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Relación urbano-rural[1]

(Escala global, siglos XIX-XXI)

Emilce Heredia Chaz[2]

Definición

La relación urbano-rural constituye una perspectiva desde la cual comprender la producción social del territorio más allá de la dicotomía entre el campo y la ciudad, de larga sedimentación en las Ciencias Sociales. Por lo tanto, se trata de una mirada que busca trascender las limitaciones de abordar las espacialidades de manera compartimentada, poniendo énfasis en las interacciones, imbricaciones, complementariedades y articulaciones entre actores, procesos y territorios rurales-urbanos.

Origen

La relación urbano-rural emergió como una dicotomía que permeó los diferentes ámbitos de la vida social, en concordancia con la lógica binaria que organiza al pensamiento moderno y occidental (Castro-Gómez y Grosfoguel, 2007). Como explica Williams (2001, p. 374), “la división y oposición de ciudad y campo, de industria y agricultura, en sus formas modernas, son la culminación crítica de la división y especialización del trabajo que, aunque no comenzaron con el capitalismo, bajo su influencia llegaron a desarrollarse hasta un grado extraordinario y transformador”.

Esta división fundamental moldeó a las mismas Ciencias Sociales, y se manifestó en la existencia de los estudios rurales y los estudios urbanos como dos grandes áreas disciplinares. Dicha construcción binaria tuvo su origen durante el siglo XIX en el trabajo de los autores clásicos de la teoría social (como Durkheim, Marx, Tönnies y Weber). Si bien la relación entre lo rural y lo urbano no constituyó un tema específico en sus análisis, en cambio, sí conformó un asunto de importancia que organizó sus explicaciones acerca de los profundos y vertiginosos cambios que dieron lugar a la consolidación del capitalismo (Crovetto, 2019).

Aunque los autores clásicos presentaron perspectivas diferenciadas, las cuales derivaron en la fundación de distintas vertientes del pensamiento social occidental, en sus estudios encontramos un conjunto de nociones e ideas clave a través de las cuales caracterizaron a lo urbano y lo rural de modo dicotómico. Dicho par fue construido sobre la base de asociaciones conceptuales antagónicas que abarcaron diversas cuestiones: espacios (campo/ciudad), momentos históricos (precapitalista/capitalista), actores sociales (campesinado/proletariado), actividades económicas (agricultura/industria y comercio), tipos de organización social (comunidad/sociedad) y formaciones culturales (tradicional/moderno) (Durkheim, 1994; Marx y Engels, 1974; Tönnies, 1947; Weber, 2002). De modo que lo rural y lo urbano nacieron como una antítesis en la que ambos se definieron mutuamente por oposición.

Si bien aquello que unía ambos polos era un orden evolutivo que iba del campo a la ciudad, de la comunidad a la sociedad, se presentaron valoraciones diferenciadas acerca del proceso de transformaciones que ello implicaba. Así, en las perspectivas románticas y conservadoras, lo rural aparecía como reservorio de autenticidad e integración, mientras lo urbano emergía como espacio de alienación y anonimato. De modo contrapuesto, en las miradas modernistas, lo urbano surgía como lugar de libertad y progreso, y lo rural se presentaba asociado a la idea de retraso y obstáculo al progreso. Sobre dicha dicotomía se generó una doble fascinación que configuró la división entre la Sociología y la Antropología. Así, mientras los primeros exponentes de la sociología urbana tomaron como objeto de estudio a las metrópolis y su vida moderna, los antropólogos se ocuparon de las comunidades pastoriles persiguiendo el imaginario de una vida armónica y cohesionada (Noel, 2017).

Perspectivas de análisis y debates actuales

Con la progresiva puesta en cuestión de la capacidad explicativa de la tradicional dicotomía rural-urbano, se han acuñado una serie de términos a través de los cuales se procura dar cuenta de una diversidad de configuraciones territoriales emergentes (Berardo, 2019). En tal sentido, desde los estudios rurales se han extendido miradas críticas a dicha dicotomía sobre la base de conceptualizaciones como las de continuo rural-urbano, multifuncionalidad rural y variadas nuevas ruralidades (Castro, 2018). Por su parte, los estudios urbanos se han abocado al abordaje del periurbano (Feito & Barsky, 2024), en particular, y la problematización de los procesos de urbanización en las periferias de las ciudades, en general, los cuales resultan comprendidos predominantemente a través de tres vectores conceptuales interrelacionados: territorial, funcional y transicional (Follmann, 2022).

Por otro lado, se encuentra una serie de estudios elaborados desde la perspectiva de la ecología política donde se problematizan las relaciones entre las comunidades rurales y las sociedades urbanas, en términos de los diferenciados vínculos que establecen con la naturaleza (Laschefski, 2024). Cada vez son más los trabajos que abordan los procesos de urbanización y sus impactos sobre los ecosistemas, sobre su hinterland territorial que incluye áreas rurales. En tal sentido, se destaca el análisis del metabolismo de grandes aglomeraciones urbanas y la medición de la huella ecológica asociada a su forma y estructura espacial (Mancilla y Scarpacci, 2022).

Las principales líneas de investigación en torno a los dos grupos de investigaciones referidos tienden a presentar, de modo predominante, dos características. En primer lugar, se centran en las zonas de contacto, en la interfase urbana-rural, y no tanto en los enlaces territoriales más amplios. Y, en segundo lugar, exhiben una mirada donde lo urbano es el polo dominante en la organización del territorio (Ávila Sánchez, 2005), ya sea como consecuencia de la expansión de la ciudad sobre las zonas rurales o mediante los flujos de materia y energía que establece con su hinterland. Por tanto, dichos estudios tienden a entender que bajo el desarrollo de las nuevas geografías urbanas hay simultáneamente una implosión y explosión de la antigua división entre el campo y la ciudad (Lefebvre, 1978), comandado por un proceso de urbanización a escala planetaria que constituye un fenómeno central en la explicación de las grandes transformaciones que están aconteciendo (Brenner, 2013).

Ahora bien, existe una serie de fenómenos que desbordan dichos marcos interpretativos acerca de las relaciones rurales-urbanas a través de territorios-redes (Blanco, 2017) que articulan lógicas zonales y reticulares (Haesbaert, 2014) y que, de manera más reciente, están siendo abordados desde los estudios territoriales en América Latina (Schmidt et al., 2019). Entre ellos, podemos destacar: las expulsiones de poblaciones a causa del avance de la frontera extractiva, engrosando los asentamientos precarios en las periferias urbanas (Castilla, 2024; Gerbaudo Suárez, 2021); el desarrollo de procesos de urbanización mediante una imbricación rural-urbana articulada a los circuitos de extracción de commodities derivados de los agronegocios, la explotación hidrocarburífera y la megaminería (Albanesi y Propersi, 2024; Arboleda, 2018; Duer, 2023; Heredia Chaz, 2023a; Picciani, 2016; Scarpacci y Siqueira, 2023); las inundaciones de áreas urbanas a causa de la depredación de los ecosistemas por desmontes y la construcción de mega urbanizaciones cerradas (Bergés y Valverde, 2022; Pintos, 2020); la multiplicación de desarrollos inmobiliarios a partir de la renta surgida del sector primario que es volcada a la inversión en ladrillos, subordinando la producción de la ciudad a una lógica especulativa (Perren, 2020; Socoloff, 2019). Como se puede observar, se trata de problemáticas que dan cuenta de territorialidades que desbordan la frontera urbano-rural y que, al mismo tiempo, no se entienden ni exclusiva ni principalmente en términos de la subordinación del campo a la ciudad. Refieren a procesos, lógicas y prácticas por medio de las cuales el extractivismo interviene en la producción social de los territorios, desestabilizando y complejizando las relaciones entre lo rural y lo urbano (Heredia Chaz, 2023b).

Reflexiones

Tanto ayer como hoy, y más allá de la novedad de ciertos procesos territoriales, el dualismo rural-urbano responde a una lógica binaria que marca a la ciencia moderna/colonial, constituyendo una forma eurocéntrica de conocimiento. Esta compartimentación de la realidad social se erige como un obstáculo epistemológico y político para restituir la geografía de la acumulación y de las resistencias. No obstante, antes que oponerse conflictivamente, el campo y la ciudad han sido producidos conjunta y simultáneamente bajo el desarrollo del modo de producción capitalista. Por tanto, resulta necesario abrir paso a la indagación de sus interrelaciones históricamente variables y de las dinámicas concretas a través de las cuales tiene lugar la producción social del territorio.

Ante ello, resulta vital hacernos de nociones teórico-conceptuales que posibiliten construir miradas relacionales y procesuales de los territorios rurales-urbanos en su multiescalaridad. Un punto de entrada para sortear perspectivas dicotómicas puede ser la relación territorio-redes en tanto perspectiva que sitúa en primer plano las interacciones, los flujos que articulan distintos espacios y actores. Aun así, las lógicas reticulares son indisociables de las lógicas zonales, por lo que sólo a través de su abordaje conjunto se vuelve posible explorar las complementariedades por medio de las cuales se organiza el espacio. En vez de partir de un a priori rural o urbano, resulta preciso entender los procesos territoriales a través de la transversalidad espacial que los atraviesa e integra en una continuidad totalizante y contradictoria.

Bibliografía

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  1. Recibido: mayo de 2025.
  2. Licenciada en Historia por la Universidad Nacional del Sur (UNS), Magíster en Estudios Urbanos por la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y Doctora en Historia por la UNS. Becaria posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS), dependiente del CONICET y la UNS. Asistente de Docencia en el Departamento de Economía de la UNS, Argentina. Contacto: eherediachaz@iiess-conicet.gob.ar.


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