosario, donde localizaron sus plantas procesadoras (Pierri y Consenza, 2013). Durante la segunda mitad de los años noventa, la aprobación del uso de organismos genéticamente modificados y de su “paquete tecnológico” marcó un cambio drástico tanto en el sector rural como en la economía argentina (Trigo y Cap, 2006) a partir del auge productivo que provocó la “Revolución Biotecnológica” (Bisang y Kosacoff, 2006).

En conjunto, esos elementos dieron como resultado un crecimiento de la producción agrícola –en gran medida por el avance de la soja transgénica–, una profundización del perfil exportador del sector y un incremento en la capacidad de procesamiento industrial de granos. Este nuevo escenario también se caracterizó por la intensificación del proceso de extranjerización y concentración de la industria oleaginosa iniciado en las décadas de 1970 y 1980 (Fuentes Lorca, 2024). Asimismo, el complejo agroindustrial argentino se afianzó como uno de los principales exportadores de aceites y harinas de soja y girasol en el mundo (Calvo y Visintini, 2000), ocupando una posición de liderazgo en los mercados internacionales que aún mantiene.

Por lo mencionado, el sector agroindustrial consolidó su rol como principal generador de divisas comerciales durante la posconvertibilidad, lo que reforzó su peso estructural en la economía argentina. El aumento de los precios de las materias primas en el mercado internacional en la década del 2000 impulsó este proceso, sustentado en sucesivas cosechas récord y en la expansión de la superficie agrícola en el país.

Durante el ciclo político iniciado en 2002/3, marcado por una mayor intervención en la cadena de comercialización de cereales, oleaginosas y subproductos –que incluyó la reimplantación de los derechos de exportación–, la industria oleaginosa continuó su ascenso (Naspleda, 2021). Este crecimiento estuvo liderado por grandes firmas transnacionales –como Bunge, Cargill y Louis Dreyfus–, pero también por grupos económicos nacionales relevantes –entre ellos, Vicentin, Molinos Río de la Plata y AGD. Como resultado, se consolidó una estructura empresarial más concentrada y extranjerizada en el sector (Fuentes Lorca, 2024).

Integración, organización y dinámica interna

En la actualidad, CIARA-CEC agrupa 28 empresas, nacionales y extranjeras (CIARA-CEC, 2017). Dentro de estas, se encuentran grandes firmas multinacionales que dominan el negocio a nivel mundial –como Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill, Louis Dreyfus y Viterra–, empresas nacionales de amplia trayectoria –como Gear y Buyatti– y cooperativas agropecuarias relevantes, como la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) y Agricultores Federados Argentinos (AFA). Algunas de esas firmas se dedican solo a la exportación de granos –originalmente agrupadas en CEC–, con o sin infraestructura portuaria propia. Otras, mayormente agrupadas en CIARA, se especializan en la industrialización y exportación de subproductos derivados de oleaginosas. Dentro de este grupo, algunas cuentan con plantas procesadoras ubicadas en el Gran Rosario, mientras que otras operan sus instalaciones en distintas regiones del país.

La estructura organizativa de CIARA-CEC se compone de una Comisión Directiva, integrada por: presidente, vicepresidente, secretario, prosecretario, tesorero, protesorero, diez vocales y una comisión revisora de cuentas. Este organigrama se complementa con tres gerencias: de Asuntos Económicos y Comerciales; de Asuntos Legales, Impositivos y Laborales; y de Comunicaciones y Asuntos Públicos (CIARA-CEC, 2017).

Como parte de su labor organizacional interna, a mediados de la década del 2000 CIARA-CEC reestructuró su organigrama con el fin de optimizar la gestión, mejorar el procesamiento de divergencias entre sus miembros y fortalecer su accionar político. En primer lugar, se unificó la gestión de las entidades. Si bien cada una conservó su personería jurídica, coordinaron su gerenciamiento, comisión directiva y financiamiento. En segundo lugar, se implementó una conducción centralizada y profesional en la figura de un presidente, encargado de coordinar la gestión administrativa interna y la representación sectorial hacia su exterior. Esto obedeció, por un lado, a la necesidad de disminuir los puntos de conflicto entre las firmas agrupadas y, por otro, a la dinámica que se entabló entre las entidades y los gobiernos kirchneristas entre 2003 y 2015 (Panero, et al., 2025). El mayor intervencionismo estatal sobre el sector generó enfrentamientos con quienes ocupaban cargos directivos en CIARA-CEC y, al mismo tiempo, integraban empresas agroindustriales, lo que en muchos casos terminó exponiendo a las firmas involucradas. Desde 2018, la presidencia de ambas organizaciones es ejercida por Gustavo Idígoras, quien sucedió a Alberto Rodríguez.

Debates y reflexiones

CIARA-CEC representa a un sector con un notable “poder estructural” (Fairfield, 2015), al agrupar empresas que aportan gran parte de las divisas comerciales en una economía nacional usualmente afectada por restricciones externas. No obstante, la entidad no se apoya exclusivamente en ese poder económico para la defensa de sus intereses, sino que también despliega una activa labor organizativa interna y un accionar político unificado frente al Estado y otros actores.

A nivel interno, esto se observa en la composición de su elenco dirigente. En los últimos diez años, los cargos directivos de CIARA-CEC fueron ocupados por representantes de catorce firmas actualmente asociadas. Entre ellas, solo cuatro –AGD, Bunge, Cargill y LDC– han ocupado siempre un cargo de conducción, constituyendo el “elenco estable” (De Imaz, 1964). Ese núcleo dirigente refleja una fuerte gravitación de las principales agroexportadoras del país: tres firmas extranjeras (Bunge, Cargill y LDC) y una enteramente nacional (AGD) (Panero et al., 2025). Esto sugiere que estas empresas no solo ejercen su influencia a través de su peso económico, sino también ocupando posiciones gremiales que refuerzan sus intereses sectoriales.

CIARA-CEC también despliega una estrategia orientada a afirmar los intereses comunes del sector agroexportador frente a diferentes formas de intervención estatal. Entre ellos se destacan la defensa de una mínima participación del Estado como instancia reguladora de la cadena agroindustrial, la promoción de mecanismos mercantiles de fijación de precios, la reducción de la carga impositiva, la garantía del libre comercio y un tipo de cambio favorable a la exportación. Al mismo tiempo, este sector demanda una intervención estatal activa en la conquista de mercados externos, el desarrollo de una infraestructura logística que otorgue eficiencia a sus operaciones, y condiciones sanitarias que faciliten el posicionamiento internacional de sus productos (Panero et al., 2025).

En suma, CIARA-CEC opera en un doble plano: por un lado, ejerce poder estructural por su capacidad económica; por otro, despliega poder político mediante un accionar que intenta incidir sobre las decisiones estatales. El abordaje de dicho accionar constituye un caso de interés para los estudios que analizan la relación entre empresarios y Estado. Al mismo tiempo, invita a repensar el papel de las grandes entidades empresariales en las democracias contemporáneas y a examinar cómo ejercen su influencia y consolidan su poder.

Bibliografía

Bisang, R. y Kosacoff, B. (2006). Las redes de producción en el agro argentino. XIV Congreso AAPRESID, Rosario.

Calvo, S. y Visintini, A. (2000). Competitividad de la agroindustria oleaginosa argentina: las condiciones de la oferta interna como determinante de las variaciones de los volúmenes exportados. Revista de la Facultad de Agronomía, 20(3), 421-429.

Cámara de la Industria Aceitera Argentina (1980). Acta Constitutiva y Estatuto. Buenos Aires: Colegio de Escribanos. Actas 068 y 069 del Libro de Requerimientos no. 5.

Centro de Exportadores de Cereales (1944). Acta de Constitución. Buenos Aires: Inspección General de Justicia. Expediente C 2358/1/44.

CIARA-CEC (2017). Página web de CIARA-CEC. Recuperado: 18/8/2025 de ciaracec.com.ar

De Imaz, J. L. (1964). Los que mandan. Buenos Aires: EUDEBA.

Duarte, M. (2002). El impacto social de la reforma del Estado (Tesis de Maestría). Universidad Nacional de San Martín, Buenos Aires.

Fairfield, T. (2015). Structural Power in comparative political economy: perspectives from policy formulation in Latin American. Business and Politics, 17(3), 411-441.

Fuentes Lorca, L. (2024). Las ovejas negras del paraíso sojero: la organización colectiva de los trabajadores aceiteros durante la posconvertibilidad 2003-2015 (Tesis de Maestría). Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL)-CONICET, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Gutman, G. y Feldman, S. (1989). Proceso de industrialización y dinámica exportadora: las experiencias de las industrias aceitera y siderúrgica en la Argentina. Documento de trabajo CEPAL, (32). Buenos Aires: CEPAL.

Naspleda, F. D. (2021). Las estrategias de las principales empresas agroindustriales de soja en Argentina 1980-2011: los casos de Bunge, Cargill y LDC desde un enfoque internacional. Mundo Agrario, 22(50).

Obschatko, E. S. (1997). Articulación productiva a partir de los recursos naturales: el caso del complejo oleaginoso argentino. Documento de trabajo CEPAL, (74). Buenos Aires: CEPAL.

Panero, M., Arrarás, J. y Schaigorodsky, E. (2025). El complejo exportador agroalimentario y su representación sectorial. El caso de CIARA CEC. En Maceira, V. (Comp.), Argentina en disputa: clase, actores y políticas frente a la desigualdad social (pp. 331-352). Los Polvorines: Ediciones UNGS.

Pierri, J. y Consenza, L. (2013). Desregulación económica y sus efectos sobre el comercio externo de granos en la década del 90. Revista Interdisciplinaria de Estudios Agrarios, 41(01), 103-130.

Trigo, E. y Cap, E. (2006). Ten years of GM Crops in Argentine Agriculture. Buenos Aires: ArgenBio.

Volkind, P. y Barlaro, R. (2015). Las empresas exportadoras de granos en Argentina durante la etapa agroexportadora (1880-1914): indagaciones y problemas. Documentos del CIEA, (11), 5-22.


  1. Recibido: mayo de 2025.
  2. Doctor en Sociología por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Investigador y docente del Instituto del Transporte de la Escuela de Hábitat y Sostenibilidad de la Universidad Nacional de San Martín (IT-EHyS-UNSAM). Miembro del Centro de Estudios Sociales de la Economía de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (CESE-EIDAES-UNSAM). Contacto: jarraras@unsam.edu.ar.
  3. Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Magister en Ciencia Política y Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Profesor en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales por la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Docente e investigador en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Contacto: mpanero@campus.ungs.edu.ar
  4. Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Sociología por la Universidad de Villa María (UNVM). Docente e investigadora en el Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Villa María (IAPCS-UNVM). Contacto: eschaigorodsky@unvm.edu.ar.


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