(Buenos Aires, siglo XIX)
Valeria A. D’Agostino[2] y Lucas Andrés Masán[3]
Definición
El término catastro rural alude a un registro de las propiedades rurales en un territorio y un tiempo determinados; en tanto, la expresión gráfico refiere a su representación en mapas o planos. Las formas que han adoptado los catastros rurales han sido variadas constituyendo los denominados Registros Gráficos de las propiedades rurales de Buenos Aires los más destacados en el siglo XIX en Argentina. Estos tuvieron la particularidad de ser elaborados como una síntesis y conglomerado de las mensuras individuales realizadas para terrenos y pueblos rurales a lo largo de muchos años.
Origen y genealogía
Según el Diccionario de la Lengua Española, el término catastro refiere al “censo y padrón estadístico de las fincas rústicas y urbanas”. El vocablo deriva del latín capitastrum y éste de capitum registrum, que era en la antigua Roma el registro de propietarios per capita de parcelas y por extensión, la recopilación de unidades territoriales pasibles de tributar. Los mecanismos utilizados en su formación variaron según el encargado de relevarlo, las condiciones (políticas, técnicas, entre otras) y sus finalidades, determinando la forma que estos adoptaron. En general contemplan un registro escrito y otro gráfico, es decir, una combinación de imágenes y textos. Los mapas catastrales rurales presentan la distribución de las tierras de un sector rural a escala constante con parcelas delimitadas mediante líneas. Dependiendo de sus empleos, pueden contener informaciones diversas: topográfica, de la producción agraria u otra que se considere relevante (Alcázar Molina, 2000; Urteaga, 2008; Favelukes, 2013).
Esta clase de fuentes posee gran relevancia para el estudio histórico, ya que ofrecen conocimiento sobre distintos procesos de la historia social, iluminando aspectos de la cultura o los valores sociales que sustentaron su elaboración (Harley, 2005). En este sentido, existe una relación estrecha entre la historia de las mediciones y los catastros de las tierras, y la construcción de los Estados nacionales, al punto que la cartografía se convirtió en modelo de una buena administración estatal, tanto en Europa meridional como en América Latina (Pro Ruíz, 2011). Entre los catastros argentinos más conocidos, figuran los Registros Gráficos de la provincia de Buenos Aires (RG).
Proyectos catastrales en Buenos Aires a inicios del siglo XIX
En 1810, el coronel Pedro Andrés García, comisionado en una misión militar de reconocimiento de los fortines, proponía una serie de medidas para mejorar la situación de la frontera, entre ellas, la mensura exacta de las tierras, la cual debía concluir en la elaboración de un plano topográfico que señalase los territorios de cada partido, sus límites y las riquezas contenidas. Según sostenía, este conocimiento sería la base del progreso de la provincia. Por entonces se iniciaba una expansión territorial que llevaría a las sucesivas administraciones bonaerenses a incorporar considerables extensiones de tierra a la economía provincial.
En esos años, se dictaron diferentes medidas destinadas a asegurar el control territorial frente a las poblaciones indígenas, organizar el acceso legal de los particulares a las tierras ganadas en la frontera y perfeccionar el conocimiento del espacio sobre el que la provincia reivindicaba dominio. En sintonía con estos propósitos, en septiembre de 1824, se creó una Comisión Topográfica que, entre otras funciones, quedó encargada de reunir los datos para la formación de un plano topográfico y de la revisión de toda medición de tierras; y de llevar dos registros, uno escrito y otro geométrico de las mensuras que se practicasen en el territorio provincial (D’Agostino, 2014). Dos años después, fue reemplazada por un Departamento Topográfico (DT); éste reunió a los miembros más cualificados en temas de cartografía y geodesia, y además acreditó a una buena cantidad de agrimensores para ejercer la profesión, los cuales, si bien no eran empleados públicos, trabajaban en una estrecha dependencia de dicha institución. Así, sus tareas eran pagadas por los particulares, en tanto la repartición topográfica se ocupaba de la recolección e interpretación de la información espacial relevada por ellos, configurando un particular proyecto catastral (Garavaglia y Gautreau, 2011; Pesoa, 2020).
En la década de 1830, se elaboraron los primeros RG: en 1830, 1831 y 1833. En la confección de estos mapas el DT se valió de dos recursos. El primero, concentrar toda la información cartográfica de la que disponía el gobierno hasta el momento. El segundo, que ha sido caracterizado como más complejo y novedoso, hacer uso de las mensuras catastrales de los terrenos individuales –realizadas por agrimensores privados, aunque bajo aprobación del DT y archivadas en su oficina– para construir un mapa pieza por pieza. Es decir, que los mismos no fueron producto de un relevamiento realizado con el fin de su elaboración sino de la adición de mensuras particulares. En términos generales, los RG de estos años presentan una división político-administrativa y la representación de la tenencia de la tierra, aunque mientras que en el primero hay distinciones y aclaraciones sobre las formas de posesión, en los otros, no. Las delimitaciones del sur y oeste aparecen como un intento de consolidar la apropiación del territorio, dividido en amplias extensiones, que se prolonga hacia un área escasamente explorada, designada como Pampas. Allí, los aspectos vinculados a la topografía parecen cobrar importancia (Cacopardo y Da Orden, 2008; Pesoa, 2020).
En la década siguiente, se redujeron las tareas cartográficas en general y decayó la actividad del DT. El contexto político que se inauguró a comienzos de 1850 implicó una reestructuración de la oficina topográfica e inauguró la revisión de la legislación en materia de tierras de las décadas previas, constituyéndose el DT en instrumento fundamental para aclarar, a partir del examen de los registros existentes y de la realización de nuevas mensuras, las situaciones conflictivas (D’Agostino, 2014; Canedo, 2014). En esta década, se realizaron dos RG, en 1853 y 1855, cuyo grado de deterioro actual dificulta su análisis. Por entonces, la necesidad de un catastro seguía siendo evidente para la clase política que consideraba que podría contribuir a terminar querellas provocadas por la incertidumbre en los límites de las propiedades, a la vez que desarrollar el sistema impositivo, y otorgar conocimiento del territorio para planificar la colonización, mejorar la división administrativa y ser una carta de presentación ante el mundo (Pellegrini, 1854 cit. en Pesoa, 2020, p. 10). El RG de 1864 vendría a cumplir este requerimiento.
El Registro gráfico de 1864
El RG de 1864 constituye el plano más detallado del territorio bonaerense hasta entonces realizado, dibujado por el francés Julio Guillermo Viguier y litografiado por el alemán Rudolf Kratzenstein, protagonistas clave de la cultura visual en Buenos Aires en aquel período. Aunque el registro fue realizado en 1864 y concluido en 1865, se basa en información previa como la solicitada por el DT a los jueces de paz sobre los límites de los partidos en 1854, los RG previos y todas las mensuras individuales recopiladas en el archivo del DT. De allí que, desde la administración del organismo precisaban el método como una integración de mediciones realizadas en distintos momentos y por profesionales diferentes, empleando procedimientos y equipos diversos. El plano fue realizado en planimetría general de 183 cm por 136 cm y luego adaptado a 6 hojas individuales para comercializarlo bajo el formato de suscripción, teniendo un coste de $ 50.000 financiado con fondos de la propia entidad y de suscripciones particulares. Destinado a las esferas pública y privada, la confección del RG fue, además de un objetivo impulsado por el gobierno provincial, una iniciativa sostenida por las autoridades del DT. Esta tarea dio como resultado un objeto de importancia para la comunidad, cuya versatilidad sirvió a diversos propósitos, llegando a ser premiado en la Exposición Universal de 1867 en París.
En términos generales, el RG constituyó un hito no sólo por su calidad, precisión y dimensiones, sino también por el esfuerzo administrativo que supuso. Reivindicando la orientación empleada para representar el territorio en las décadas anteriores por parte del organismo, el RG fue también un intento oficial por unificar el sistema métrico, al tiempo que buscó consolidar una perspectiva sobre el espacio. Esto debido a que, al igual que otros mapas y planos elaborados por el DT desde su creación, el sur quedaba en la parte superior del plano.
Es posible situar al RG como parte de un continuum institucional, pero también como parte de un contexto de ampliación y dominio sobre el sur y oeste bonaerense, con la creación de nuevos partidos. Entre 1862 y 1866, la cantidad de partidos aumentó casi 40%, pasando de 52 a 72 (Cacopardo, 2008). En este sentido, el RG fue muy importante desde un punto de vista estratégico, posibilitando una nueva división de la tierra en unidades administrativas siendo, precisamente en tiempos de ampliación y redefinición de los nuevos límites de la provincia de Buenos Aires, la primera vez que “se señalaba la división política en partidos, con los nombres respectivos” (Martínez Sierra, 1975, p. 208). A diferencia de los RG confeccionados en la década de 1830, en éste se plasma de manera detallada la zona cercana a la capital y permite observar nítidamente la estructura parcelaria en torno al sistema de arroyos. Estos aspectos evidencian un proceso de consolidación de la estatalidad que descansaba sobre la incorporación, demarcación, parcelación y control del espacio (Pro Ruiz, 2011). De allí que las múltiples indicaciones que contiene den cuenta de los diferentes usos a los que estaba destinado, tanto en términos políticos como económicos y burocrático-administrativos. Pero debe considerarse que también fue una obra de carácter estético-visual, siendo parte de un proceso de convergencia entre la ciencia del territorio y la tecnología de producción de imágenes como la litografía, que ofreció mayores posibilidades visuales, permitiendo impresiones más detalladas del territorio (Szir, 2016). Bajo esta óptica, su impacto icónico ejemplifica un proceso de modificación en los modos de observar en un ambiente general de reconfiguración de la cultura visual urbana (Amigo, 1999), una “visión abigarrada” que implicó una condensación de miradas generales y particulares yuxtapuestas (Masán, 2023).
El epílogo de un período
En 1890, se realizó el último Registro gráfico del siglo XIX que sería la obra más acabada a nivel de cartografía general de entonces y sentaría las bases para futuras obras catastrales y para la modernización continua del sistema catastral en su conjunto. En él se consignaron en cada parcela los números de las mensuras que sirvieron para su ejecución, lo cual permitía identificar los antecedentes de cada terreno. Fue construido, como los anteriores, en base a una ardua tarea de recopilación y armado de todas las mensuras individuales, pero en este caso se elaboraron también hojas para cada partido además del mapa general. Este RG representa, no sólo nuevas técnicas de producción cartográfica sino también otra delimitación de la Provincia, establecida en sus límites actuales. A la vez, se incorporó un nuevo patrón de subdivisión como la sección cuadrada basada en la geometría, diferente y más “neutral” respecto de los límites naturales de Registros gráficos anteriores, la cual fue adoptada en el fraccionamiento de los territorios del oeste provincial y en el trazado de nuevos ejidos.
Otras diferencias significativas son respecto de su orientación, abandonando el rumbo sur que caracterizó a los registros previos y, además, ya no es posible identificar a los autores del plano sino al colectivo: el Departamento de Ingenieros que suplantó al Topográfico (Caccopardo y Da Orden, 2008; Pessoa 2016).
En consecuencia, tanto por su producción como por la finalidad y la metodología empleadas en su elaboración, los RG implicaron, en sus diversos momentos, un proceso de exploración, medición, sistematización y, muy especialmente, construcción de un tipo de representación catastral, política y visual sobre el territorio rural bonaerense. De suerte que, vistos en conjunto, se inscriben como parte de un conocimiento técnico que iría acompasado al proceso de fortalecimiento estatal (D’Agostino, 2014; Pessoa, 2020), consolidando saberes expertos y operativos propios del Estado moderno (Plotkin y Zimmermann, 2012) en un contexto de ampliación de la visualidad, expansión territorial y complejización de la estructura técnico administrativa del Estado.
Reflexiones y perspectivas de análisis
Los catastros gráficos rurales constituyen valiosos instrumentos para el análisis del pasado desde diversas aristas. Por tratarse de una producción política y visual del espacio, estas elaboraciones implican aspectos materiales y simbólicos que comprenden el relevamiento, la mensura, el registro, el archivado y el trazado; como así también la orientación, la técnica, la composición, la escala y los instrumentos con que se realizaron. Dependiendo de la perspectiva con que se observe el material, se podrán analizar distintos aspectos: desde el régimen de propiedad y tenencia de la tierra hasta los procedimientos de medición del territorio, pasando por las formas de registro, los modos de sistematización de la información o la metodología comprometida en la elaboración de información visual de gran escala.
Los RG desempeñaron un triple rol: tópico-geográfico por un lado, al definir un espacio a partir de un área apropiada o conquistada. Por otra parte, resultó un instrumento jurídico-legal-administrativo, en tanto constituyó una referencia para los propietarios o los agentes estatales. Finalmente, también posicionó visualmente al territorio en el seno de la comunidad ofreciendo una orientación “oficial” que direccionaba la mirada, evidenciando el interés de las sucesivas autoridades provinciales por conocer, medir y registrar los territorios sobre los que se extendía –y aspiraba a extender– su dominio, persiguiendo finalidades defensivas y fiscales, entre otras. Esto nos muestra la importancia de instrumentos como los registros visuales en tiempos de formación estatal y de construcción de un “nuevo orden político” que traería aparejada la unificación del país durante la segunda mitad del siglo XIX y, en las décadas finales, una notable expansión hacia otras zonas del territorio que constituirá la Argentina.
Bibliografía
Alcázar Molina, M. (2000). El Catastro y su evolución hasta el siglo XVI. Revista Catastro, (39), 51-63.
Amigo, R. (1999). Prilidiano Pueyrredón y la formación de una cultura visual en Buenos Aires. En Luna, F., Amigo, R. y Giunta, P., Prilidiano Pueyrredón (pp. 30-54), Buenos Aires, Argentina: Banco Velox.
Cacopardo, F. y Da Orden, M. L. (2008). Territorio, sociedad y estado en la provincia de Buenos Aires: una aproximación a partir de los Registros Gráficos, 1830-1890. Registros, (5), 31-50.
Canedo, M. (2014). El restablecimiento del Departamento Topográfico tras Caseros. Empleados, oficina e instrumentos de un proyecto con consenso. Andes, (25), 1-22.
D’Agostino, V. (2014). Expansión estatal, política de tierras y desarrollo de la repartición topográfica en Buenos Aires, siglo XIX. Población y Sociedad, 21(2), 15-48.
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Garavaglia, J. C. y Gautreau, P. (2011). Inventando un nuevo saber estatal sobre el territorio: la definición de prácticas, comportamientos y agentes en las instituciones topográficas de Buenos Aires, 1824-1864. En Garavaglia, J. C. y Gautreau, P. (Eds.), Mensurar la tierra, controlar el territorio. América Latina, siglos XVII-XIX (pp. 63-96). Rosario, Argentina: Prohistoria.
Gelman, J. (1997). Un funcionario en busca del Estado: P. A. García y la cuestión agraria bonaerense, 1810-1822. Bernal, Argentina: Universidad Nacional de Quilmes.
Martínez Sierra, R. (1975). El mapa de las pampas, tomo I. Buenos Aires, Argentina: Dirección Nacional de Registro Oficial.
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Plotkin, M. y Zimmermann, E. (Comps.) (2012). Los saberes del Estado. Buenos Aires, Argentina: Edhasa.
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Szir, S. (Coord.) (2016). Ilustrar e Imprimir. Una historia de la cultura gráfica en Buenos Aires 1830-1930. Buenos Aires, Argentina: Ampersand.
Urteaga, L. (2008). Dos décadas de investigación sobre la historia de la cartografía catastral en España (1988-2008). Revista CT Catastro, (63), 7-30.
- Recibido: noviembre de 2023.↵
- Profesora, Licenciada y Doctora en Historia por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA); Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Profesora Adjunta en la UNCPBA en las carreras de Historia y Educación Inicial. Integrante y Directora del Centro Interdisciplinario de Estudios Políticos, Sociales y Jurídicos (CIEP) de las facultades de Derecho y de Ciencias Humanas de la UNCPBA. Correo Electrónico: valedago@gmail.com.↵
- Profesor en Artes Visuales por el Instituto del Profesorado de Arte de Tandil (IPAT), Profesor en Ciencias Políticas por el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica (ISFDyT), Magíster en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Becario posdoctoral del CONICET e integrante del CIEP de las facultades de Derecho y de Ciencias Humanas de la UNCPBA. Correo Electrónico: andresmasan@gmail.com.↵






