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Agrobiodiversidad[1]

(Escala mundial, 1996-2025)

Santiago J. Sarandón[2]

Definición

La agrobiodiversidad es la biodiversidad presente en los agroecosistemas, que provee los recursos genéticos y los procesos ecológicos esenciales para un manejo sustentable de aquellos. Esté estrechamente relacionada con la memoria biocultural y los conocimientos locales, que permiten adecuar ciertas estrategias o técnicas en prácticas locales. A su vez, constituye un elemento central de la agroecología para disminuir el uso de insumos provocado por los monocultivos.

Origen

El reconocimiento de la importancia de la biodiversidad para la vida –de seres humanos y no humanos– y para la agricultura, junto a la toma de conciencia de su rápida declinación, motivó la firma del Convenio sobre Biodiversidad en 1996. Allí la Conferencia de las Partes abordó específicamente el tema de la agrobiodiversidad o diversidad biológica agrícola (UNEP/CDB/COP/3, 1997; Sarandón, 2009). Si bien el concepto ya formaba parte del campo disciplinar de las ciencias naturales, por entonces asumió centralidad para las ciencias agrarias. El documento rubricado señala su valor para la agricultura y la estrecha interdependencia entre ésta y la diversidad biológica y cultural. Pondera, además, la contribución de las comunidades de agricultores tradicionales a la conservación y al mejoramiento de la diversidad biológica, al igual que su potencial para el desarrollo de sistemas productivos ambientalmente adecuados. Finalmente, advierte que el uso excesivo e inapropiado de agroquímicos ha dañado los ecosistemas terrestres, perjudicando, por lo tanto, la diversidad de especies. En este sentido, admite que la agricultura industrial –a gran escala y caracterizada por el monocultivo y el uso intensivo de plaguicidas– representa una amenaza a la biodiversidad (Sarandón, 2020).

Los componentes de la agrobiodiversidad

La Conferencia de las Partes definió cuatro componentes de la agrobiodiversidad: a) los recursos genéticos, b) los servicios ecológicos, c) los factores abióticos y d) las dimensiones socioeconómicas y culturales (UNEP/CDB/COP/5, 2000). El primer componente, conformado por los recursos genéticos, ha sido siempre motivo de preocupación para las ciencias agrarias, que han volcado grandes esfuerzos y recursos para registrar y conservar, en bancos de germoplasma, esta parte de la biodiversidad, la más tangible y apropiable.

Otros componentes de la agrobiodiversidad, sin embargo, estaban invisibilizados. Son aquellos que proporcionan servicios o procesos ecológicos (Iermanó et al., 2020). Los mismos incluyen a todos los componentes bióticos de los agroecosistemas, muchos de ellos de crecimiento espontáneo, que mediante sus interacciones promueven servicios ecológicos esenciales para el funcionamiento de los agroecosistemas (Paleologos et al., 2017). Entre ellos:

  • el desarrollo del ciclo biogeoquímico de nutrientes, la descomposición de la materia orgánica y el mantenimiento de la fertilidad de los suelos,
  • la regulación de plagas y enfermedades,
  • la polinización,
  • el mantenimiento y la mejora de la fauna y la flora silvestres y los hábitats locales,
  • el sostenimiento del ciclo hidrológico,
  • la edafogénesis y el control de la erosión y
  • la regulación del clima y absorción del carbono.

Como contracara, la agricultura moderna –caracterizada por su baja biodiversidad– debilitó estos servicios que, por lo tanto, debieron ser sustituidos por insumos externos. Frente a este escenario, el aumento de la biodiversidad funcional podría fortalecer dichos servicios, lo que disminuiría o incluso eliminaría el uso de insumos. Por ejemplo, un ciclado más eficiente de los nutrientes reduciría la necesidad de fertilizantes sintéticos, caros, energéticamente costosos y generadores de externalidades. Una de las estrategias para ello sería mejorar la capacidad biótica de fijar nitrógeno, incorporando leguminosas y rizobios asociados. A su vez, el fortalecimiento de los mecanismos de regulación biótica encogería el uso de plaguicidas (Iermanó et al., 2015), en tanto que el mejoramiento de la polinización redundaría favorablemente en la producción, el cuajado y la calidad de frutos o semillas. Simultáneamente, podría aumentarse la variabilidad genética de muchas especies, lo cual enriquecería otros servicios que operan a escala regional, como ser el hábitat para otras especies, el mantenimiento del paisaje, la regulación del clima y la absorción del carbono.

Dentro de la diversidad de ambientes, los factores abióticos (luz solar, aire, temperatura) constituyen componentes insuficientemente preciados de la agrobiodiversidad, ya que generan condiciones y recursos adecuados para la existencia de las especies.

Finalmente, la Conferencia de las Partes destaca la significación de los conocimientos tradicionales y locales sobre la diversidad biológica agrícola, los factores culturales y procesos de participación y el turismo relacionado con los paisajes agrícolas. Los mismos representan valiosos recursos, no solo de las comunidades locales, sino de toda la humanidad, en cuanto permiten preservar también la diversidad cultural (Toledo et al, 2019). Como fruto de la coevolución entre los seres humanos y el ambiente, encierran una diversidad cultural de enorme importancia para la conservación in situ de la biodiversidad.

El valor y el precio de la biodiversidad

Una de las razones por las cuales la agrobiodiversidad se halla en peligro es porque posee valores difusos, que contrastan con el precio tangible y monetariamente atractivo de algunos de sus elementos (Flores y Sarandón, 2014; Barkin et al., 2012). Una consecuencia de ello son los desmontes en varias regiones de la Argentina para implantar soja. En esta elección, los valores abstractos del monte –asociados a los servicios ecosistémicos del monte y los saberes contenidos– no resultan competitivos económicamente con el precio de la soja.

Percibir la riqueza de la biodiversidad y no sucumbir ante las ideologías hegemónicas requiere conocimiento. Ilustrativamente, para quienes no conocen, toda vegetación espontánea es una maleza dañina o sin importancia o los microorganismos del suelo son patógenos que hay que eliminar. Para otros, son elementos fundamentales para promover funciones ecológicas que pueden, entre otras cosas, disminuir la necesidad de insumos.

Relación con los agroecosistemas sustentables

El campo de la agroecología reconoce y valora la agrobiodiversidad como la base ecológica de otro modelo de agricultura, más sustentable. Sin embargo, su manejo no es sencillo. Aunque existe un conocimiento científico y teórico, su aplicación siempre es local, situada y empírica. No hay recetas universales, sólo principios generales que deben ser resignificados de acuerdo con las características ambientales y socioculturales locales. Por lo tanto, se requiere compatibilizar, en un diálogo de saberes (Ghiso, 2000; Merçon et al., 2014), los conocimientos locales de los y las agricultores/as con el aporte científico. Ilustrativamente, son ellos/ellas quienes saben, por observación directa, qué es lo que ocurre en su predio y alrededores, cuándo florecen las especies, qué insectos las visitan, qué parte de la finca posee suelos “fríos” o “calientes”, cuándo y dónde anidan las aves, qué plaga aparece primero y en qué árbol se encuentran los enemigos naturales (parásitos, predadores, etc.).

Reflexiones

Uno de los grandes desafíos de la humanidad para las próximas décadas es el logro de sistemas agroalimentarios sustentables que produzcan variedad y cantidad de alimentos de calidad, con el menor uso posible de insumos y una tecnología fácilmente apropiable por los agricultores/as. Esto no es posible dentro del mismo modelo que originó los problemas actuales. Se requiere un cambio profundo, otro paradigma que relativice el rendimiento y la rentabilidad, trascienda el cortoplacismo, abandone el monocultivo y cambie la percepción de lo silvestre como una amenaza que debe ser exterminada. Este desafío es el que asume la agroecología, que ha surgido en los últimos años como la propuesta más sólida para el diseño y manejo de sistemas agroalimentarios sustentables.

No se trata sólo de minimizar el uso de productos o sustituirlos por otros menos tóxicos. Se necesita un replanteo de los sistemas agroalimentarios, donde la agrobiodiversidad adquiera su rol protagónico en la conservación in situ de recursos genéticos y la posibilidad de fortalecer o proveer procesos ecológicos esenciales. Por un lado, esto requiere entender su importancia, desarrollar instrumentos para su evaluación y comprender su relación con aspectos socioculturales de los productores y productoras. Por otro lado, implica asumir que, aunque los principios agroecológicos son generales, siempre su manejo o concreción opera a nivel local. En este marco, la agrobiodiversidad –a través de las múltiples funciones que cumple– articula y mantiene viables los sistemas socioecológicos que son, en definitiva, los que hacen posible nuestra propia vida.

Bibliografía

Barkin, D., Fuente, M. E. y Zamora, D. T. (2012). La significación de una economía ecológica radical. Revista Iberoamericana de Economía Ecológica, 19(1), 1-14.

Flores, C. C. y Sarandón, S. J. (2014). Manejo de la biodiversidad en agroecosistemas. En Sarandón, S. J. y Flores, C. C. (Eds.), Agroecología: Bases teóricas para el diseño y manejo de agroecosistemas sustentables (pp. 342-373). Editorial Universidad Nacional de La Plata.

Ghiso, A. (2000). Potenciando la diversidad: diálogo de saberes, una práctica hermenéutica colectiva. Medellín: Biblioteca digital.

Iermanó, M. J., Paleologos, M. F. y Sarandón, S. J. (2020). Biodiversidad funcional: comprensión y evaluación para el manejo agroecológico. En Sarandón, S. J. (Coord.), Biodiversidad, Agroecología y Agricultura Sustentable (pp. 286-293). Editorial Universidad Nacional de La Plata.

Iermanó, M. J., Sarandón, S. J., Tamagno, L. N. y Maggio, A. D. (2015). Evaluación de la agrobiodiversidad funcional como indicador del “potencial de regulación biótica” en agroecosistemas del sudeste bonaerense. Revista de la Facultad de Agronomía, 114(3), 1-14.

Merçon, J., Camou-Guerrero, A., Núñez Madrazo, C. y Ángel Escalona Aguilar, M. (2014). ¿Diálogo de saberes? La investigación acción participativa va más allá de lo que sabemos. Decisio, 38, 29-33.

Paleologos, M. F., Iermanó, M. J., Blandi, M. L. y Sarandón, S. J. (2017). Las relaciones ecológicas: un aspecto central en el rediseño de agroecosistemas sustentables, a partir de la agroecología. Revista Redes (UNISC). Brasil. Dossier Agroecología, 22(2), 92-115.

Sarandón, S. J. y Flores C. C. (2014). La insustentabilidad del modelo agrícola actual. En Sarandón, S. J. y Flores, C. C. (Eds.), Agroecología: Bases teóricas para el diseño y manejo de agroecosistemas sustentables (pp. 13-41). Editorial Universidad Nacional de La Plata.

Sarandón, S.J. (2009). Biodiversidad, agrobiodiversidad y agricultura sustentable: Análisis del Convenio sobre Diversidad Biológica. En Altieri, M. (Ed.), Vertientes del pensamiento agroecológico: fundamentos y aplicaciones (pp. 95-116). Medellín: Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA).

Sarandón, S. J. (Ed.) (2020). Biodiversidad, agroecología y agricultura sustentable. Editorial Universidad Nacional de La Plata.

Toledo, V. M., Barrera-Bassols, N. y Boege, E. (Eds.) (2019). ¿Qué es la diversidad biocultural? Morelia: Universidad Nacional Autónoma de México.

UNEP/CDB/COP/3 (1997). The Biodiversity Agenda. Decisions from the third Meeting of the Conference of the Parties to the Convention on Biological Diversity. Buenos Aires.

UNEP/CDB/COP/5 (2000). The Biodiversity Agenda. Decisiones adoptadas por la conferencia de las partes en el convenio sobre la diversidad biológica en su quinta reunión. Apéndice. Nairobi.


  1. Recibido: mayo de 2025.
  2. Ingeniero Agrónomo por la Universidad Nacional de la Plata (UNLP). Profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP. Investigador principal de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC-BA). Director del Laboratorio de Investigación y Reflexión en Agroecología de la UNLP (LIRA-UNLP). Presidente de la Sociedad Argentina de Agroecología (SAAE). Contacto: sjsarandon@gmail.com.


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